Un estudio que trata la información proporcionada por las Sagradas Escrituras acerca del momento en que termina el tiempo y empieza la eternidad.

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LA ETERNIDAD, un tema que despierta mucho interés para los lectores de la Palabra de Dios, después de todo, ¿a quién no le apasiona conocer algunos pormenores acerca de tan maravilloso tema para volar en las alas del espíritu hacia ese estado?

En el orden de eventos narrados en las Escrituras, nuestra entrada a la eternidad es lo último en la historia de la Creación, a partir de ahí no hay nada más que hablar, después de todo, con la entrada de la eternidad termina todo la historia, termina el pasado, el presente y el futuro.

Ningún escritor, profeta o Apóstol, recibió detalle alguno en relación con la vida eterna para declararlo al pueblo santo. Hablan de eso como el premio máximo en recompensa a la fdelidad a Dios, mas descripción de algún pormenor es omitido. Esto vuelve nuestro tema aún más interesante ya que cuanto se menciona en este estudio es compilación sólo de breves aspectos de la eternidad; sobre todo, de las escenas que la preceden.

La importancia de la fe (2 Corintios 4:18)

«no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven, pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas».

Todo cuanto nuestros ojos están capacitados para mirar es material, sea orgánico o inorgánico que debido al transcurrir del tiempo está sujeto a envejecimiento y finalmente a destrucción final cuando venga la eternidad.

Todo cuanto miramos a nuestro alrededor lo podemos tocar y sentir porque está con nosotros, no lo esperamos; otras personas no sólo idean otras sino que también son capaces de traerlas al mundo físico; a quienes las producen llamamos inventores o descubridores. De esa manera alguien pensó en que el hombre podía volar usando máquinas, y emprendió la labor de realizar su propósito; otros se unieron a la idea hasta que vino el momento en que el hombre pudo volar. Así surgieron los aviones; más tarde a otro se le ocurrió que la velocidad del vuelo de esos aparatos podía ser aumentada; eventualmente otros se unieron a idea y de esa manera los aviones hoy vuelan a enorme velocidad.

La lista de estas cosas semejantes se alargaría fácilmente pero ese no es el propósito de este subtítulo sino el de proporcionar algunos ejemplos de cómo hay cosas materiales que nos rodean porque fueron creadas y otras que son inventadas, todas las vemos y tocamos o esperamos a que alguien las desarrolle para nuestro provecho. Pero en el evangelio las cosas van más allá del mundo físico, adquiriendo un significado más profundo que no se basa sobre elementos materiales o que se puedan ver y hacer; éstos requieren de algo para lo cual los ojos materiales y el pensamiento son insufcientes; a eso la Escritura llama fe, por medio de la cual nos sostenemos aguardando pacientemente aquello que no está entre nosotros y tampoco puede ser creado o fabricado por la mente humana.

Cuando Pablo habla de las cosas que no se ven no se refere a elementos como el aire, el frío, el calor, la electricidad, y otros; sino que se refere a que esperamos el cumplimiento de las promesas hechas por Dios a su pueblo, entre las cuales están la Segunda Venida, la resurrección de los santos muertos y la transformación de los santos vivos, gozar con Cristo en su reino, y por último entrar en la eternidad; todo eso no se mira con ojos materiales sino a través de la fe. La gloria de la esperanza alimentada por la fe será recompensada cuando obtengamos aquello que existe pero no vemos pero que por su naturaleza es eterna, o sea no envejece ni está sujeta a accidentes de ninguna clase.

Por la fe no sólo restamos importancia a las cosas materiales que nos rodean sino que incluimos cuanto es motivo de atención por el efecto desagradable que nos causan, como las enfermedades dolorosas, el dolor de ver morir a nuestros seres amados, el dolor que nos causan las pruebas, etc. Nada es esto que hiere nuestros sentimientos es eterno sino pasajero, y por su naturaleza hemos aprendido, o necesitamos aprender, a sostenernos imbatibles cuado nos golpean, y aunque nos abatan muchas veces no consiguen vencer nuestra férrea determinación de continuar mirando las cosas por venir, de esa manera continuamos caminando; entonces nuestra fe realizada saludará con apoteósica alegría el resultado de aquello que no vemos pero sabemos que existe y vendrá.

Lo inexistente nos existirá (1 Corintios 2:9)

«Antes bien, como está escrito: "Cosas que ojo no vio ni oído oyó ni han subido al corazón del hombre, son las que Dios ha preparado para los que lo aman".»

Sin límite son las cosas que vemos, sentimos y palpamos; tantas son que nos resulta innecesario hacer una lista de todas. Otra cantidad la constituye aquello que no vemos con los ojos materiales pero la fe nos las presenta muy claramente y hasta podríamos hacer una lista, pero hay algo tan intrincado e imposible de mencionar como lo es aquello que no existe para nosotros; de eso no hablamos, no pensamos, no deseamos, ni esperamos; esto es la parte más maravillosa, y grandiosa recompensa, que nos espera.

Pablo recibió por revelación del Señor Jesús todo el mensaje que predicó, y tuvo el honroso privilegio se saber que hay cosas que ni siquiera vienen al pensamiento; tales cosas no vienen al pensamiento porque no nos existen. Ya antes hemos comentado brevemente cómo los inventores y descubridores alcanzan inspiración que los mueve a realizar aquello que miran con el entendimiento; pero las cosas a las cuales Pablo se refere no existen para los humanos; claro que eso que no nos existe se debe a los límites de nuestro espíritu que, cual impenetrable e imbatible muro, nos circunda, y de allí nadie pasa sencillamente porque no existe nada; enfatizo que esa inexistencia es únicamente para nosotros.

En 1 Corintios 2:9 el Apóstol se refere a los misterios del evangelio, y debe saberse que el evangelio contiene misterios, pero esos no sólo se referen a la encarnación del Hijo de Dios, sino a otros cuya naturaleza no nos está permitido conocer. Son cosas selladas como aquellas que no le fueron reveladas al profeta Daniel (Dan. 12:9); pues a ese aspecto de los misterios del evangelio me refero aquí. Hay, como estoy diciendo, misterios que Dios reveló a sus siervos, y de esas revelaciones hemos alcanzado nosotros; de no haber sido así, no tendríamos acceso a muchas maravillas que a los sabios de este mundo parecen cosas sin sentido; pero hay otros que él no mencionó, y por lo tanto ni vienen a nuestra mente, ni sentimos necesidad o curiosidad por conocer.

