Se hace aquí un breve análisis de las palabras de 1 Pedro 3:19 para explicar la situación del mundo antediluviano.

“Asimismo, Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; y en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”. 1 Pedro 3.18-20

La Sagrada Escritura contiene tópicos que despiertan la curiosidad de los lectores quienes a la vez sienten curiosidad por conocer una explicación razonable. Usualmente, tales tópicos, abundantes por cierto, son tan estimulantes que mueven al interesado a emprender una búsqueda en la cual acuden a otros lectores de la Palabra o consultan a pastores que, ante tales preguntas, muchas veces se miran en la necesidad de improvisar cualquier respuesta. Lamentablemente quien responde no toma reparos en medir las consecuencias de una respuesta sin base en el trasfondo bíblico. Es debido a ese tipo de respuestas que el ambiente cristiano abunda en creencias basadas en imaginaciones, o sea, no brotadas de la relación con la Biblia sino de la improvisación; así, poco a poco, esa respuesta inicia un recorrido extenso que posiblemente trasciende el tiempo y la geografía.

Aunque tales preguntas suman millones, y las respuestas igual cantidad, citemos tres:

1. El día del Señor: Apocalipsis 1.10 “Estando yo en el Espíritu en el día del Señor”. Según Marcos 2.27-27 el día del Señor es el Sábado; sin embargo, desde los días en que los obispos católicos emprendieron su labor de desprestigiar el cuarto mandamiento para establecer el primer día de la semana como día de reposo, ese día ha venido siendo el día de reposo cristiano. Así, cualquier pastor, líder o teólogo, sin vacilar, ni temor a pecar contra Dios, declara que el Sábado fue anulado por Cristo y que el día de guardar es el domingo. Semejante cambio es contrario a la voluntad de Dios, sin embargo, el Cristianismo no toma reparos al respecto.

2. Los que se bautizan por los muertos: 1 Corintios 15:29 “De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si de ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?”. La explicación de este pasaje lo proporciona una organización religiosa nacida en Estados Unidos la cual enseña que sus feligreses se pueden bautizar a favor de sus familiares fallecidos.

Por supuesto que Pablo no está diciendo que los vivos se pueden bautizar por los familiares muertos, sin embargo, millones de personas creen que él quiso decir eso. Entender las palabras de Pablo, lo cual no es difícil, conduce a entender el verdadero significado, pero no entenderlo resulta en falsa interpretación.

3. El ministerio de muerte 2 Corintios 3:7: “Si el ministerio de muerte grabado con letras en piedras fue con gloria, tanto que los hijos de Israel no pudieron fijar la vista en el rostro de Moisés a causa del resplandor de su rostro, el cual desaparecería”. Generalmente se piensa que la Ley de Dios, grabada en piedras, es el ministerio de muerte, cuando que la Ley y el ministerio que se le asignó son dos cosas diferentes. Otra vez digo, si se toman los debidos reparos entonces se consigue entender correctamente la Palabra de Dios.

Así entonces, las enseñanzas apostólicas, fáciles de entender, han venido a ser tan difíciles hasta el grado de existir varias explicaciones sobre cada tópico, que en realidad nada tienen que ver con el verdadero trasfondo desde el cual los escritores inspirados escribieron sus enseñanzas.

Esta tergiversación de ideas incluye la declaración de Pedro que encabeza este estudio, y actualmente el asunto es explotado dentro del campo espiritista y esotérico, viniendo de esa manera a convertir las enseñanzas apostólicas en creencias promovedoras de cultos demoníacos.

Comencemos pues nuestro estudio en los siguientes subtítulos, mostrando que las palabras de Pedro no poseen el significado que popularmente se les ha dado.

