INTRODUCCIÓN

En algunos temas, como el presente, la Sagrada Escritura debe ser entendida en base a la información proporcionada por ella misma, lo cual signifca excluir elementos foráneos como la flosofía pagana, el misticismo, el espiritismo, el gnosticismo, la angelología, la magia, el iluminismo y otras ramas propias del ocultismo, pues nada de esto tiene que ver con el registro inspirado por Dios.

Pero ¿qué pasa cuando la verdadera enseñanza de la Sagrada Escritura es distorsionada mediante el uso de tales elementos que en nada se relacionan con ella pero que son presentados como si lo fueran, produciendo con eso dogmas que explican lo que la Escritura no enseña? A esto se le puede identifcar como eiségesis, engaño y falsedad pues la interpretación de la Biblia debe hacerse en base a ella misma, sin recurrir a la flosofía griega antigua y a creencias de religiones paganas. La eiségesis es un procedimiento por el cual la persona no extrae de las Escrituras su signifcado sino que toma sus ideas personales o creencias extrañas y las mezcla para hacer aparecer que la Palabra de Dios dice lo que en realidad no dice.

La inclusión de elementos extraños dentro de la exégesis bíblica comenzó muy temprano en la historia del Cristianismo: aproximadamente por el 175 d. C., después de la muerte de los Apóstoles, cuando la observancia del Sábado, sostenida por todas las iglesias de Dios, fue sustituida por la observancia del día del sol, o primer día de la semana, por iniciativa de los obispos de origen pagano que entraron muchas congregaciones y destruyeron las enseñanzas originales que habían recibido. El cambio fue justifcado por la supuesta resurrección de Cristo en ese día; por supuesto que el lector de las Escrituras, con experiencia en ese campo rápidamente advierte que lo que se supone fue un argumento irrefutable, en realidad no fue más que una excusa de aquellos flósofos paganos para continuar ellos validando el día que en sus comunidades paganas habían celebrado antes de invadir a las iglesias de Dios. Un exégeta serio (de los muchos que hay) advierte que ninguno de los Apóstoles, incluyendo las congregaciones, no conocieron semejantes cambios.

Curiosamente, aunque el Cristianismo casi en su totalidad observa el primer día de la semana en lugar del Sábado, parece que aquel cambio no satisface la conciencia de quienes hoy en día justifcan lo justifcan, debido a lo cual, la producción de literatura con argumentos que justifcan ese cambio continúa. Pareciera como que la misma conciencia se opone a las palabras, diciéndoles que haber cambiado el día de adoración nunca será justifcado por Dios pues Él no es cambiadizo y aunque miles de millones justifquen su determinación, siempre la conciencia les dirá que están en un error que les va a costar graves consecuencias en el Día del Juicio.

Como ese cambio así otros; con todo, no es el propósito de este estudio centrarse en eso ya que corresponde a otro tópico.

La práctica eisegética ha venido corroyendo a miles de millones desde el siglo II d.C.; quienes afrman, confían y fuertemente apoyan ideas extrañas al contexto inspirado por Dios, sin que la necesidad de examinar esas ideas para conocer la verdad sea una necesidad prioritaria.

Pero el problema no para allí, por el contrario, la interpretación y exégesis, liderada por la teología de la Iglesia, no sólo mantiene el platonismo, hinduismo y demás fuentes paganas como base de apoyo para interpretar la Sagrada Escritura, sino que otro elemento similar ha sido agregado; ese nuevo elemento es la literatura espuria, que en siglos pasados era rechazada por el protestantismo como indigna de credibilidad pero que hoy ese rechazo ha cedido paso a una interpretación más abierta, de tal manera que el concepto espurio (ilegítimo, no auténtico) ha desaparecido para catalogarla simplemente como literatura apócrifa, cuyo signifcado la coloca en una posición aceptable pues espurio solo signifca un tipo de literatura no disponible para las masas sino reservada para los iniciados en las creencias de alguna secta; por supuesto que en el modo actual de ver las cosas, el término apócrifo no signifca que no pueda ser de utilidad en el estudio de la Palabra de Dios. En la página de internet wesley.nnu.edu (en Inglés) se lee: “Documentos de literatura no canónica para ayudar a los estudiantes y eruditos en la interpretación bíblica”.

Obsérvese que para esta institución educativa protestante la literatura no canónica, otrora rechazada por su carácter indigno de credibilidad, hoy sirve “para ayudar a los estudiantes y eruditos en la interpretación bíblica.” Esto supone que para entender correctamente la Palabra de Dios se debe depender de cualquier literatura espuria, provenga de donde provenga.

Como esta declaración así muchas otras de teólogos cuyo propósito es presentar aquella literatura pagana e imaginaria como si fuera genuinamente inspirada por Dios como ayuda para alcanzar una correcta interpretación de la Sagrada Escritura. Así, el mundo cristiano ha venido siendo orientado a tomar ideas paganas como dignas de crédito para la interpretación bíblica. El gran ganador en esta parte ha sido el gnosticismo antiguo.