Para nosotros ciertamente la Nueva Jerusalén viene; se nos dicen sus medidas, se nos describen sus puertas, sus calles, sus muros. Se nos dice que el Hijo a ido al lado del Padre a prepararnos una morada. Se nos dice que allí estará el Hijo sirviendo al Padre, y el Padre mismo estará con su pueblo. Sin embargo, aunque nuestra mente está capacitada para describir bellamente todo cuanto leemos, hay otros aspectos que no vienen al pensamiento porque no nos existen. Pero entiéndase que no existen para nosotros pero existen para Dios, e indudablemente el Hijo los conoce. A él sus discípulos le hicieron muchas preguntas a las cuales respondió con verdadera y satisfactoria veracidad, pero me atrevo a decir que hubo muchísimas cosas que no preguntaron sencillamente porque tales cosas no existen para nadie, excepto en la mente del Padre y el Hijo, por lo cual no anhelamos, ni tenemos fe en que las veremos.

Nosotros estamos expuestos a varios fenómenos, uno de ellos es saber que las promesas se cumplirán, otras es ver con los ojos de la fe, pero aunque tenemos noticias de esos fenómenos no los podemos describir con entera claridad; Pablo menciona algo de esto al decir: «Ahora vemos por espejo, oscuramente; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido». 1Co 13:12.

Los espejos eran hechos de bronce u otro metal finalmente pulido hasta conseguir que la persona pudiera verse poco más o menos; sin embargo, aunque refinar la superfcie haya sido un verdadero arte, tales superficies nunca se podrían comparar con los espejos de hoy en día; lo que se miraba era enteramente borroso y difcultoso de percibir en detalles.

Esos espejos sirven a Pablo para comparar cuanto se relaciona a los maravillosos eventos por venir, ya que los leemos en la Palabra pero la lectura difícilmente podrá compararse con el sentido de la vista incluyendo todo cuanto vamos a percibir como sensaciones; de esta manera entendemos que cuando miramos, pensamos y tocamos se constituye en apenas una mirada sin detalles de cuantas cosas fascinantes nos aguardan. En alguna medida es esta situación a la cual él se refere al decir «En parte conocemos y en parte profetizamos». 1 Corintios 13:9.

Esto quiere decir que aquello que por la Sagrada Escritura conocemos y alcanzamos a describir apenas alcanza a ser comparado con una imagen borrosa. Cuanto entendemos acerca del reino milenial, del gozo que allí vamos a sentir, de la construcción del templo, de la gente que acudirá allí para adorar, etc., son apenas imágenes creadas según nuestra poca capacidad mental, pero cuando todo lo que mencionamos esté presente entonces lo conoceremos en toda la extensión de su grandeza y nos deleitaremos mirando lo que en verdad son. Pablo dice que entonces «conoceré como soy conocido», lo cual en otras palabras signifca «entonces conoceré las cosas como realmente son, y también gozaré con mi nueva naturaleza incorruptible de la cual predico».

Como si eso fuera poco, en la eternidad, siendo un enorme tesoro de cosas que nadie imagina, no tenemos acceso a ello sino hasta que estén con nosotros. Siendo que lo que no existe no es motivo de curiosidad hemos de entender que cuanto no existe es mucho más de lo que existe.

Pablo es el único Apóstol en mencionar las cosas que por su naturaleza ni siquiera nos son intrigantes; ninguno de sus compañeros, o los Profetas mencionan la existencia de lo que no nos existe; el único es él porque el Señor le mencionó la existencia de cuanto para los terrenos es inexistente, si no, no lo habría mencionado.

Eventos colocados en orden

Es normal que para la mayoría de lectores de la Palabra el orden de los eventos futuros sean confusos y difíciles de entender; lo cierto es que conocer lo relacionado a eso requiere de asidua lectura, de constancia en el propósito, lo cual toma muchos años; por demás está decir que no todas las personas simpatizan con la idea de pasarse la vida leyendo lo mismo; el «eso ya lo sé de memoria», «ya lo leí muchas veces», «leer las mismas cosas no tiene sentido», y similares conclusiones, son la causa del desconocimiento del contenido de la Palabra, con todo, si se desea conocer, aunque sea de modo parcial, el orden en que las cosas habrán de acontecer, entonces el camino largo es el único a seguir, no hay pasadizos que acorten la faena.

No siendo el propósito de este estudio describir cada evento sino el orden en que estos han de desarrollarse, el lector tiene ante sus ojos lo que le ayudará a entender mejor el desarrollo del gran drama cuya culminación será la eternidad, la cual, es el tema principal que aquí nos ocupa.

1 la segunda venida de Cristo

Seguramente la gran expectativa de los creyentes en Cristo está centrada en el momento cuando él haya de descender a la tierra para iniciar su reinado de mil años que los escritores inspirados varias veces mencionan y que es ansiado por quienes lo esperamos. Aquí sucederán parte de los acontecimientos que «vemos como a través de un espejo», es decir, a partir del momento de su aparecimiento en las nubes del cielo empezaremos a ver aquello que hoy sólo leemos.

Pensemos por unos instantes en el toque de la final trompeta, o del shofar, que por el contexto bíblico parece ser el instrumento que habrá de ser tocado: ¿Qué tan potente va a ser; qué tan agudo o grave; cuánto durará ese sonido; qué espantoso va a ser para los moradores de la tierra cuando lo escuchen? Y como si todo eso fuera poco, en la gran resurrección y transformación de los santos, ¿qué tan indescriptible horror van a experimentar los impíos y pecadores cuando esa gran transformación de los santos se efectúe? en ese momento se llevará a cabo lo dicho en Mateo 24:40-41 «Entonces estarán dos en el campo: uno será tomado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino: una será tomada y la otra será dejada». piénsese por unos instantes en el horror que la gente insensible al evangelio va a sentir cuando esto se cumpla. Por supuesto que el lector de ninguna manera debe imaginar que todo cuanto se está diciendo haya de ocurrir en largo tiempo, sino el sufciente para hacer que los moradores de la tierra se lamenten amargamente viendo cómo la gran oportunidad de escapar de los terribles momentos que les esperan.