En el evangelio no hay retrospección

Retrospección viene siendo algo así como revisar eventos pasados. Aplicado al asunto que nos concierne en este estudio, se puede decir que la retrospección significa volver al pasado para corregir aquello que en su tiempo no fue corregido. Desde el punto de vista idealista eso es posible pues se cree que Pedro lo afirma; sin embargo, de acuerdo a la Biblia, el pensamiento popular queda relegado a una posición sin importancia pues los antediluvianos tuvieron, en su tiempo, su propia oportunidad de salvación como se demuestra más adelante, y aprovecharla o desperdiciarla fue su decisión. Lamentablemente, la desaprovecharon y la condenación les vino. Pablo, en Romanos 5.14, dice:

No obstante, reinó la muerte desde Adán hasta Moisés, aun en los que no pecaron a la manera de la transgresión de Adán, el cual es figura del que había de venir.

Considerando los alcances de este texto se puede razonar respecto a lo siguiente, si Jesucristo, o su mensaje, tuvieran efectos retroactivos, y Él, como popularmente es creído, hubiese ido a predicar a los antediluvianos, entonces la muerte eterna no habría existido en tiempos pasados pues la humanidad, partiendo desde Adan, habría tenido oportunidad de arrepentimiento y de salvación, pero según las palabras de Pablo tal cosa no sucedió. Los transgresores, desde la primera pareja, están en el sepulcro aguardando el momento en el cual serán llamados para comparecer ante el juez en el día del juicio.

El momento vino cuando Dios reforzó la oportunidad de salvación viniendo a estar disponible a partir del sacrificio en la cruz; de allí en adelante el mensaje de salvación es predicado en todo el mundo. Pero sus alcances no son retroactivos sino progresivos. No existe en todas las Escrituras del Nuevo Pacto algo que sugiera alcances retroactivos bajo ninguna forma; y si Cristo hubiese ido a predicar a los antediluvianos ¿qué sucedió con los postdiluvianos?

Contrario a la posibilidad de un tipo de salvación retrospectivo, Pablo dice que la muerte reinó desde Adán hasta Moisés (Romanos 5:18), es decir, desde que el hombre desobedeció en el Edén hasta que la Ley de justificación, dada por Dios a través de Moisés, terminó en la cruz. Esto significa que las palabras de Hebreos 9.27 aplican para todos en todo tiempo:

Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio,

Lo que se perdieron se perdieron para siempre no por ignorancia sino por determinación personal de mantenerse indiferentes a la misericordia de Dios; y no hay maneras de rescatarlos retrospectivamente mediante el sacrificio de Cristo. De allí surge el entendimiento claro acerca de que la salvación ofrecida por Dios tiene efectos eminentemente progresivos que de ninguna manera pueden ser alterados o modificados con el propósito de favorecer a algún segmento de la humanidad preevangélica, por esto digo que en el evangelio no hay retrospección.

2 Pedro 3.16 dice que algunas declaraciones de Pablo son difíciles de entender, y sin embargo las mismas palabras de Pedro (1 Pedro 3.18-20) están colocadas en el mismo nivel hoy en día.

La iniciativa personal desde Adán hasta Moisés

Todo lector de las Escrituras puede notar que en Caín y Abel se establece la iniciativa individual como elemento principal para definir el futuro personal.

Las referencias acerca de Caín lo presentan como un individuo de doble ánimo, es decir, intentaba establecer relaciones amistosas con el Creador lo cual era excelente, sin embargo, deseaba hacerlo desde su propio punto de vista lo cual fue un grave error; esto está demostrado por el tipo de ofrenda que presentó. Dios la rechazó pues no provenía de lo mejor que había cosechado, y por no serlo el registro dice que esa ofrenda no fue vista con agrado. Así, recalco, Caín es presentado como persona de doble ánimo sencillamente porque quería establecer comunicación agradable con el Eterno, pero al mismo tiempo intentaba que esas relaciones estuvieran basadas en su modo de pensar. Olvidó que quien pone las condiciones es el Altísimo, y para agradarlo se le debe ofrecer lo mejor, evitando ofrecerle cualquier cosa, o lo que sobra, o lo que nos parezca de mala calidad o en segundo plano. Caín era mezquino, egoísta, tacaño malintencionado. No era libre para dar de sí mismo lo bueno; ese hombre estaba oprimido, sin libertad de sentimientos excelsos de esos que agradan a Dios, y por eso fracasó. Tenía en sus manos toda la oportunidad de evitar seguir los pasos desobedientes de sus padres, pero no la aprovechó, quería recibir el agrado de Dios a su propia manera.