Una de esas tantas ideas paganas es la preexistencia. En el paganismo egipcio, o hindú, del cual al parecer Platón copió este concepto, se enseña que el alma, antes de venir a la tierra a tomar posesión de un cuerpo, ya ha existido antes en otra dimensión. Resumiendo esta idea, la Enciclopedia Católica, artículo Platón y Platonismo, dice:

“Por consiguiente, Platón supone un mundo de Ideas separado del mundo de nuestra experiencia, e inmensamente superior a él. Concibe que todas las almas humanas habitaron en otro tiempo en este mundo superior. Cuando luego miramos a nuestro alrededor, en el mundo de las sombras, un fenómeno o apariencia de algo, la mente recuerda la Idea (de ese mismo fenómeno) que contempló en tiempos pasados. En su deleite se pregunta por el contraste, y al preguntarse es llevada a recordar perfectamente la intuición de que disfrutó en una existencia anterior.”

Una explicación más amplia al respecto se encuentra en la obra Fedón, de Platón.

Esto signifca que la Iglesia, cuyos precursores fueron flósofos, posteriormente conocidos como padres de la Iglesia, basa su creencia acerca de la preexistencia de Cristo en Platón, y se vale de la Biblia para legitimar y apoyar lo que tomó de aquel flósofo pagano.

La preexistencia en el Cristianismo

4. El concepto postbíblico de «preexistencia» contiene, por tanto, muchos elementos cristológicos. Aunque, en cuanto a su realidad, está fundado en la Sagrada Escritura, sin embargo la «preexistencia» no se menciona en sí misma separadamente, y así no constituye el único fin de los enunciados del Nuevo Testamento. Es un concepto sistemático, que reduce a síntesis muchos signifcados teológicos. En muchas afrmaciones es principalmente el trasfondo, el presupuesto y la razón de otros temas que se pretenden. Por ello, de la misma manera que no basta el mero uso formal del término, tampoco debe emplearse unívoca, sino analógicamente, y así con cuidado del contexto y de los diversas riquezas materiales ya expuestas. El concepto de «preexistencia», aunque tenga un uso múltiple, no signifca una «interpretación», en último término, subjetiva, sino que connota el verdadero origen ontológico y, por cierto, intemporal de Jesucristo, origen que también se manifesta en su conciencia, como ya hemos dicho. Pero la «preexistencia» en sentido bíblico no pretende expresar solamente que Cristo es coeterno con Dios, sino que connota todo el movimiento y el misterio cristológicos que, comenzando desde el ser con Dios Padre, implica la kénosis y la encarnación, la muerte infamante en la cruz y la exaltación gloriosa, y testifca, por último, la redención de todos los hombres, el primado sobre la Iglesia y la reconciliación universal y cósmica. Todo esto se presenta en la perspectiva universal soteriológica y «staurológica». Casi todos los enunciados de la preexistencia de Jesucristo aparecen en un contexto de himnos y de ahí presentan el estilo de profesión y alabanza, nacidos de la experiencia de la presencia del Señor en la Iglesia. Esta índole soteriológica y doxológica, que no niega su signifcado verdaderamente «ontológico» pone unos claros límites a aquellas formas de especulación acerca de la preexistencia que no observan estas propiedades.

5. El concepto de «preexistencia» de Jesucristo adquirió mayor claridad a lo largo de la refexión cristológica. En ciertos pasajes, el prefjo «pre» (por ejemplo, «antes de todas las cosas», «antes de Abraham») tiene y conserva una connotación temporal a causa también de la índole histórica de la salvación cristiana, pero, en último término, signifca el primado absoluto e intemporal sobre todas los cosas creadas, que se hizo definitivamente evidente cristológicamente en el símbolo Niceno[13] después de la crisis arriana: el Hijo de Dios engendrado por el Padre no es creado, sino consustancial al Padre.

De esta manera, la idea de «preexistencia» de Jesucristo es el elemento eminente de la conjunción entre cristología y teología trinitaria, como se ha dicho más arriba (I, C y D). La verdadera cristología debe ser trinitaria, y la teología trinitaria ha de ser entendida cristológicamente. Entre el Hijo en la vida eterna de Dios y el Hijo en la historia terrestre de Jesús se da una íntima correspondencia, más aún una identidad real, que se nutre con la unidad y comunión flial de Jesucristo con Dios Padre. La preexistencia de Jesucristo debe entenderse también desde la historia de Jesucristo y, sobre todo, desde su consumación en el acontecimiento pascual. La preexistencia de Jesucristo, coeterna — si se la considera en un movimiento descendente y como «desde arriba»—, se miraba, ya desde los comienzos, también en relación con la comunicación y donación de Jesucristo por la vida del mundo. Esta relación tiene su raíz en la fliación eterna de Jesucristo y se constituye mediante el concepto bíblico de «misión». La donación por nosotros y por todos los hombres sólo salva, si brota de Dios, es decir, del Hijo preexistente del Padre, lo cual demuestra, de nuevo, la índole soteriológica de la «preexistencia».