Todos esos millones de humanos que debido a su indiferencia perdieron la oportunidad de la salvación pasarán vivos al período de mil años del reino de Cristo, pero por supuesto que no estoy diciendo que pasarán a gozar en el reino de Cristo, sino para serles aplicado lo que para ellos está reservado, es decir un duro trato, un trato sin compasión, con verdadero desdén, un trato amargo que se merecen, tal como dice Apocalipsis 2:27 y 19:15 «las regirá con vara de hierro y serán quebradas como un vaso de alfarero; como yo también la he recibido de mi Padre.». «De su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro. Él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso».

Aunque hablar, o mencionar, el reino de Cristo inmediatamente hace a la mente imaginar bellos momentos y bellos paisajes, lo cual es una esperanza real o verdadera, con todo, seguramente la imaginación se queda corta al no alcanzar a mirar toda la verdadera realidad de aquel grandioso período, para los santos enteramente maravilloso, pero para los impíos de verdadero dolor. Debe tenerse en mente que durante ese tiempo de mil años esos gentiles enemigos de Cristo serán regidos con vara de hierro hasta que les llegue el momento de morir; pero no para morir eternamente, sino para ser levantados en el día del Juicio Final; entretanto sean regidos con vara de hierro por el Señor, tendrán que subir a Jerusalén cada año a celebrar las festas de Moisés como está escrito en Zacarías 14:16 «Todos los que sobrevivan de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán de año en año para adorar al Rey, a Jehová de los ejércitos, y para celebrar la festa de los Tabernáculos». Esta adoración al Señor Dios no será para agradarlo sino como castigo, una adoración sin frutos agradables. Mas en relación a los gentiles que hayan de nacer durante ese período, Dios les dará oportunidad como la que hoy en día todo el mundo tiene de escuchar el evangelio, oara lo cual habrá un gran equipo de predicadores, Isaías 66:19 dice: «Y pondré entre ellos señal, y enviaré de los escapados de ellos á las gentes, á Tarsis, á Pul y Lud, que disparan arco, á Tubal y á Javán, á las islas apartadas que no oyeron de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre las gentes».

Pero una cosa se debe aclarar: el reino de Cristo durará mil años cuyo período será para volver la oportunidad de la salvación a los israelitas, una salvación que les fue vedada por Dios para darle oportunidad a los gentiles para quienes está disponible hoy en día y durará hasta antes de ser derramadas las siete plagas postreras. Pasada esa oportunidad de mil años, todos los santos continuarán gozando con Cristo entretanto él continúa su labor de limpieza de toda la Tierra.

2 Después de mil años.

El período de mil años de paz terminará, y entonces vendrán otros acontecimientos en los cuales la tierra volverá a ser agitada por el diablo como está escrito: «Lo arrojó al abismo, lo encerró y puso un sello sobre él, para que no engañara más a las naciones hasta que fueran cumplidos mil años. Después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo». Apocalipsis 20:3

Es imposible precisar ese poco de tiempo, y aunque poco signifca que será inferior en extensión al período de mil años, seguramente será sufciente para que el diablo desatado y continúe en su labor de engañar al mundo para que se cumplan todos los eventos mencionados el Apocalipsis, entre ellos, el aparecimiento de los dos testigos, el reaparecimiento del imperio romano, el surgimiento de los diez cuernos, el reaparecimiento de la ramera, identifcada como el cuerno pequeño que habla blasfemias, la humillación de la cual será objeto, el intento fallido de repetir la guerra de Armagedón, etc. Después de todo esto vendrá el día del Juicio final del cual vamos a continuación a hablar algunas palabras.

3 El Juicio Final

El juicio final será, por decirlo así, lo último en la historia de la humanidad, en cuyo tiempo terminará todo lo concerniente a la Creación física. Será entonces cuando se cumplirán las palabras de nuestro Señor: «Entonces el Rey dirá a los de su derecha: "Venid, benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo... "Entonces dirá también a los de la izquierda: "Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles». Mateo 25:34, 41. Como anticipadamente conocemos, en aquel momento habrá dos grupos de personas que estarán colocados uno a la derecha (los benditos); y otro a la izquierda (los malditos). Los primeros están escritos en el Libro de la Vida, los otros, por no encontrarse sus nombres escritos en ese libro irán al castigo eterno, de los cuales Apocalipsis 20:12, 13 dice: «Y vi los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios. Los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida. Y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego».

Otros versículos se referen a ese mismo tiempo, y sus lectores no encuentran difcultad en entender que se referen al juicio final. Tal como he dicho en otros escritos, esas personas santas que comparecerán en el juicio final no serán aquellas que serán levantadas en la segunda venida pues esa resurrección les dará la seguridad de gozar eternamente de Cristo. Las personas que serán puestas a la derecha del Señor en el juicio serán los santos que acepten la salvación en el reino de Cristo, ellos recibirán la bienvenida a la vida eterna. El grupo de la izquierda del Señor es mucho más numeroso, y se formará de todos los pecadores, desde Adam hasta el último que esté vivo cuando el juicio haya de comenzar.

Otra vez digo: Entre los santos que recibirán la bienvenida no se cuentan los santos que fueron transformados en la segunda venida de Cristo puesto que ellos ya habrán estado gozando de cuerpos eternos desde su maravillosa transformación. Corrobórese esto leyendo 1 Tesalonicenses 4:15-17: «Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. El Señor mismo, con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, descenderá del cielo. Entonces, los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.».

Este texto dice que cuando sea tocada la trompeta, y Cristo Jesús aparezca en las nubes del cielo viniendo para dar inicio a su reinado, los santos muertos volverán a la vida y junto con los santos vivos serán transformados, ambos grupos, formando uno solo, serán llevados a las nubes a recibir al Señor para reinar con él. Aquellos tengan la dicha de ir a recibirlo para entrar al gozo, quedarán listos para entrar en el gozo eterno. Pero la situación podría conducir a confusión al leer Romanos 14:10 «Tú, pues ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano?, porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo». Esta lectura aparentemente vuelve la situación confusa, pues ¿para qué habremos de comparecer ante el Juicio Final si ya habremos estado gozando con Cristo por mil años?

Vale la pena examinar estas palabras para ver de qué trata el texto; pero antes de eso llamo la atención a que mientras la Reina Valera menciona «tribunal de Cristo», el texto griego dice «tribunal de Dios».