Abel representa el lado opuesto, el lado correcto. Para él, la ofrenda debía provenir de lo mejor; debía evitarse lo secundario, lo que se considerara de menos calidad, en otras palabras, no debía ser cualquier cosa sino algo especial, ofrendada con pureza de corazón, después de todo, se trataba de una ofrenda dedicada al Creador al cual intentaba agradar. Abel alcanzó su propósito y triunfó. Como su hermano Caín, Abel tenía la misma oportunidad de restablecer las buenas relaciones perdidas por sus padres, y la supo aprovechar agradando a Dios, Caín falló.

Así puede mirarse que, después del pecado en Edén, la adoración a Dios, y los intentos de vivir según Su voluntad, dependían de la persona en sí. Aunque no existían leyes escritas en alguna superficie, existía la ley del sentido común, la cual es propia de los seres creados a imagen y semejanza del Creador. Del sentido común dependía optar por acercarse a Dios o alejarse de él. Abel tomó la mejor opción.

De entre los descendientes de la primera pareja eventualmente nació Set. No está escrito que él haya seguido el mismo camino de su hermano Abel, pero está escrito que sus descendientes sí caminaron el mismo camino de su tío Abel agradando al Altísimo. La descendencia de Set está registrada en Génesis capítulo 5.

Génesis 4:26 dice que los descendientes de Set fueron adoradores de Dios, con lo cual en ese momento se establecen dos descendencias caminando rumbos diferentes, la de Caín y la de Set. La de Caín siguió los pasos de su padre viviendo en enemistad con Dios, mientras que la de Set siguieron los del suyo. Lamentablemente, andando el tiempo la descendencia de Set sucumbió siendo absorbida por la de Caín, viniendo de esa manera a existir una sola corriente que desagradaba a Dios.

No parece que para la simiente de Caín la condición de enemistad con Dios haya sido motivo de pena o preocupación, pero para la descendencia de Set esa situación fue enteramente desastrosa, dolorosa y de mucha angustia, muy desesperante y tan larga que duró más de seiscientos años, y por lo que se mira en el registro bíblico acerca de las causas por las cuales vino el diluvio, por haber sucumbido al pecado, la descendencia de Set eligió pena y angustia. De esto, Génesis 5:28-29 dice:

Vivió Lamec ciento ochenta y dos años, engendró un hijo y le puso por nombre Noé, pues dijo: "Este nos aliviará de nuestras obras y del trabajo de nuestras manos en la tierra que Jehová maldijo.

Esta exclamación profética anunciaba la venida del momento en que la opresión que el pecado estaba ejerciendo sobre los humanos, principalmente sobre la descendencia de Set, iba a terminar. Es curioso, pero pareciera que Lamec conocía la futura destrucción que esperaba a la simiente de Set. Y así fue, todo terminó con el diluvió. Aquella angustia, aquel sufrimiento del alma abatida, producido por el pecado, por fin iba a terminar.

Pero para la humanidad no todo estaba perdido; la Santa Escritura dice que Noé no se contaminó con el pecado como lo hicieron los otros descendientes de Set, más bien optó por imitar a Abel, y a Enoc quienes alcanzaron el beneplácito divino. Noé fue examinado y encontrado justo porque su decisión había sido mantenerse alejado del mal, de la corriente que vertiginosa corría hacia el despeñadero.

Los espíritus encarcelados

Ahora préstese cuidadosa atención al relato de Génesis 5 porque estos son los espíritus encarcelados mencionados por Pedro. Éstos son los que durante ciento veinte años, día a día, miraban cómo Noé construía aquella embarcación. Hombres y mujeres de los cuales Génesis 4.26 declara:

Y a Set también le nació un hijo, al que puso por nombre Enós. Entonces los hombres comenzaron a invocar el nombre de Jehová.