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Vueltas y más vueltas “cristológicas” que a nada conducen sino a entender que ese dogma extraño, que los Escritores inspirados por Dios nunca conocieron, es hoy un tema introducido en el cristianismo.

El concepto postbíblico de «preexistencia» contiene, por tanto, muchos elementos cristológicos...” Obsérvese bien que este comentario, de alta teología católica, claramente dice que la idea acerca de la preexistencia de Cristo es “postbíblico”; en otras palabras, no pertenece al campo bíblico, sino al campo del paganismo platónico, que mediante eiségesis es introducido y validado en el cristianismo, aduciendo que contiene muchos elementos cristológicos. ¿Cómo la imaginación de Platón pudo haber contenido muchos elementos cristológicos siendo que él vivió unos 400 años antes de Cristo?

Agrega: “El concepto de «preexistencia», aunque tenga un uso múltiple, no signifca una «interpretación», en último término, subjetiva, sino que connota el verdadero origen ontológico y, por cierto, intemporal de Jesucristo,“. ¿Qué quiere decir esto? Muy sencillo: Aunque la idea platoniana de la preexistencia tenga un uso múltiple, o sea, se refere a todas las almas en general, la teología cristiana la ha modifcado para atribuirla exclusivamente a Cristo.

Asimismo dice: “Pero la «preexistencia» en sentido bíblico no pretende expresar solamente que Cristo es coeterno con Dios, sino que connota todo el movimiento y el misterio cristológicos que, comenzando desde el ser con Dios Padre...”. Obsérvese las razones por las cuales las ideas de platón son modifcadas para aplicarlas a la formulación canónica de la preexistencia de Cristo. ¿Qué signifca esto? Bueno la teología trinitaria ha decidido que la preexistencia de Cristo signifca que Cristo existía en el Padre antes de existir al lado de Él. Bueno, la Sagrada Escritura no es la base para tal idea sino la teología triitaria: “De esta manera, la idea de «preexistencia» de Jesucristo es el elemento eminente de la conjunción entre cristología y teología trinitaria, como se ha dicho más arriba (I, C y D). La verdadera cristología debe ser trinitaria, y la teología trinitaria ha de ser entendida cristológicamente”.

La amplia y muy razonable explicación teológica de la Iglesia, que es la autora de la doctrina cristiana de la preexistencia, y cuya autoridad es indisputable en el protestantismo, nunca variará. ¿Qué signifca esto? Signifca que, aunque haya miles de personas que recojan largas listas de versículos con los cuales supuestamente demuestren que la preexistencia es bíblica, sus intentos siempre serán infructuosos pues la Iglesia ha dicho que esta doctrina es postbíblica; de no serlo, la Iglesia misma les habría proporcionado los versículos necesarios.

La preexistencia, una creencia pagana

“La doctrina de la preexistencia del alma se ha presentado en dos formas. Platón sostenía que las ideas son eternas en la mente divina; que estas ideas no son meros pensamientos sino entidades vivientes que constituyen la esencia y la vida de todas las cosas externas; el universo y todo lo que contiene son estas ideas realizadas, vestidos de la materia, y en desarrollo de la historia. Había así un mundo ideal o inteligible, anterior al mundo como realmente existente en el tiempo. Lo que Platón llama las ideas, Aristóteles llamó formas. Negó que el ideal era anterior a la actual. La materia es eterna, y todas las cosas consisten de materia y forma - por la forma que se entiende que lo que le da carácter, o determina la naturaleza de las cosas individuales. Como en otros aspectos, por lo que también en esto, la flosofía platónica, o Aristo-platónica, tuvo mucha infuencia en la teología cristiana.” (Teología Sistemática por Charles Hodge. Parte II Antropología, Origen del alma.)

Platón es el flósofo por excelencia en la teología católica sobre la inmortalidad del alma dentro de la cual se construye la preexistencia. Pero por supuesto Platón no fue original acerca de esto, más bien lo aprendió de otros que le antecedieron.

La Wikipedia, en su artículo “metempsicosis” cita a Ferécides de Siros y a Pitágoras; a éstos le siguen Platón, Aristóteles y otros quienes al parecer copiaron la idea de otras culturas (egipcia, hindú etc.). Esta misma Wikipedia, en su artículo sobre Ferécides dice que Cicerón y Agustín de Hipona piensan que Ferécides fue el primero que enseñó la inmortalidad del alma, lo cual encaja en esto que decimos pues él viajó a Egipto para aprender su teología la cual transmitió a sus discípulos.