Según el contexto ofrecido en todo el capítulo 14, la iglesia en Roma estaba teniendo una disputa entre los fuertes y los débiles de fe. En tal disputa los de fe débil creían que quienes comían carne y bebían vino cometían pecado pues para ellos la santidad requería de comer sólo vegetales. Ante eso, Pablo les dice que nadie bebía juzgar a otros basándose en creencias personales

Esto signifca que el trasfondo de todo el capítulo 14 no trata de asuntos relacionados al juicio final sino a aspectos de la vida diaria; como tal, él lo enfatiza en el versículo 22; signifcando que si ambos bandos fueran sometidos a juicio por Dios ninguno sería absuelto pues ambos serían juzgados por sus propias creencias y no por las ajenas. Aquella pugna sobre cosas fútiles únicamente tenía el propósito de hacer que un bando se doblegara ante el otro, por lo cual Pablo les recuerda las palabras de Isaías 45:23 diciéndoles «pues escrito está: "Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios”». Evitar doblegar la voluntad de otros no debía ser la meta de ninguno de los dos bandos.

En conclusión, Romanos 14:10 no se refere a que los redimidos por Cristo vayamos a comparecer en el Juicio Final. Para ese entonces ya habremos estado con él gozando los mil años de su reino de paz.

5 Todo será consumido

Es maravilloso mirar cómo los grandes enemigos del pueblo de Dios serán destruidos uno a uno para siempre jamás:

«La bestia fue apresada, y con ella el falso profeta que había hecho delante de ella las señales con las cuales había engañado a los que recibieron la marca de la bestia y habían adorado su imagen. Estos dos fueron lanzados vivos dentro de un lago de fuego que arde con azufre». Apocalipsis 19:20

«Y el diablo, que los engañaba, fue lanzado en el lago de fuego y azufre donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos». Apocalipsis 20:10.

«La muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda». Apocalipsis 20:14.

«El que no se halló inscrito en el libro de la vida, fue lanzado al lago de fuego». Apocalipsis 20:15.

El orden mencionado en estos pasajes es el siguiente:

1.- La bestia y el falso profeta, 2 el diablo, 3 la muerte y el sepulcro, 4 los malvados que no fueron escritos en el libro de la vida.

La lista empieza con la bestia y el falso profeta quienes son uno aunque siempre se han manifestado de manera doble; tanto desde su surgimiento en los albores del evangelio hasta su destrucción antes de comenzar el reino de Cristo; luego desde su resurgimiento después del reino de Cristo hasta su destrucción final ambos han sido el canal de comunicación del diablo sobre las masas humanas. Después de la destrucción de estos dos canales de comunicación entre el diablo y las masas le tocará el turno al mismo diablo, que es la serpiente creada por Dios en el Edén. Éste será destruido en el lago de fuego. La pregunta podría ser, ¿podrá ser posible que el diablo, siendo espíritu, pueda ser quemado? La respuesta es sencilla ¿Por qué no? Para el gran Juez encargado de mandarlo a su destino final no hay nada imposible. Después de destruido el diablo se altera el orden de los quemados, pues Apoc. 20:14 menciona a la muerte y al sepulcro; sin embargo, la muerte no será destruida antes de los malvados sino primero los malvados y después la muerte tal como Pablo dice en 1Corintios 15:26. «Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte». Cuando que el Juicio haya concluido, Pablo dice que el último enemigo de la humanidad, que es la muerte, será lanzada al lago de fuego para que no exista jamás. Si la muerte fuera destruida antes que los malvados, éstos nunca morirían. Lo último de lo último en ser destruido por el Altísimo será el lago de fuego, después de todo, no existiendo más qué quemar, su propósito quedará concluido y no será más necesario.

Limpieza acabada (Hechos 3:21)

«A este, ciertamente, es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo».

En su predicación a los judíos, Pedro les informa que después su resurrección y ascenso a los cielos, el Señor está al lado de su Padre esperando la orden de volver a la tierra; a ese momento de volver se refere Daniel 7:13-14

«Miraba yo en la visión de la noche, y vi que con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre; vino hasta el Anciano de días, y lo hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas lo sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará; y su reino es uno que nunca será destruido».

En la visión de Daniel ese como hijo de hombre, es el Señor Jesús en el momento en que recibe del Padre la orden de volver a la tierra por segunda vez. Cuando venga, aparte de establecer su reino, iniciará un período de tiempo bastante largo dentro del cual se encierran muchas faenas a realizar, una de ellas, en este caso, será la restauración de todas las cosas, como menciona Pedro.

Esta restauración por él mencionada en Hechos 3:21se refere a restituir o volver la Tierra a su estado de pureza original la cual por el pecado en Edén fue hecha inmunda; posee el mismo significado de regeneración mencionado en Mateo 19:28 «Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido, también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel».

Para más detalles del trabajo a realizar por el Señor Jesús se debe conocer que su trabajo durante el milenio no será sólo reinar, sino limpiar. Nosotros gozaremos de su reino, pero él cumplirá otras faenas aparte de reinar; debido a esto, aunque su reino de paz será de mil años, su labor de limpieza no terminará ahí sino que continuará después de esos mil años hasta que el lago de fuego haya cumplido sus funciones y haya desaparecido, de lo cual ya he comentado en el subtítulo anterior. Esta función limpiadora dará cumplimiento a las palabras del profeta Isaías 65:17, «Porque he aquí que yo crearé nuevos cielos y nueva tierra. De lo pasado no habrá memoria ni vendrá al pensamiento».

Isaías 65:17 que habla de crear nuevos cielos y nueva tierra no signifca desaparecer unos para aparecer otros, sino recrearlos o volverlos a su estado de pureza en que fueron creados, con lo cual concuerda con Hechos 3:21 y Mateo 19:28.

El tiempo no será más (Apocalipsis 10:6)

«y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más».

Con la destrucción del lago de fuego todo habrá concluido para nunca jamás volver a existir. La Tierra vendrá a quedar completamente limpia tal como fue creada.

