El presente es un estudio profundo, en el cual se expone por qué los dones del Espíritu Santo, dados a la iglesia del primer siglo, fueron parte del plan de Dios para manifestar a los judíos la transición del antiguo pacto hacia el nuevo.

Introducción

La muerte del Hijo de Dios dio por terminada la vigencia del antiguo pacto, significando que las infracciones a la Ley nunca más volverían ser motivo de castigo, y el Altísimo no volvería a demandar obediencia a aquellos “principados y potestades” que habían predominado en Israel (Colos. 2:16), pues habían terminado en el calvario.

Conocer esa realidad fue extremadamente difícil para Israel debido al bajo nivel de conocimiento de la Santa Escritura en que se encontraban, y mucho más difícil les vino a ser identificar al profeta anunciado por Moisés (Deuteronomio 18:15-19) que vendría al tiempo señalado.

Para el tiempo en que Cristo estuvo en la Tierra el pueblo continuaba siendo gobernado bajo el régimen de la Ley, pero algunas interpretaciones que de ella se estaban haciendo no encajaban con el significado correcto, por consiguiente, el profeta que esperaban debía ser uno que se levantará en armas contra los opresores, uno al estilo de David. Pensaban que por ser hijo de David tenía que ser guerrero. Muy pocos temerosos a Dios descubrieron que el hijo del carpintero de Belén era el profeta anunciado por Moisés (Juan 3:2), en tanto que los demás permanecieron en incredulidad. Los incrédulos sabían en qué lugar iba a nacer (Mateo 2:3-6), lamentablemente, venido el momento endurecieron su corazón para ignorar las palabras de la profecía.

Así, aquel profeta que vino para librarlos de la pena de muerte por incumplimiento al pacto del Sinaí, encontró fuerte oposición a su propósito, y por último, fue sometido a una muerte indigna, expuesto públicamente a la vergüenza pública en medio de burlas.

Pero aunque el pueblo continuaba sin entender lo que estaba pasando, la oportunidad de una vida espiritual mejor estaba comenzando, después de todo, con la muerte de Jesucristo, el nuevo pacto había entrado en vigencia para beneficio de ellos.

En verdad, conocer el drama concerniente al pueblo de Israel a través de su historia es conocer una de las faces del plan de salvación de Dios para toda la humanidad. Pablo, conoció personalmente el carácter de Dios y su determinación a favor de Israel, por eso, hablando de la dureza de Israel y de la benevolencia de Dios hacia ellos, exclamó:

“¡Oh profundidad de la riqueza, de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuan insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” (Romanos 11:33 Nácar-Colunga).

Sólo conociendo ese drama (porque en verdad es un drama) se puede entender por qué el mundo Cristiano está en deuda con Israel, porque ellos fueron rechazados legalmente para dar al mundo la oportunidad de salvación. De allí que, aunque los tiempos de un mejor pacto, traídos por el Hijo, fueron rechazados, Dios ha mantenido firme la promesa hacia ellos, al mismo tiempo ha abierto la puerta de la salvación a todo el mundo.

El nuevo pacto anunciado por Jeremías 31:31-34 a Israel tenía que funcionar sin importar cuántos lo aceptaran o cuántos lo rechazaran. No importaba que el pueblo hubiera decidido continuar viviendo bajo un pacto que había quedado sin efecto, bajo un pacto que nunca más volvería a servir como medio de justificación.

El nuevo pacto vino para favorecer a Israel, para convertirlo en triunfador después de haber perdido la batalla contra la terrible fuerza del antiguo pacto en una lucha que no podía ganar. El nuevo pacto era salud y progreso espiritual, era dinámica que movería poderosamente en dirección vertical a quienes decidieran aceptarlo. En otras palabras, el nuevo pacto era lo óptimo, diseñado en amor para mostrar amor, diseñado en misericordia para mostrar misericordia.

Parte I
El plan de Dios

Dios, que todo lo sabe, había preparado las acciones que iban a apoyar la inauguración del nuevo pacto; de esto, el Señor resucitado dijo a sus discípulos:

”Estas son las palabras que os hablé estando aún con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo que está escrito de mí en la Ley de Moisés en los Profetas y en los Salmos. Entonces les abrió en entendimiento para que comprendieran las Escrituras.” Lucas 24:44-45.

El primer paso era preparar adecuadamente a sus discípulos para que conocieran a profundidad la Ley, los Profetas y los Salmos, o sea, para que conocieran toda la Sagrada Escritura, y de esa manera la aplicaran correctamente. Después de todo, iban a ser enviados a predicar a un pueblo que por unos 1500 años había estado viviendo bajo la Ley, y debían estar preparados para que su mensaje fuera irrebatible, poderoso y demostrable; un mensaje que los doctores de la ley serían incapaces de contrarrestar.