De todos modos, las ideas de Platón respecto a la preexistencia dominan el ambiente teológico cristiano; esto debiera merecer cierto grado de atención, pues debiendo el cristianismo poseer sus propias bases para fundar sus doctrinas, ha tenido que importar imaginaciones paganas para validar lo que la Palabra de Dios no conoce. ¿Qué tienen que ver las ideas que flósofos griegos copiaron de otros paganos con las Escrituras? Nada en lo absoluto, sin embargo, el paganismo griego, tomado de las religiones egipcias, hindúes, zoroastristas, ha sido legitimado al haber sido tomado como herramienta exegética para explicar la Santa Escritura.

Quizás hoy en día resultaría interesante preguntar: ¿por qué la Iglesia necesitó conceptos del paganismo para interpretar la Palabra de Dios, mientras tanto, ninguna religión pagana copió nada del cristianismo como base de su fe? La respuesta podría deberse a dos cosas: Primero, los líderes de la Iglesia eran en su mayoría flósofos provenientes del paganismo tal como es ampliamente conocido; ellos estaban enteramente familiarizados con aquellas creencias en cuyo ambiente se desenvolvían. Segundo, al parecer ellos tenían copias de los escritos inspirados, pero eso de ninguna manera signifcó poseer la inspiración del Espíritu Santo para entenderlas, por lo cual su experiencia pagana fue su principal herramienta, es esa la causa por la cual al leer sus escritos inmediatamente se advierte copioso argumento flosófco pero nada de inspiración de Dios.

Platón no conocía al Dios Altísimo, por lo tanto, nada de lo que escribió se relaciona con Él. Tampoco conocía el contenido de la Palabra de Dios en la cual están detallados con sencillez los signifcados del alma: es decir, persona, sangre y facultades sensitivas, lo cual él nunca conoció. Para aquel hombre el alma era un ser pensante, sensible y con voluntad propia, inmortal, que se movía y se determinaba independiente del cuerpo; que en muriendo el cuerpo del cual estaba posesionada, regresaba a su lugar de origen a esperar su turno para continuar existiendo hasta reencarnar en otro cuerpo. Al haber introducido esa creencia pagana en la Iglesia los, eventualmente conocidos como padres de la iglesia, se apartaron del evangelio, enseñando ideas paganas con viñeta cristiana.

Hasta el día de hoy las iglesias protestantes tradicionales felmente creen en la preexistencia del alma“En el Nuevo Testamento.

En el Nuevo Testamento se expresa el mismo punto de vista en cuanto a la preexistencia de las personas y de las cosas que forman parte de la salvación divina. Cuando Jesús, en Juan viii. 58, dice: "Antes que Abraham fuese, yo soy", se hace alusión a la preexistencia del Mesías. Así es el Reino, es decir, la recompensa del paraíso- "preparado para ustedes [los justos] desde la fundación del mundo" (Mateo xxv 34;... Un borrador Abot iii. 16). De Matt. xiii. 35 parece que los "proverbios de la antigüedad" de Ps. lxxviii. 2 fue entendido para referirse a los secretos mesiánicos preparados a partir de la fundación del mundo. Del mismo modo los nombres de los justos están "escritos en el libro de la vida desde la fundación del mundo" (xvii Rev.. 8).

Pero la sangre de los profetas mártires también se cree que han sido "derramada desde la fundación del mundo" (Lucas 50 xi.); por lo tanto, también, la del "Cordero" (Ap xiii 8;... Heb ix 26). Los Apóstoles afrmaron haber sido, con su amo, "escogidos desde el principio del mundo" (Ef 4 i;....comp. con Juan xvii 24; I Pedro i 20;... Heb iv 3).

Preexistencia del Mesías:

Esto incluye su existencia antes de la Creación; la existencia de su nombre; su existencia después de la creación del mundo. Dos pasajes bíblicos a favor de la opinión de la preexistencia del Mesías: Miqueas v 1 (AV 2), hablando del Gobernante de Belén, dice que sus "salidas son desde el principio, desde la eternidad";. Dan. vii. 13 habla de "uno como un hijo del hombre", que "viene con las nubes del cielo, y vino hasta el Anciano de días". En las similitudes mesiánicas de Enoc (xxxvii.-lxxi.) Las tres preexistencias hablan de que: El Mesías fue elegido de Dios antes de la creación del mundo, y él estará delante de Él por la eternidad" (xlviii. 6). Antes de haber sido creados el sol y los signos del zodíaco, o antes de ser formadas las estrellas del cielo su nombre fue pronunciado en presencia del Señor de los espíritus (= Dios;. Xlviii 3). Aparte de estos pasajes, sólo hay declaraciones generales que el Mesías estaba escondido y preservado por Dios (LXII. 6-7, xlvi. 1-3), sin ninguna declaración en cuanto a cuándo empezó a ser. Su preexistencia se afrma también en II Esdras (unos 90 E. C.), según el cual se ha conservado y escondido por Dios "una gran temporada"; ni la humanidad lo verá sino hasta el día señalado (xii 32;.. xiii 26, 52;. xiv 9), aunque no se hace mención de su existencia antes de ser humano ni de su persona o de su nombre (comp. el Apoc. siriaco de Baruch, xxix. 3).