A partir de aquí sólo faltará acondicionar la Tierra en concordancia con el estado de los santos, de la nueva Jerusalén, del Hijo y del Padre Santísimo. Digo acondicionada con superfcie enteramente limpia, sin edifcios de concreto ni calles de asfalto; sin atmósfera pues la respiración será innecesaria como lo es para los seres celestiales, el agua no existirá como declara Apocalipsis 21:10. Cultivar la tierra será innecesario pues sus productos sólo son útiles para seres materiales que requieren de alimentos. Entiendo que en la nueva tierra la gloria de Dios lo llenará todo; si van a existir animales y vegetación no lo sé, en caso de existir su naturaleza será cambiada a seres espirituales con otra vida diferente a la actual. Incluso viviendo en la eternidad el parpadeo de nuestros ojos será innecesario puesto que tal función sólo sirve para su protección. Todas las funciones desarrolladas por nuestro cuerpo material se irán para siempre, hambre, sed, ejercicio físico, matrimonio, procreación, trabajo, pago de renta, transportación, ciencia enfermedades, descubrimientos, y todo lo demás no existirán más.

A Juan, en Apocalipsis 10:6 le fue revelado que en aquel entonces el tiempo no será más, es decir, el Señor lo quitará pues será innecesario, y no lo será pues a partir de entonces la tierra será absorbida por la eternidad, es decir, la Creación fue realizada en la eternidad y allá volverá.

Ningún humano está capacitado para entender qué es el tiempo y cómo funciona y de qué maneras ejerce poder sobre la creación terrena. Los hombres de ciencia buscan saber qué es el tiempo y cómo funciona, pero, tal cosa no está al alcance del conocimiento humano. En verdad, el tiempo no es cosa de calendarios ni de relojes sino que es un elemento imposible de entender, aunque los hombres de ciencia han expuesto sus ideas acerca de cómo funciona, sus ideas no pasan de eso, ideas. En palabras sencillas adecuadas a este estudio, el tiempo es algo para lo cual Dios nos dio ideas cómo medirlo, pero claro, medirlo de ninguna manera signifca saber cómo se originó y cómo funciona y qué lo hace funcionar. Por ejemplo, hoy decimos que vivimos en el siglo XXI, en el año 2015 del calendario Gregoriano (establecido por el Papa Gregorio XIII en 1582), que corresponde el calendario Juliano (establecido por Julio Cesar en el 46 a.C.); pero para encajar ambos calendarios fue necesario hacer ajustes correspondientes dependiendo de los países en los cuales la adopción fue efectuándose. No se amplía más este comentario pues el estudio no trata acerca de calendarios sino del tiempo de cuándo el tiempo no existirá más.

Llamo la atención a algo que debe ser entendido: el término cielo, y cielos se origina del hebreo shamáyim, que signifca cielos, la legua hebrea no posee una palabra en singular, sino sólo plural. Aparte del hebreo, otras lenguas facilitan entender Génesis 1 donde se hace referencia a tres cielos: el cielo de Dios, el cielo donde están las estrellas y el cielo donde vuelan las aves. Viendo de ese modo la diferencia de cielos se facilita entender que esos cielos nuevos mencionados por el profeta Isaías y Apocalipsis no son referencia al tercer cielo, donde mora Dios, sino a los dos restantes. El atmosférico y el sideral serán limpiados de contaminación y serán como originalmente fueron creados entretanto no viene la realidad definitiva.

En la Creación, Dios consideró necesaria la existencia de ambos cielos, pero al venir la eternidad esa necesidad no será más, sencillamente la Tierra será absorbida por la eternidad, y entonces la existencia del segundo cielo será innecesaria. El espacio infinito, o universo, (que algunos imaginan podría medir quizás unos 10 000 millones de años luz) para los humanos no tiene límites, y por lo tanto sus bordes nunca serán alcanzados; un año luz, según la ciencia actual, tiene aproximadamente 9,460,716,019,200 de kilómetros, en números redondos se diría, 9.4 billones), pero se enfatiza que esos 10 000 millones de años luz son simple imaginación, lo cierto es que ante los imposibles, lo único que queda para los humanos es la imaginación. De todos modos, ese segundo cielo sin límites, será innecesario, y las estrellas, las cuales seguramente el Creador puso no simplemente para adornar las noches con su luz no existirán. Si la Escritura menciona tres cielos, entonces nos es fácil comprender que después de nuestro cielo atmosférico sigue el segundo, es decir donde están las estrellas, y después de ese sigue el tercero, que es donde habita Dios que es la eternidad

Cuando la Tierra sea absorbida por la eternidad de donde salió, entonces la gloria de Dios, y del Hijo lo abarcará todo.

Ni día ni noche (Apocalipsis 22:5)

«Allí no habrá más noche; y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos».

Sol y luna fueron creados porque la Tierra necesita de su luz, de su calor. Pero en la eternidad ni sol, ni luna ni estrellas serán necesarios. Sol y luna nos sirven para demarcar los días, los meses los años y las estaciones lo cual en la eternidad es simplemente innecesario, después de todo, cuando nos referimos a la eternidad hacemos referencia a la inexistencia del tiempo, allí no hay día ni noche. Lo más maravilloso de todo es que en la eternidad nada tiene fin, nada se avejenta pues es el tiempo el encargado de avejentar las cosas y los seres, pero en la eternidad el tiempo no existe. Los ángeles no conocen días ni noches, ni tampoco conocen sus efectos, no saben qué es dormir y despertar. Desconocen cómo el sueños nos renueva las energías. Etc. Pero por supuesto que allí no tendremos memoria de las cosas pasadas, por lo cual no tendremos memoria del sol, la luna ni las estrellas, de la noche ni del día. Nosotros, como nuestro Señor Jesús dice, seremos semejantes a los ángeles, Mateo 22:30.

La Nueva Jerusalén (Apocalipsis 21:1-6)

«Entonces vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían pasado y el mar ya no existía más. Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de parte de Dios, ataviada como una esposa hermoseada para su esposo. Y oí una gran voz del cielo, que decía: "El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron". El que estaba sentado en el trono dijo: "Yo hago nuevas todas las cosas". Me dijo: "Escribe, porque estas palabras son feles y verdaderas". Y me dijo: "Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tiene sed, le daré gratuitamente de la fuente del agua de vida.