Éstos eran, repito, los espíritus encarcelados o, lo que es igual a decir, los espíritus oprimidos por el pecado, sin fuerzas para romper las cadenas de la opresión con la cual voluntariamente se ataron y que después fueron incapaces de desatarse.

La construcción del arca

El justo Noé merecía la salvación debido a que su iniciativa personal le había prevenido de las horribles consecuencias de servir al pecado. Prefirió vivir libre, guardándose de toda contaminación, que vivir en la angustia del pecado. Como su tío Abel, así él.

Debido a esa decisión el Creador le ordenó construir un arca en la cual salvarse con toda su familia y los animales. Aquí resalta algo que debe notarse, y es que la humanidad iba a ser destruida pasados ciento veinte años, esto significa que construir el arca le tomó esa cantidad de tiempo. Otro aspecto notable está en que la construcción no fue hecha en lo oculto, en secreto, sino a vista de todos, en pleno día. Esto significa que con su trabajo Noé estaba predicando que el fin estaba cerca, cumpliéndose así la profecía de Lamec mencionada en la columna anterior. Por esta predicación, en 2 Pedro 2.5 Noé es llamado “pregonero de justicia”. Aquellos que antes habían invocado el nombre de Dios al cual adoraban ahora estaban encadenados por el pecado, sentenciados por sus propios deseos a vivir en la obscuridad de su enemistad con Dios, estaban siendo advertidos que la destrucción cada día se acercaba más y más. No hacía falta una Biblia en la mano para predicar la destrucción, bastaba con estar construyendo el arca para advertir que el peligro era inminente; lamentablemente, aquellos antediluvianos, en otro tiempo adoradores de Dios, tuvieron en poco el mensaje de que el arca era la salvación. Un tercer aspecto interesante lo constituyen las palabras del Altísimo, porque ellas no prohiben que Noé pudiera recibir ayuda, eso significa oportunidad para que quienes quisieran escapar de la muerte pudiera abandonar su estilo de vida, volverse a Dios y ayudar en la construcción.

Seguramente Dios en ningún momento ha querido la muerte del impío, por eso proporciona los medios para escapar del horrendo fin. Pero esos medios deben ser deseados por la persona, y los debe tomar al serle ofrecidos. Dios regala la salvación, pero es la persona en sí la que debe sentir necesidad de alcanzarla, porque la salvación es gratis para quien la desea, peo nunca es otorgada si la persona no la desea.

Pero aunque el número de posibilidades podría ser más grande, la intención de la simiente de Set y la de Caín, que para ese momento ya habían formado una sólida unión, no era poner atención a la razón por la cual Noé construía el arca, después de todo, eso de un diluvio, que era la razón para construirla, se miraba improbable. Una familia trabajando en un proyecto para evadir algo que nadie creía posible de sobrevenir no era motivo de preocupación en la comunidad.

No está escrito que Noé haya invitado a la gente a colaborar en la construcción, pero el sentido común fácilmente concluye en que la necesidad, o la curiosidad, mueve a los individuos a preguntar sobre aquello que nos parece inusual; de eso resulta la posibilidad de que el anuncio del diluvio que estaba por venir haya sido mencionado siempre que surgía pregunta del por qué la construcción de aquel enorme cajón.

Es claro que la indiferencia, el comentario sarcástico y el desinterés fueron la reacción ante la respuesta de Noé; con todo, esa indiferencia les fue fatal, pues venido el tiempo, ellos vieron con gran sorpresa cómo aquello que el siervo de Dios estaba construyendo en verdad era necesario.

De esa manera, entretanto Noé trabajaba largos ciento veinte años en aquella construcción, predicando con ello la venida del desastre, sus vecinos miraban la obra sin ninguna importancia; más bien parece que no les interesaban las razones por las cuales su vecino estaba llevando a cabo tan extraña obra. Así transcurrió el tiempo hasta que la puerta de aquella pesada embarcación fue cerrada por Dios.