Así también los rabinos. De las siete cosas formadas antes de la creación del mundo, el último fue el nombre del Mesías (comp Sal lxxii 17;.... Pes 54 bis;. Tan, Naso, ed Buber, N ° 19;. Y paralelos); y el Targum, se referen a la preexistencia del nombre del Mesías como se deduce de Miqueas v. 1 (AV 2), Zac. iv. 7, y Ps. lxxii. 17.

El "Espíritu de Dios", que "se movía sobre la faz de las aguas" (. Gen. i 2) es el espíritu del Mesías (Gen. R. viii 1;.. comp. Pesiḳ R. 152b, que dice lo siguiente en alusión a Isaías xi 2:.. "El Mesías nació [fue creado] cuando se hizo el mundo, aunque su existencia se había contemplado antes de la Creación"). Refriéndose a Ps. xxxvi. 10 y el general i. 4, Pesikta Rabá declara (161b): "Dios vio al Mesías y sus obras antes de la Creación, pero Él lo escondió, y su generación se debajo de su trono de gloria." Al verlo, dijo Satanás, "Ese es el Mesías que me va a destronar." Dios dijo al Mesías "Efraín, ungido de mi justicia, tú has tomado sobre ti los sufrimientos de los seis días de la Creación" (162a;.. Un borrador Yalḳ, Isa 499.). La preexistencia del Mesías en el cielo y su alta posición no se mencionan a menudo. Akiba interpreta Dan. vii. 9 como una referencia a dos tronos-la celestiales uno ocupado por Dios y el otro por el Mesías (Ḥag 14a;... Un borrador Enoc, lv 4, lxix 29.), Con quien Dios conversa (Pes 118b;.. Suk 52a) .

Morada en el Cielo.

Los "cuatro carpinteros" que se mencionan en Zac. ii. 3 (AV i. 20) son el Mesías ben David, el Mesías ben José, Elías, y Melquisedec (Suk. 52a). El Mesías no vendrá en día Sábado, el cual se observa en el cielo como en la tierra ('Er 43a.); que por las transgresiones de Sión que está oculto (iv Targ. Miqueas. 8), permaneciendo así en el cielo hasta el final de los tiempos ("BH" ii. 55), donde se encuentra en la quinta de las siete cámaras (ib. II. 49, arriba). Con él están algunos que no han probado la muerte-Enoc, Moisés y Elías (II Esd. Vi. 26, xiii. 52), y es el que viene con las nubes del cielo (ib. Xii. 3, basado en Dan .. vii 3). Él está hecho de fuego al igual que el cielo mismo (ib xiii 27-28;.... Compárese Pesiḳ R. 162a, basado en Isaías 11 l..), Y él está considerado como una estrella (Targ Num xxiv... 17). La expresión frecuente, "El hijo de David sólo vendrá" (Sanh. 38a et passim), presupone su morada en el cielo, y la afrmación de que el mundo existe sólo para deleitarlo (y David y Moisés) implica su preexistencia (Sanh. 96b); pero él no aparecerá hasta que todas las almas han dejado el tesoro ("FSI";. 'Ab Zarah 5a;. Compare Weber, p 350.). Sus nombres, Hijos de las Estrellas (Ta'an iv 7-8 y paralelismos..), Hijo de las nubes (Sanh 96b;.. Comp "BH" iv 20, 4, vi 70, 5, siguiendo Tan... , Toledot, 14, y yo. Chron iii. 24): "El que mora en las nubes" (Targ. I Crón. lc), "el Eterno" (Jer siguiente.. xxiii 6 y Lam. R. i. [ ]), "Luz" (Dan ii 22, Lam R. i, y el general R. i 6), y "Tinnon" (Sal lxxii 17:....... "antes de la creación del sol se llamaba ";. Sanh 98c y paralelos), implicará su origen y preexistencia en el cielo. Por lo tanto, está por encima de los ángeles servidores (Yalḳ.. Ii 476), y vive por toda la eternidad (Midr. Teh. Ii .; Yalḳ. Lc).” (Enciclopedia Judía, Art. Preexistencia).

El esquema presentado por esta enciclopedia judía respecto a la preexistencia es una mezcla de judaísmo mesiá- nico con disparates gnósticos, por lo tanto no es una idea original sino copiado del paganismo. La colonia judía residente en Alejandría había restado importancia a la herencia cultural y religiosa de sus padres hasta el grado de que la lengua hebrea les era desconocida, lo cual dio paso a la primera versión en griego de las Escrituras Hebreas pues el griego era su lengua común. Ese desconocimiento cultural y religioso abrió la puerta para que surgiera un estilo de cultura hebreo-helénico, y la fragilidad judía respecto a su fe fue aprovechada para introducir la literatura hoy conocida como pseudoepígrafa y espuria (apócrifa) que hasta el día de hoy está presente. Incluso el gnosticismo recibió cálida acogida. De esto resulta fácil entender la trama gnóstica de la imaginaria creación con la cual se descompuso el relato inspirado de la Sagrada Escritura hebrea, y el Dios Altísimo fue colocado bajo la categoría despectiva de un dios malo e ignorante llamado Yaldabaoth.