Regresando un poco en esta narración para seguir la secuencia de eventos; después que el lago de fuego no sea más, y que la tierra haya sido acondicionada desapareciendo todo cuanto será innecesario, entonces se cumplirán las palabras de este texto: La inmaculada nueva Jerusalén descenderá del cielo para que por sus puertas entren a tomar posesión aquellos que tienen su lugar asegurado tal como prometió nuestro Señor Jesús en Juan 14:1-3, esta es la misma ciudad que en la eternidad está preparada para los santos de Dios de todas las edades, es a la cual se refere Hebreos 11:10 «porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios». La nueva Jerusalén, la ciudad hecha del más puro oro, la Yerushaláyim shel sajab (Jerusalén de oro) que los israelitas de hoy apenas pueden vislumbrar en aquel momento será la realidad que vamos a poseer. Sin embargo, se debe entender que mis palabras no son ni siquiera una mínima expresión de la grandeza con la cual el Padre Santísimo la ha adornado, de lo cual no hablo por no existir en mi mente la revelación de aquello que no me existe pero que existe para Dios.

Inconcebible para nuestra mente es entender cómo el Padre Altísimo, en la plenitud de su gloria, morará con su pueblo; sentado en su trono, rodeado por cuatro serafm, o serafines como se les dice en Español, mencionados en Apocalipsis 4:6: «También delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal, y junto al trono y alrededor del trono había cuatro seres vivientes llenos de por delante y por detrás. Pero aún con todas esas maravillas, no deseo omitir que la presencia del Altísimo Dios no sólo irradia gloria, sino que esa gloria es alegría, bienestar y satisfacción profundas lo cual está demasiado lejos de ser comparable a las alegrías pasajeras que hoy experimentamos los humanos.

Las bodas del Cordero (Apocalipsis 19:7, 9)

«Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado... El ángel me dijo: "Escribe: "Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero"". Y me dijo: "Estas son palabras verdaderas de Dios"».

Las bodas del Cordero requieren atención debido a la confusión que se puede formar referente a cuándo se van a llevar a cabo. ¿Seguirá esto inmediatamente después de la segunda venida de Cristo, o cuándo será?

Fijar ese evento en algún momento de la Segunda Venida de verdad es maravilloso, sin embargo, no es la ubicación correcta debido a que es muy temprano; si tal cosa ha de suceder temprano, entonces surge la pregunta sobre qué pasará a quienes hayan de recibir a Cristo como salvador durante el milenio entre los cuales están los israelitas y las naciones gentiles que gozarán de esa misma dicha de las cuales habla Apocalipsis 21:24: «Las naciones que hayan sido salvas andarán a la luz de ella y los reyes de la tierra traerán su gloria y su honor a ella».

Si se tomaran las bodas del Cordero como factor incluyente sólo de los creyentes transformados en la Segunda Venida, y se excluye a quienes aceptarán a Cristo en el milenio entonces sería una boda parcial, y sería una interpretación que hace excepción de redimidos; y habría que aceptar que Dios hará partícipes a unos y excluirá a otros. Como ese tipo de exclusiones no existen para Dios, entonces el correcto razonamiento conduce a concluir que las bodas del Cordero no se realizarán durante la segunda venida de Cristo sino hasta que todos los santos hayan sido reunidos, lo cual será después que haya terminado el lago de fuego del cual ya se ha hablado arriba.

Si todos los redimidos serán tomados en cuenta, entonces las bodas del Cordero se realizarán después del juicio final, es decir, en la tierra nueva, cuando descienda la nueva Jerusalén; o sea, en la eternidad.

Significado de las bodas (Apocalipsis 19:7, 9)

Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado... El ángel me dijo: "Escribe: "Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero". Y me dijo: "Estas son palabras verdaderas de Dios"».

El término «bodas del Cordero» debe ser motivo de estudio debido a que no se trata de un acontecimiento literal sino de la unión de Cristo con su iglesia, o sea un acontecimiento espiritual. Partiendo de 2 Corintios 11:2 se debe poner atención al significado espiritual de Cristo y su iglesia: «porque os celo con celo de Dios, pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo». Así entendemos que las bodas del Cordero serán entre Cristo y su pueblo. Ahora, para entender un poco más, tomemos como contexto el tiempo en que las bodas se realizaban en el antiguo tiempo.

Históricamente, las bodas en Israel se llevaban a cabo en horas de la noche, prueba de eso es la parábola de las vírgenes de Mateo 25:5-6 «Como el novio tardaba, cabecearon todas y se durmieron. Y a la medianoche se oyó un clamor: "¡Aquí viene el novio, salid a recibirlo!"». Quizás los lectores de esta parábola no hayan pensado por qué se dice que el novio venía en horas de la noche, lo cierto es que para aquella cultura el tiempo de las bodas era la noche.

Otra prueba de que las bodas eran en horas de la noche es Génesis 29:21-22 «Un día dijo Jacob a Labán: Dame mi mujer, porque se ha cumplido el plazo para unirme a ella. Entonces Labán juntó a todos los hombres de aquel lugar y ofreció un banquete. Pero sucedió que al llegar la noche tomó a su hija Lea y se la trajo; y Jacob se llegó a ella.

Tanto los textos de Apocalipsis 19:7 y 9, como Mateo 25:5-6 y Génesis 29:21-22 dan a entender que las bodas eran acontecimientos de gran relevancia celebrados en horas nocturnas, en los cuales los invitados se gozaban compartiendo la felicidad del novio. Sin embargo, tocante a Cristo y su iglesia el término boda no se debe entender literal sino espiritual, o sea, a la unión eterna del Señor con su pueblo en donde los invitados al mismo tiempo forman a la novia que se alegran por el gran acontecimiento.

Como se dice unas líneas más arriba, este evento no es literal pues se trata de la unión de Cristo y su pueblo.

Todavía hay algo más, las palabras del ángel, Apocalipsis 19:9 referentes a la cena del cordero, tampoco son literales y no signifcan que habrá vino o animales engordados preparados para el banquete, sino que se refere al glorioso encuentro entre ambos esposos espirituales; porque así como el banquete literal (como el de las bodas de Caná, Juan 2:1) tenía el propósito de celebrar la unión de los desposados, así será de gran alegría el momento en que el Señor «ofcialmente» se reúna con su pueblo.

Esto signifca que la cena no es material ni se refere a algún banquete sino al gozo del encuentro de Cristo con su pueblo. Es claro que tal evento es así pues el encuentro signifca que Cristo y los redimidos serán uno solo espiritualmente hablando; así, los redimidos serán semejantes al Señor Jesús. Asimismo, el término cena, que inmediatamente forma una imagen mental de alimentos tomados en horas de la tarde no es literal como acabo de decir. Recuérdese que en la eternidad no existe día ni noche por lo cual, ni las bodas son literales, ni el tiempo de cenar es literal; y se llevarán a cabo cuando entremos a la nueva Jerusalén donde no más habrá día ni noche.