Podría entenderse que Dios cerró aquella embarcación para que Noé no pudiese abrirla para permitir el acceso de quienes, angustiados por el nivel del agua que poco a poco iba subiendo, acudían a solicitar refugio.

Ciento veinte años construyendo el arca al calor del sol, en días despejados, en frente de los habitantes de aquel lugar, fue bastante tiempo.

Hoy nosotros nos damos cuenta que al estar construyendo el arca Noé estaba anunciando el mal que estaba por venir sobre una civilización encadenada, oprimida y encarcelada por el pecado. Es, lo que en términos evangélicos pudiéramos llamar, predicando para que la gente se arrepintiera. Esa predicación es mencionada por Pedro en su primera carta (3.18-20).

La condición espiritual de los antediluvianos

Por las Escrituras Griegas del Nuevo Pacto entendemos que la persona sin Dios es esclava del pecado (Romanos 6.12-15), no es libre, su señor, que es el pecado, la tiene atada y no le permite ninguna libertad para rebelarse, la única libertad que le permite es gozarse satisfaciendo la carne. Esto está testificado por las palabras de Génesis 6:5:

Vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos de su corazón solo era de continuo el mal.

Aquello que generalmente es identificado como gozo y placer de vivir en pecado, a la luz de la Escritura es esclavitud, en obscuridad moral sin ver la luz de la gloria altísima.

El mal había dominado completamente a todos los humanos, y ellos sentían gozo cuando su corazón les ordenaban satisfacer al pecado.

A manera de conocer los estragos del pecado sobre las personas, Pablo, hablando a Tito (3:3) dice:

Nosotros también éramos en otro tiempo insensatos, rebeldes, extraviados, esclavos de placeres y deleites diversos, viviendo en malicia y envidia, odiados y odiándonos unos a otros.

Esta cita se refiere en términos generales a lo que el pecado hace en la persona, y es exactamente la misma condición en la cual los antediluvianos se encontraban. Fueron personas que en semejante condición se mantuvieron mientras construía el arca.

El espíritu de Cristo en los profetas y en Noé

El término profeta popularmente es aplicado sólo a aquellos santos hombres dentro del pueblo de Israel que sirvieron de portavoces de Dios. Aunque esa aplicación es correcta, ha de saberse que no es exclusiva para ellos. El término profeta tiene significados más amplios, y fue también atribuido a Abraham (Génesis 20:10) aunque de ninguna manera sirvió al Altísimo en ese tipo de trabajo.

¿Por qué Abraham fue profeta? Lo fue sencillamente porque él era un representante de Dios. A dondequiera que iba siempre representaba a Dios por medio de su testimonio, y la gente con la cual trataba daba testimonio de que Dios estaba con él.

Este ejemplo es bueno para entender que el término profeta es más amplio de lo que popularmente se cree pues es aplicado a todo hombre que representa a Dios.

Así como Abraham, también Noé. Noé era profeta porque en la sociedad en que vivió representó fielmente a su Señor viviendo en santidad y sin intenciones de imitar a los paganos a su alrededor.

En base a esto, préstese cuidadosa atención a 1 Pedro 1:11:

El Espíritu de Cristo hacía saber de antemano a los profetas lo que Cristo había de sufrir y la gloria que vendría después; y ellos trataban de descubrir el tiempo y las circunstancias que señalaba ese Espíritu que estaba en ellos (Biblia Dios Habla Hoy)

(He creído conveniente transcribir de esta Biblia por considerar que es un lenguaje más claro que la ReinaValera del 95).

Pedro es claro en sus palabras, dice que era el espíritu de Cristo, o la inspiración de Cristo, la que influía sobre los profetas inspirándolos a profetizar las aflicciones que el Señor iba a padecer al venir a la tierra. Dice también que ese espíritu o inspiración los capacitaba para entender el tiempo cuando sus profecías tendrían cumplimiento.

Pedro es el único que explica quién inspiraba a los profetas; un poco más adelante en esa carta, vuelve a mencionar el espíritu de Cristo, o inspiración de Cristo en Noé al decir:

...y en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados. (1 Pedro 3:19).