El libro de Enoc, a la par de decenas de libros, surgió por esa época, destinado a tergiversar el contenido de las Escrituras Hebreas inspiradas. La astucia del autor de Enoc consistió en tomar el nombre del Enoc antediluviano para hacerlo aparecer como que él es el personaje, y autor, de esa literatura falsa.

El gnosticismo judío, encargado de fabricar fantasías, tuvo, al parecer, el propósito de alimentar la mente de los judíos alejandrinos con un tipo de literatura apocalíptica en la cual presenta a los enemigos del pueblo destinados al castigo y a los judíos alcanzando el gozo sin par eterno. Como se puede ver en la transcripción de esta nota de la Enciclopedia Judía, el gnosticismo judaico fabricó una serie de acontecimientos en los cuales el Hijo de Dios queda sujeto a simples ideas postbíblicas.

Filón, judío discípulo del gnosticismo, nacido en Alejandría, gran importador de la flosofía griega, y contemporáneo de nuestro Señor, no vacila en arreglar a su manera la Creación con una serie de ideas por las cuales deja ver su decidido rechazo al registro llevado a cabo por Moisés tocante a la Creación. Filón fue un judío blasfemo que abrazó el gnosticismo con la pretensión de equiparar sus fantasías con la de los flósofos griegos, y sin lugar a dudas conocía bastante bien el pensamiento de los flósofos griegos pero desconocía cómo interpretar certeramente el contenido de la Palabra de Dios, de haber conocido correctamente las declaraciones de la Palabra jamás habría cometido el error de añadir a la Ley sus interpretaciones con sabor gnóstico.

Existencia, no preexistencia en la Biblia

Existe un buen número de versículos, particularmente en las Escrituras Griegas del Nuevo Pacto, tomados como supuesto apoyo para demostrar que el Señor Jesús preexistió; notoriamente, ninguno de esos pasajes habla de preexistencia sino de existencia, y por tanto, no deben ser interpretados en base al pensamiento pagano de la preexistencia. Incluso ya ha sido mencionado que la Iglesia, que es la autora de esa creencia la declara como postbíblica.

Preexistencia signifca existir antes de existir. Como es de suponer, quienes recopilan esas listas de versículos no proporcionan explicaciones a cada versículo citado, por lo cual su intento de fabricar una exégesis que derrote a la declaración formulada por la Iglesia se vuelve sin fruto.

El lector con experiencia en la lectura de las Escrituras entiende que el Señor no preexistía sino que ya existía antes de venir a la tierra tal como Hebreos 10:5 lo testifca al decir:

“Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrifcio y ofrenda no quisiste, mas me diste un cuerpo.”

Esto signifca que él existía en la eternidad al lado de su padre, pero para venir a morir por los humanos necesitaba tener un cuerpo como el de todo humano; un cuerpo mortal en lugar del inmortal; él debía despojarse de toda su gloria para venir a ser como nosotros como declara Filipenses 2.8:

“Mas aún, hallándose en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

Más versículos pueden citarse respecto a esto mismo, sin embargo, el propósito no es transcribirlos todos sino demostrar que el Señor siempre ha existido desde el momento en que el Padre lo trajo a existir antes de la eternidad.

Lo cierto de todo es que la preexistencia de Cristo es tópico exclusivo del cristianismo trinitario; y los creyentes en ese dogma compilan versículos con los cuales supuestamente demuestran que la idea de Platón, tomada por la Iglesia, posee bases bíblicas, y por lo tanto la idea de aquel flósofo es legitimada como inspiración de Dios. He aquí algunos de esos versículos.

Juan 1:1.- En el principio era el Verbo, el Verbo estaba con Dios y el Verbo era Dios.

Juan1:15.- Juan testifcó de él diciendo: «Este es de quien yo decía: El que viene después de mí es antes de mí, porque era primero que yo.

Juan 8:58.- Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuera, yo soy.

Juan 17:5.- Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo existiera.

Juan 17:24.- Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo esté, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que me has dado, pues me has amado desde antes de la fundación del mundo.

Colosenses 1:17.- Y él es antes que todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten.

Hebreos 7:3.- Nada se sabe de su padre ni de su madre ni de sus antepasados; ni tampoco del principio y fin de su vida. Y así, a semejanza del Hijo de Dios, permanece sacerdote para siempre.

1 Pedro 1:20.- Él estaba destinado desde antes de la fundación del mundo, pero ha sido manifestado en los últimos tiempos por amor de vosotros.

1 Juan 1:1-2.- Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida 2 pues la vida fue manifestada y la hemos visto, y testifcamos y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre y se nos manifestó.