La obra de Cristo acabada (1 Corintios 15:27)

Pero, luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo mismo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos.

Pablo fue un Apóstol privilegiado al haber recibido de nuestro Señor Jesús revelaciones que a nadie, excepto a Juan, le fueron reveladas; Pero aunque las visiones de Juan nos cuentan la historia completa de la humanidad desde la eternidad hasta la eternidad, a Pablo le fue revelado un aspecto maravilloso de la eternidad, este se relaciona a la posición de Cristo.

Ya el lago de fuego habrá sido quitado por él, la Tierra ya habrá sido limpiada completamente y vuelto a la condición de pureza en que fue creada, la nueva Jerusalén habrá descendido, ni sol ni luna serán más necesarios pues la gloria de Dios, que cubre toda la eternidad se habrá posesionado de la Tierra, y aquella expansión mencionada en Génesis 1:8 al cual llamó Dios frmamento no existirá pues Cristo entregará a su Padre una obra perfecta. Cuando todo eso haya sido cumplido, entonces se cumplirán las palabras de Pablo: El Rey de reyes y Señor de señores habrá cumplido exitosamente la obra que en la eternidad se le encomendó, cuando todo sea cumplido, entonces él mismo se someterá al que le sujetó a él todas las cosas, es decir a su Padre para que Él sea el único. El Rey de reyes y Señor de señores entregará todo a Aquél que lo nombró Rey de reyes y Señor de señores.

Aspectos generales de la eternidad

Eternidad y tiempo son dos cosas muy diferentes que no se mezclan entre sí, después de todo, la eternidad fue creada primero, y hasta que la tierra fue creada el tiempo fue necesario que existiera para marcar los días, meses, años y estaciones. La eternidad no existe por sí misma sino que su creador es Dios; porque es imposible que lo que es pueda ser por sí mismo, de lo contrario, sería un hecho que lo inexistente tuviera el poder de hacerse existir a sí mismo, lo cual es contra todas las probabilidades pues lo inexistente no existe en ningún estado pues si existiera en otro estado no sería inexistente sino mutación. Por tal razón, el Altísimo Dios es el creador, y la eternidad lo primero que creó.

El tiempo, el cual concierne a la Tierra, está rodeado por la eternidad del mismo modo en que una pequeña burbuja de aceite está sumergida en el mar. La eternidad es un estado donde el tiempo no transcurre porque allí éste no existe, sólo existe aquí en la Tierra, ni siquiera fuera de ella existe. La eternidad es vida, es movimiento, es acción y es cantidad; sin estar estas cuatro cosas ligadas al tiempo.

Para tener una idea de lo que es la eternidad, sirva hacer una pequeña comparación con lo que es la mente humana. La mente humana posee capacidad de albergar imágenes sin límite. La mente humana es acción a velocidades que al compararlas con la de la luz, esta segunda viene a resultar demasiado lenta, extremadamente lenta. La mente es acción, donde todas las cosas se mueven de por sí o las hacemos que se muevan. La mente es cantidad; cualquier cosa por numerosa que sea, cabe sin ocupar espacio para seguir albergando. En la mente caben las galaxias, cabe el universo.

Como en la mente, así en la eternidad, todo existe sin ocupar lugar pues no existe en estado físico como cuanto existe en el frmamento. Además, la eternidad no posee límites pues fue creada por la mente de Dios.

Eterno es lo que fue creado y a partir de su creación no deja de ser ni sufre ningún cambio porque el Creador todo lo hace perfecto.

En la eternidad no existe el pasado, el presente ni el futuro pues no existe el tiempo, ni existe arriba o abajo, no existe el peso, ni hay atmósfera, ni átomos ni moléculas; los recuerdos no existen, y cuando esto mortal, o sea nuestro cuerpo mortal, sea vestido de inmortalidad, no recordaremos nada de esta vida pues entraremos a la eternidad; sabiendo que somos nosotros mismos no habrá memoria de las cosas pasadas, lo cual, aunque nos parezca absurdo, para Dios no lo es; ahí no hay historia; y lo más fascinante, aunque incomprensible, es pensar cómo será vivir en un estado donde no hay ayer, hoy o mañana. Por medio de Isaías Dios menciona esto al decir «Porque he aquí que yo crío nuevos cielos y nueva tierra: y de lo primero no habrá memoria, ni más vendrá al pensamiento». Isaías 65:17. Puesto que los humanos estamos dentro del tiempo poseemos memoria, pero como digo antes, en la eternidad no hay tiempo y por lo tanto no hay memoria.

El Santísimo Creador no da explicaciones del por qué de las cosas, más entendiendo que en la eternidad no existe el tiempo nos es fácil entender por qué nada de esta vida presente será recordada, excepto que nosotros somos, porque si de eso no fuésemos a tener memoria entonces la recompensa de la vida eterna no será para nosotros cuando pasemos a ese maravilloso estado que nos aguarda.

Puesto que no conocemos cómo funciona el tiempo, igual de difícil e imposible es explicar cómo sucede el pasado el presente y el futuro, porque si bien se podría pensar que no exista pasado ni futuro, mas necesariamente tendría que existir el presente, el hoy, porque si ni siquiera el hoy existiera, entonces lo que se dice existir no existiría, lo cual es verdad referente a la Creación sujeta a tiempo. Con todo, el que para los terrenos no tenga explicación de ningún modo signifca que para Dios sea igual. Nosotros tropezamos con faltas de explicación sencillamente por los límites del espíritu a que estamos sujetos pues somos gobernados por el tiempo; pero en la eternidad no hay tiempo y por consiguiente tampoco pasado presente ni futuro.

¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo es posible que el Padre Altísimo escuche atentamente a más de una oración, consuele a los afigidos que suman millones, o mire los malos pensamientos de los humanos todo eso a la vez? La respuesta viene a ser clara al considerar que por no existir el presente, o el hoy, es que el Altísimo Dios escucha las oraciones de sus hijos, todos a la vez, y hace milagros a todos al mismo y mira todo lo malo que hacemos todos al mismo tiempo. Maravilloso ¿no?