La palabra “espíritu” dentro de la Santa Escritura posee muchos significados (vea el estudio: “Alma y Espíritu”) y si se conoce acerca de eso entonces el lector posee una buena base para entender que la palabra espíritu es usada por Pedro para significar inspiración. Porque el Hijo de Dios, muchos siglos antes de venir a la tierra, movió a Noé a testificar de la salvación por medio de la construcción del arca; en otras palabras, así como el espíritu de Cristo inspiró a los santos profetas, así inspiró a Noé. Obsérvese cuidadosamente que Pedro no está hablando de dos cosas diferentes; más bien el capítulo 1 y el 3 de su carta se relacionan con el mismo tópico. Sus palabras significan que la inspiración de Cristo, o el espíritu de Cristo, movió a Noé a construir el arca.

El Señor no viajó al pasado mientras estuvo muerto, porque en la Santa Escritura muerte significa que la vida termina. Él volvió a la vida hasta después de tres días porque el Padre lo revivió (Hechos 13:30). Algunos Cristianos creen que el Señor fue a predicar a los antediluvianos mientras estuvo muerto, pero esa creencia no tiene base en la Palabra de Dios, en el siguiente subtítulo se dan amplios detalles. Pedro explica cómo es que, en espíritu, el Señor predicó por medio de Noé:

Y si no perdonó al mundo viejo, mas guardó á Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de malvados. ( 2 Pedro 2:5)

Pregonero de justicia es la frase clave para entender lo que se viene diciendo; cuyo calificativo equivale a uno que anuncia el mensaje de Dios. Los profetas israelitas fueron pregoneros de justicia, los apóstoles fueron pregoneros de justicia, y Noé también fue pregonero de justicia. Todos ellos inspirados por la salvación de Dios.

Destruyendo la creencia popular

Después de haber hecho una consideración bastante amplia referente al orden en que las cosas sucedieron de acuerdo a la Palabra Inspirada, ahora pasemos a analizar las creencia popular acerca de los espíritus encarcelados y miremos cómo pierde su valor total. Hagamos el análisis bajo los siguientes numerales.

1. Mateo 27.45-50

Desde la hora sexta hubo tinieblas sobre toda la tierra hasta la hora novena. Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? (que significa: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?). Algunos de los que estaban allí decían al oírlo: A Elías llama este. Al instante, corriendo uno de ellos, tomó una esponja, la empapó de vinagre, la puso en una caña y le dio a beber. Pero los otros decían: Deja, veamos si viene Elías a librarlo. Pero Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

La consumación del plan preparado por Dios para dar salvación a la humanidad había sido completada brillantemente, el Hijo de Dios había muerto padeciendo la pena que todos nosotros merecíamos. La Creación entera se estremeció, el sol se obscureció, y los discípulos que rodeaban la cruz miraron cómo su Señor había sucumbido ante la ira de las autoridades judías. Pero todas estas son escenas paradójicas pues el Hijo de Dios murió para que nosotros tuviéramos oportunidad de vivir. Aquello que aparentemente había sido una rotunda victoria del diablo en realidad había sido su derrota. El Padre Altísimo, viendo a su Hijo padecer el dolor más atroz, estaba plenamente satisfecho viéndolo cumpliendo una misión para la cual ni en el cielo ni en la Tierra había uno capaz, Apocalipsis 5.3 lo testifica. Sí, el Padre Altísimo estaba plenamente satisfecho de aquella horrible muerte.

El Cordero de Dios murió de verdad, totalmente. Él no fingió morir como algunas mentes alegan. Su calidad de Hijo de Dios no calificó para impedir que la muerte triunfara sobre aquel cuerpo colgado de la cruz. Si Él no hubiera muerto la redención no habría sido posible. Los profetas del Antiguo Pacto y los Apóstoles dan fe de que Cristo murió de verdad, completamente.