Aquella capacidad de entendimiento les era necesaria para explicar las desventajas del antiguo pacto y los beneficios del nuevo; de esa manera, aquellos doce hombres fueron transformados de ignorantes a doctores de la Ley; de oyentes a expositores, todo lo cual es fácil de mirar en las primeras páginas del libro de los Hechos. Así, el primer paso, que fue abrirles el entendimiento, estaba dado. El siguiente paso vendría unos días después:

“Ciertamente, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.” Lucas 24:49.

Es maravilloso y asombroso leer aquello que ocurrió en el día de pentecostés cuando el Espíritu de Dios descendió sobre aquel grupo. El relato dice que un estruendo semejante al producido por un viento fuerte fue escuchado, era el Espíritu del Altísimo que venía hacia ellos; lo maravilloso y asombroso aparece cuando se considera cómo aquella terrible fuerza inundó la sala donde se encontraban y se posesionó de cada uno, una posesión total que transformó la fragilidad humana en poder, que cambió las limitaciones por milagros, y esto no fue por pocos días sino durante toda su vida; fue en ellos un poder que nunca decreció, lo cual está demostrado por la autoridad conque hablaron desde que los tomó y continuaron teniendo hasta el fin de sus días. Una potencia que les hizo menospreciar sus vidas hasta la muerte con tal de predicar el evangelio.

Había que testificar que el hombre crucificado era el Hijo de Dios, y había que tener fuerza convincente en la palabra; había que declarar haberlo visto resucitado y que subió a los cielos, todo lo cual debía ser demostrado con habilidad tomando la Escritura como base.

Una lectura sin reparos, de Hechos 2, no puede mirar la gran fuerza conque Pedro habló en su primera testificación, pero cuando la atención se fija en ese acto entonces se mira cómo ese poder fue capaz de romper la dureza de los corazones presentes, trayendo como resultado la conversión de miles de personas en un solo acto. Las autoridades judías que los conocían se preguntaban de dónde habían adquirido el poder de hablar (Hechos 4:13) pero asentían que ellos habían estado al lado de su Señor.

La ciudad de Jerusalén fue sacudida violentamente por aquel terrible viento, pero no me refiero a los edificios sino a sus habitantes, que estando frente a aquellos hombres revestidos de poder, tenían la oportunidad de recordar a Aquél que días antes había caminado entre ellos predicando y haciendo muchos milagros. Era necesario que conocieran la diferencia entre el ministerio de muerte grabado en piedras y el ministerio del Espíritu; era necesario que conocieran las ventajas que Dios había preparado para quienes aceptaran el nuevo pacto, entre lo cual estaban grande señales, milagros, sueños, profecías. Pero el impacto más grande, más notorio, era el poder del Espíritu que se posesionaba de cada persona redimida, experimentando el poder que vuelve rico al pobre y sabio al ignorante; que llena de confianza a quien no tiene esperanza, que fortalece al débil, que valora a quien no posee ningún valor, y vuelve libre al esclavo.

Los moradores de Jerusalén tenían que conocer las ventajas del nuevo pacto para no continuar esperando justificación por obras sacrificiales muertas sino para alcanzar el poder de Dios que se manifestaba por medio de aquellos predicadores.

Parte II
La promesa (Joel 2:28-29)

“ 28 Después de esto derramaré mi espíritusobre todo ser humano,y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. 29 También sobre los siervos y las siervas derramaré mi espíritu en aquellos días.”

“Sobre todo humano” no significa sobre todo Israelita, sino sobre todos los convertidos al nuevo pacto; y las señales y las manifestaciones milagrosas en los miles de convertidos era señal de que la profecía de Joél se estaba cumpliendo.

Unas señales fueron para edificación de la iglesia, entre las cuales estaban las profecías, sueños y visiones. Las otras maravillas, entre ellas milagros, lenguas, interpretación de lenguas, eran para reforzar la predicación del evangelio.

Ante la dureza de los líderes judíos, y la poca capacidad del pueblo para tomar decisiones favorables a sus vidas, Dios estaba actuando con señales indubitables, lo cual era para despertar en ellos la iniciativa de buscar en las Escrituras la explicación para aquellas maravillas sobrenaturales que estaban mirando.