Como estos versículos transcritos, así muchos otros mencionan al Señor Jesús en la eternidad, o sea, antes de venir a encarnarse; la pregunta es: ¿en verdad estos textos demuestran preexistencia del Señor? La respuesta es ¡NO!, ninguno de ellos habla de preexistencia sino de existencia pues él existe desde antes de la eternidad, al lado de su Padre. Si él existía al lado de su padre y, el Padre hizo la Creación por su medio, entonces él existía, no preexistía.

Ninguno de los escritores inspirados conoció una supuesta preexistencia del Señor, y por lo tanto, ninguna de sus palabras signifcan lo que el dogma trinitario les atribuye. Lo que claramente dicen estos versículos es que Él ha estado con el Padre desde antes de la creación, lo cual de ninguna manera signifca preexistir. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y por los siglos.” Hebreos 13:8:

Un verdadero embrollo

Platón (427-347 a. C.) fue flósofo pagano, por lo tanto, sus ideas nunca se relacionaron con la Palabra de Dios, la cual desconocía. Esto también signifca que sus ideas preexistencialistas nada tuvieron que ver con el Hijo de Dios a quien obviamente tampoco conoció. Siglos más tarde la Iglesia tomó su idea como apoyo a la doctrina de la Trinidad.

Así, cuando Platón discursa sobre la preexistencia no involucra a sus dioses ni a los dioses de otras naciones ni mucho menos al Hijo de Dios a quien no conoció; él discursó exclusivamente acerca del alma.

Si los pasajes citados en el subtítulo anterior son la demostración de la imaginaria preexistencia, entonces habría que validar la idea completa de Platón en vez de fragmentarla, ya que quienes se convierten en el pueblo del Señor también preexistimos, ¿preexistimos?, sí; preexistimos en la idea de Platón; considérense los pasajes siguientes:

Jeremías 1:4-5.- Vino, pues, palabra de Jehová a mí, diciendo: 5 Antes que te formara en el vientre, te conocí, y antes que nacieras, te santifqué, te di por profeta a las naciones.

¿Preexistió Jeremías antes de nacer?

Efesios 1:4.- según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él.

¿Preexistimos los redimidos antes de nacer?

2 Timoteo 1:9.- Él nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos.

¿Preexistimos los redimidos antes de que la Creación viniera a existir?

Estos pasajes se oponen a la teología trinitaria porque incluyen a los redimidos dentro del mismo signifcado “preexistente” de los pasajes con los cuales se intenta demostrar la preexistencia de Cristo; y porque se oponen son rechazados e ignorados, pues el objetivo trinitario es presentar a Cristo como el exclusivo, como el único preexistente, por que si se admitiera la idea completa de Platón, sin reformarla entonces el dogma iniciado en el concilio de Nicea se derrumbaría, lo cual de ninguna manera sería permitido por la Iglesia. Esto signifca que la idea pagana de Platón acerca de la preexistencia ha sido recortada en una plantilla diseñada a permitir que el único preexistente sea Cristo.

Origen de la idea de la preexistencia

La preexistencia es una idea pagana, por lo tanto está excluida de las Escrituras hebreas y griegas. La preexistencia no existe en la Santa Escritura sino en el paganismo egipcio antiguo, en el hinduismo, zoroastrismo, y por último en la flosofía griega antigua.

Fue del platonismo desde donde fue importada al cristianismo donde se le dio carácter bíblico. Que esto es así está testifcado por la Iglesia, la cual lo importó hacia su doctrina; hoy en día eso es ampliamente aceptado y declarado por sus escritores.

Millones de cristianos que creen en la preexistencia de Cristo no están interesados en conocer cómo se originó esa enseñanza; y aunque lo sepan no tienen interés en ningún cambio, al contrario, su determinación a continuar viviendo en las creencias del antiguo Egipto (que al parecer fue la fuente donde surgió la imaginación de la preexistencia) les llena de satisfacción pues los liga a una creencia que ha permanecido viva por unos cinco mil años, la cual la convierte en digna de apoyar.

Los estudiantes de las Escrituras, con deseos de conocer la genuina enseñanza de la Palabra de Dios, necesitan documentarse históricamente acerca del origen de muchas creencias religiosas paganas enquistadas en la religión cristiana, de otra manera les será imposible abandonar Babilonia y Egipto (Apocalipsis 11:8).

El Hijo de Dios nunca ha dejado de ser lo que es. El Señor que vino a la tierra a nacer de María no fue un ser diferente o con una naturaleza diferente a como lo confguraban los gnósticos, los ebionitas, Marción y otros. Sólo creyendo como aquellos paganos habría lugar en la mente para validar la preexistencia de Cristo.

El Hijo de Dios vino a la tierra a tomar naturaleza humana; pero inmediatamente después de cumplido su ministerio terrenal volvió al lado de su Padre y retomó la naturaleza que el Padre le dio desde que lo trajo a existir; Juan 17:5 expone claramente esto.