El cuerpo puesto en el sepulcro fue verdaderamente el de un cadáver; el de un cuerpo sin alma ni espíritu; un cuerpo expuesto a la corrupción como cualquier otro cadáver. Tan expuesto a la corrupción estaba que fue precisamente antes que ese proceso diera inicio que se cumplió la profecía de David:

Porque no dejarás mi alma en el Hades ni permitirás que tu Santo vea corrupción. (Hechos 2.27)

Hades es lo mismo que tumba o sepulcro, y si el Señor no hubiera muerto totalmente entonces su cuerpo no habría quedado expuesto a corrupción.

Importante y crítico es entender que si el Señor no murió entonces nuestros pecados no han sido redimidos, todavía continúan sin remisión y por ende, la salvación no existe, pero repito, Los profetas del Antiguo Pacto y los Apóstoles testifican que sí murió completamente.

Mientras Cristo estuvo en la tierra sintió dolor, hambre, nerviosismo, sed, amor por sus amigos, compasión por los necesitados, miedo, y más. Los gnósticos se oponían a esta verdad y combatían la enseñanza del evangelio a este respecto; esa fue la razón por la cual Juan los desenmascara tildándolos de anticristos (1 Juan 4.2-3; 2 Juan 7). En esto el mensaje apostólico era glorioso porque brillantemente demostraba por medio de las Escrituras cómo el Señor vino a la tierra en calidad de hombre, y estando en esa condición sufrió muerte.

Entonces, ¿murió el Señor, o no? De acuerdo a las Sagradas Escrituras sí. Él murió, de otra manera la redención del mundo no habría sido posible.

2. Eclesiastés 9.5-6

Porque los que viven saben que han de morir, pero los muertos nada saben, ni tienen más recompensa. Su memoria cae en el olvido. También perecen su amor, su odio y su envidia; y ya nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol.

Jesucristo fue un humano tan natural como nosotros, con las mismas facultades del alma y del espíritu como nosotros; pues de no haber sido de esa manera, todas las manifestaciones que mostró entre el pueblo israelita como tal habrían sido aparentes, fingidas o hasta mentiras. Él lloró pues era humano, tuvo miedo pues era humano, etc.

Por haber sido tan humano como nosotros, al haber muerto, su memoria (o espíritu) fue puesta en total olvido como los demás muertos, en otras palabras, nosotros sabemos que existimos porque poseemos conciencia o espíritu, pero mientras el Señor estuvo muerto su conciencia le fue quitada, de otra manera no habría sido necesario que el Padre lo resucitara, más bien, si aun muerto hubiera conservado su espíritu, entonces no habría muerto y entonces Él hubiera podido levantarse sin ninguna ayuda.

3. Mateo 27.50

Pero Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.

“Entregar el espíritu” es una manera de decir que Él exhaló el espíritu, es decir, murió, porque el espíritu de vida por el cual nosotros somos seres vivientes, volvió a Dios que se lo había dado. El espíritu de vida le fue quitado. A este espíritu hace referencia Eclesiastés 12.7 al decir que “y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.”. En las Santas Escrituras Hebreas, la palabra espíritu posee al menos dos significados, uno es el aire en general, el otro es el espíritu o aliento de vida; éste último es el que nos mantiene vivos, éste es el que el Señor exhaló.

Habiendo exhalado el espíritu de vida era totalmente imposible que continuara vivo.

Con todo y que su muerte fue real y no sólo una acción aparente, o fingida, generalmente es creído que el Señor no murió, sino que mientras su cuerpo fue puesto en el sepulcro él continuaba vivo hasta el grado que retrocedió en el tiempo para ir a predicar a los espíritus encarcelados en los días de Noé.

Retroceder en el tiempo es sólo un argumento para justificar la idea de que mientras el Señor estuvo muerto fue a predicar a la humanidad en los días de Noé. Pero semejante idea contradice abiertamente al significado de muerte anunciado por los profetas y por los apóstoles.

Ya hemos visto cómo fue que el mensaje de Noé estuvo siendo proclamado durante ciento veinte años, que fue el tiempo que tomó la construcción del arca. El argumento por el cual se piensa que el Señor estuvo predicando en los días de Noé no se encuentra en las Escrituras sino en la mente que no encuentra una explicación razonable a las palabras de Pedro, la cual aquí ha sido expuesta en las páginas anteriores.