La eternidad, tan cerca y tan lejos

Siendo enteramente desconocido para los humanos cómo el Creador ha ordenado todo cuando existe, incluyendo el universo y la eternidad, no nos es accesible conocer aquello que se refere a distancias entre la eternidad y nosotros. Las citas bíblicas siguientes dan una idea a este respecto:

«Y se oyó una voz de los cielos que decía: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia"». Mateo 3:17

¿Se habrá preguntado usted acerca de la procedencia de esa voz? Seguramente que sí; nadie vacila en afrmar que esa voz es la del Padre y que vino desde el cielo donde él mora. Pero quizás sería interesante pensar por un instante cómo es posible que viviendo el Señor en la eternidad, que es a la vez el tercer cielo, su voz pueda haber sido escuchada inmediatamente después de que el Señor Jesús fue bautizado. Porque antes hemos mencionado que después del espacio infinito, está el tercer cielo, que es la eternidad; y que el espacio es infinito debido a que no posee límites que se puedan medir. Por consiguiente, en términos humanos quizás primero se tendría que pensar en que esa voz tuvo que haber viajado a una velocidad que ni si siquiera está al alcance de nuestra imaginación. Por supuesto que nadie discute el maravilloso e insondable poder de Dios, y por lo tanto se podría decir que las distancias son sin importancia para él, lo cual hizo posible que inmediatamente después del bautismo del Señor los discípulos pudieron escuchar su voz.

Sin embargo, aparte de esa razón existe otra no menos interesante, la cual consiste en pensar qué tan distante está la eternidad no según los razonamientos previos aquí mencionados, sino en el modo en que el Creador diseñó cuanto hizo. Desde este punto de vista, ese espacio que para el hombre es infinito para Dios no lo es, y él está tan cerca de nosotros como no tenemos idea.

¿Cuánto tiempo pudo haber demorado nuestro Señor en ascender hasta el trono de Dios según el registro de Hechos 1:9-11?

«Y habiendo dicho estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y lo recibió una nube que lo ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que él se iba, se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales les dijeron: Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como lo habéis visto ir al cielo».

El momento llegó cuando el Señor debía partir de regreso al lado de su Padre; ¿qué sucedió entonces? Conclusiones son admisibles diciendo que la nube lo cubrió para no ser visto al momento de iniciar un viaje milagroso atravesando el segundo cielo hasta llegar a su destino; similar a esta, otras más dentro de la cual cabe perfectamente esta: aunque la eternidad envuelve a la creación incluyendo lo que humanamente conocemos como espacio infinito, esta, para Dios, está tan cerca de nosotros que al Señor no le tomó gran tiempo entrar a ella. Tómese en cuenta que se está hablando de dos cosas, la primera se relaciona con cuanto nos concierne en carácter de humanos, y segundo, cuanto concierne al Altísimo Dios. Cómo, y en qué circunstancias el paso a la eternidad es posible para nuestro Señor Jesús, no lo sé, sólo le concierne a él y al Padre Altísimo y ni siquiera me atrevo a preguntarles.

De esta manera, otros versículos pueden atraer nuestra atención y ponernos pensar sobre cómo los eventos que mencionan se desarrollará, como por ejemplo la segunda venida de nuestro Señor y el toque de la trompeta, o shofar (cuerno), ¿será que el Padre Altísimo habrá de enviarlo con sufciente tiempo anticipado para que aparezca al momento exacto en las nubes del cielo?, seguramente que no, ninguna idea que involucre tiempo y espacio tienen cabida en los actos de Dios pues él no necesita de ello; otra vez digo que la eternidad envuelve toda la Creación, por lo tanto, según el poder de Dios la eternidad está tan cerca de nosotros como no tenemos idea, aunque para nosotros primero tengamos que pensar en que para alcanzar esa gloria primero hay que atravesar el espacio infinito.

Memoria de las cosas pasadas (Apocalipsis 10:6)

«y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más», Apocalipsis 10:6.

Como he venido mencionando en este estudio, la eternidad es ausencia total de tiempo; tal condición no sólo signifca que no existirán días, meses años, estaciones, etc. sino que sol y luna y estrellas no serán más, como tampoco el mar existirá. No calor, no frío, no vientos ni lluvias, ni terremotos, etc. En la nueva vida todo será nuevo; no más nacimientos, no más muerte, no enfermedades, y más.

Notoriamente en la nueva vida no existirán desganos, aburrimientos, enfados, ni ninguno de esos sentimientos que hoy nos desestabilizan; el lector de las Escrituras puede leer cómo los ángeles existen y alaban a Dios en plena felicidad. Quienes no consiguen entender de qué se trata todo eso sin vacilar comentan que esa vida será aburrida; pero claro, eso se debe a que los humanos no entendemos que la causa que nos afecta y desestabiliza es el tiempo, y desconocemos cómo perdura la vida tranquila y de satisfacción.

Lo cierto es que el pueblo santo no va a sentir esa transformación en el instante de la resurrección, ni sentirán ningún cambio los vivos. Nada qué contar de cómo eso sucedió, nada qué recordar.

He de decir que la vida presente sólo durara mientras no vayamos al polvo de la tierra a esperar la primera resurrección, los santos muertos no tienen memoria de nada; maravillosamente ellos cerraron sus ojos, y como no tienen memoria no sienten que el tiempo transcurre, por lo cual, cerraron sus ojos e inmediatamente después los volverán a abrir con cuerpos transformados aunque hayan estado en la tumba durante miles de años.

El gran privilegio de quienes estaremos la eternidad será ver el rostro de Dios. Aunque es cierto que las diferentes experiencias negativas que abruman el alma nos impiden entender lo que esto signifca, para nuestro Señor Jesús eso será el gran acontecimiento: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque verán a Dios». Mateo 5:8. Esto hoy a muchos podrá parecer incomprensible, sin embargo, lo que no se mira a simple vista en las palabras del Señor es el impacto maravilloso y único que inundará nuestro espíritu al estar frente al Gran Creador; si pudiéramos conocer la felicidad sin par que los ángeles sienten entonces seguramente los humanos en general ansiarían participar de esa experiencia.

«ENTONCES CONOCERÉ COMO SOY CONOCIDO», «ENTONCES ME DESPEDIRÉ FELIZ DE TI, DULCE ORACIÓN.Amén, Amén.