Básicamente, preexistir signifca existir antes de existir, lo cual es un absurdo excepto dentro del dogma de la Trinidad. Absurdo es una cosa contraria a la razón. El dogma trinitario dice que en Dios habitan el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, lo cual convierte a Dios en un envase donde habitan los tres. En esa condición afrma la enseñanza de la Trinidad, los tres son iguales y coeternos. El problema es que en tal postulado los tres son preexistentes en Dios.

Ya ha sido comentado que este término está estrechamente ligado a la metempsicosis, cuya creencia se originó en el antiguo Egipto desde donde pasó a otras naciones paganas hasta venir a ser incluida en la religión cristiana en donde es tomada para apoyar la idea de una supuesta preexistencia de Cristo.

La Iglesia Católica, que es la precursora de la preexistencia de Cristo, ha incluido ese término en su teología, al mismo tiempo se encarga de confrmar que ese concepto no forma parte de la Santa Escritura aunque a la vez intenta establecerla como si en verdad la Escritura la validara sin mencionarla. Pero como el asunto ya no encaja con el modo actual de formular la cristología, el término es presentado desligado de sus orígenes paganos y actualizado como doctrina cristiana.

“A) El problema de la preexistencia de Jesucristo

1. Mientras la cristología clásica pudo presuponer la teología trinitaria, la preexistencia de la naturaleza divina de Jesús no ofrecía un aspecto de gran problematicidad. Pero en la investigación cristológica de los tiempos recientes, que considera, sobre todo, la vida terrestre de Jesús a la luz del método crítico como comienzo y medida[11], esta preexistencia frecuentemente da la impresión de una alienación con respecto a la fe bíblica y religiosa, y de una transformación «griega» o especulación, más aún de un mito y un desprecio de la naturaleza verdaderamente humana de Jesús. Por ello, dicen que la idea de la preexistencia de Jesucristo no hay que entenderla hoy literalmente, sino sólo de modo simbólico. Sería expresión e «interpretación» de la unicidad, originalidad irreductible y trascendencia de Jesús con respecto al mundo y a la historia; Jesucristo no tiene origen intramundano. En estas teorías actuales, la idea de preexistencia aparece apagada y suprimida.

2. Los intentos de explicar las afrmaciones bíblicas sobre la preexistencia de Jesucristo a partir de fuentes míticas, helenísticas y gnósticas no han tenido éxito; por el contrario, hoy tienen más relieve las semejanzas de la literatura intertestamentaria[12] y, sobre todo, los impulsos veterotestamentarios de la teología sapiencial (cf. Prov 8, 22ss, Sir 24). Ulteriormente se estiman más los temas propios de la evolución de la cristología bíblica: la relación única y específca del Jesús terrestre con Dios Padre (Abba, como dice Jesús), la misión singular del Hijo y la resurrección gloriosa. A la luz de su exaltación el origen de Jesucristo se entiende clara y definitivamente: sentado a la derecha de Dios, es decir, en su condición de «posexistencia» (= después de la existencia terrena), él preexiste junto a Dios ya «desde el principio» y antes de su venida al mundo. Desde el acontecimiento escatológico .” (Comisión Teológica Internacional. Teología-Cristología. A) El problema de la preexistencia de Jesucristo. 1982).

El problema con la interpretación y exégesis extrabíblica urge a sus formuladores el deber de revisar constantemente sus propias conclusiones previas para actualizarlas dentro del marco de la contemporaneidad. Esto es lo que, entre otras cosas, declara la Comisión Teológica Internacional, que es una agencia del Vaticano. Así como la formulación del dogma trinitario tomó unos trescientos años hasta que finalmente se dio por terminada una declaración a la cual no fue necesario continuar modifcando. Así acontece con el asunto de la preexistencia de Cristo; por ser un elemento extraño no apoyado por la Santa Escritura se hace necesario, como dice la Comisión: “Pero en la investigación cristológica de los tiempos recientes, que considera, sobre todo, la vida terrestre de Jesús a la luz del método crítico como comienzo y medida[11], esta preexistencia frecuentemente da la impresión de una alienación con respecto a la fe bíblica y religiosa, y de una transformación «griega» o especulación, más aún de un mito y un desprecio de la naturaleza verdaderamente humana de Jesús. Por ello, dicen que la idea de la preexistencia de Jesucristo no hay que entenderla hoy literalmente, sino sólo de modo simbólico”. En palabras más cortas, el asunto de la preexistencia requiere de cambios de puntos de vista en la medida en que van surgiendo necesidades de adecuarla a los tiempos contemporáneos; hasta que conforme los siglos transcurran, se logre un explicación que sea enteramente funcional.

En conclusión, la preexistencia no existe en la Palabra de Dios. Sencillamente el Hijo de Dios nunca existió antes de existir, o lo que es igual a decir que Él nunca preexistió antes de existir; como ha declarado la Iglesia, esa doctrina es postbíblica, o sea, aparte de lo que la Biblia enseña, y si se valida la preexistencia de Cristo habría que validar también nuestra preexistencia como ya ha sido mencionado arriba. FIN.