Las enseñanzas populares exponen, sin base bíblica alguna, que al morir, el Señor, en espíritu, fue a predicar a los antediluvianos ¿Puede esto ser explicado en base al significado de la muerte proporcionado por la Biblia? Sencillamente no.

Otra pregunta interesante nace del hecho incontrovertible de que nadie en lo absoluto puede alcanzar la salvación si no es por medio de Cristo. Los predicadores de ayer y de hoy lo sabemos ¿Existen bases sobre las cuales decir que los antediluvianos recibieron la invitación de aceptar a Cristo como su salvador? Porque en lo relacionado a Cristo, estrictamente hablando, se concluye en que nadie puede tener la oportunidad de la salvación si no es por aceptar su nombre para salvación. Y así, otras preguntas pueden ser hechas contra el argumento de la predicación a los espíritu encarcelados, cuyas respuestas serían sólo imaginaciones eisegéticas (no exegéticas)

Alma, espíritu y la filosofía griega

Una de las grandes dificultades que impiden ver con claridad el correcto significado de muchos versos de la Biblia está en modo tradicional en que esos versos son vistos. He aquí la causa:

En lo relacionado al alma y al espíritu la Religión Cristiana está basada sobre la filosofía griega la cual une ambas virtudes en una sola; es decir, enseña que alma y espíritu es lo mismo, en cambio la Palabra de Dios las toma como dos fuentes diferentes, Pablo las separa cuando en 1 Tesalonicenses 5.23 menciona espíritu, alma y cuerpo.

Aunque aceptar lo que la Biblia enseña es lo correcto, la Religión Cristiana no la toma en cuenta y prioriza la filosofía griega.

Los filósofos griegos (Platón) imaginaban que el alma era inmaterial, indestructible y inmortal; pensaba que el cuerpo es como una prisión dentro del cual está el alma y cuando el cuerpo muere el alma queda libre. Para él, el alma y el cuerpo son opuestos, por lo cual el alma mantiene el deseo de alcanzar la libertad la cual alcanza cuando el cuerpo muere.

Agustín de Hipona, y Tomás de Aquino son los pensadores por excelencia dentro del Cristianismo, a ellos se debe haber desarrollado la doctrina del alma. Pero innegablemente, su concepción del alma no es de ellos sino un préstamo que hicieron de las ideas de Platón. De esa manera, el Cristianismo, casi en su mayoría, cree que cuando una persona buena muere, inmediatamente va al cielo, y si las acciones personas fueron malas, entonces va al infierno o al purgatorio.

¿Qué significa esto? Significa que la concepción filosófica platónica es aplicada a 1 Pedro 3.18-20 y bajo esa modalidad se piensa que aunque el cuerpo de Cristo estuvo muerto, su alma o espíritu no murió, y por eso pudo ir a predicar a los espíritus encarcelados.

En palabras mas claras: la explicación que se da a las palabras de Pedro se basan en ideas del pagano Platón.

Conclusión

De no ser por las palabras del Señor Jesucristo (Mateo 24:38) “pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, 39 y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre”, y del apóstol Pedro 3.19-20 “y en espíritu fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron, cuando una vez esperaba la paciencia de Dios en los días de Noé, mientras se preparaba el arca, en la cual pocas personas, es decir, ocho, fueron salvadas por agua”, la determinación de Noé de obedecer la orden de construir el arca seguramente no sería motivo de interés, pero lo es porque el apóstol declara que construir el arca era un modo de predicar o anunciar las fatales consecuencias por venir.

La construcción del arca fue un mensaje de alerta acerca de algo que iba a suceder; y hoy entendemos que aquella gente fue notificada acerca del peligro con suficiente tiempo, cuando todo parecía tan normal que difícilmente alguien hubiera podido imaginar que a las puertas estaba el desastre.

Hoy en día el evangelio es predicado por que la inspiración o espíritu de Cristo está con nosotros. FIN.