Quizás la vacilación, la indiferencia o la falta de capacidad del pueblo para entender que el nuevo pacto anunciado por Jeremías 31:31-34 se había cumplido hacía pocos días, fueron el más grande obstáculo que mantuvo a la mayoría en actitud opuesta al evangelio. No ignoraban las palabras de Jeremías, pero fueron incapaces de entender en qué punto de tiempo tenían que cumplirse.

Conociendo esas desventajas, Dios había preparado señales que acompañaran al evangelio (evangelio, o buenas nuevas, se refieren al mensaje de Dios respecto a la sustitución del antiguo pacto por el nuevo por medio de Jesucristo), por lo cual deseaba despertarles la conciencia por medio del potente mensaje basado en la profecía de Joel de tal manera que emprendieran la iniciativa de considerar la alternativa del cambio. Los milagros que miraban, y la fuerza conque el mensaje estaba siendo predicado no eran simple coincidencia, más bien la profecía de Joel era parte del plan de Dios para abrir el entendimiento del pueblo.

Las iglesias en Israel y en otras ciudades crecían porque el mensaje acerca de creer en Jesucristo como mediador del nuevo pacto iba amparado por la fuerza de las señales entre las cuales estaban: Sanidades, resurrecciones, transmisión del Espíritu Santo y otros. Ante tan notorias manifestaciones 144.000 judíos fueron convertidos, lo cual es una cantidad considerablemente grande si se toma en cuenta el corto tiempo que tomó a los apóstoles alcanzarla.

Parte III
Inauguración del nuevo pacto (Hechos 2:3-11).

“3 Y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos.

4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablaran.

5 Vivían entonces en Jerusalén judíos piadosos, de todas las naciones bajo el cielo.

6 Al oir este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua.

7 Estaban atónitos y admirados, diciendo: Mirad, ¿no son galileos todos estos que hablan?

8 ¿Cómo, pues, los oímos nosotros hablar cada uno en nuestra lengua en la que hemos nacido?

9 Partos, medos, elamitas, y los que habitamos en Mesopotamia, Judea, Capadocia, el Ponto y Asia,

10 Frigia y Panfilia, Egipto y las regiones de África más allá de Cirene, y romanos aquí residentes, tanto judíos como prosélitos,

11 cretenses y árabes, los oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios.”

El descenso del Espíritu de Dios sobre aquel grupo sirvió para dos propósitos: modificar el espíritu humano capacitándolo con la virtud de hablar en diferentes lenguas sin haberlas aprendido previamente, y para darles poder para predicar.

Si sólo se les hubiera dado el poder de hablar en lenguas seguramente no habrían tenido capacidad para anunciar las buenas nuevas; pero la profecía de Joel tenía propósitos relevantes que debían ser notorios en la tierra de Israel. ¿Para qué habría servido un número bastante grande capacitado para expresarse en otros lenguajes sin beneficio alguno? Claro que Dios no hace las cosas a medias, él no sólo los capacitó para hablar en otras lenguas además de la Hebrea sino que también les dio poder para testificar acerca de Cristo, del propósito de su muerte y de los beneficios de creer que su sangre fue derramada para confirmar el cambio del antiguo pacto al nuevo.

Así, el nuevo pacto tenía que ser introducido en Israel con gran impacto, con capacidad incluso de penetrar el espíritu de quienes habían llegado a Jerusalén procedentes de diferentes naciones. Para llevar a cabo aquella introducción primero vino el estruendo del viento (espíritu) Santo que estaba descendiendo y sorprendió a todos. Segundo, dando al grupo la capacidad de comunicación en múltiples lenguas, de manera que todos los judíos presentes conocieran el mensaje de salvación. Tercero, el poder de la testificación acerca de Jesucristo dado a aquellas personas humildes tenía mucho significado para los presentes que fueron impactados por lo que estaba ocurriendo. Tan significativo fue todo eso que las palabras de Pedro aclarando la situación los movió a un bautismo masivo. Sí, aquel evento los sorprendió y les derribó las barreras de incredulidad.

Antes de la venida del poder de Dios aquellos ciento veinte eran un grupo insignificante entre la sociedad judía, pero a partir de su venida, aquella calidad secundaría desapareció, y todos fueron convertidos en poderosos predicadores proclamando a Jesucristo y al nuevo pacto.

Seguramente hoy en día se mira Hechos 2 como el cumplimiento de una profecía. Otros lo miran como la primera manifestación de hablar en lenguas. Otros lo miran como el inicio de la iglesia de Jesucristo, y así sucesivamente. Pero lo que no se mira es que esa era una profecía que tenía el propósito de introducir el nuevo pacto en Israel por medio de aquella poderosa señal.

El plan del Altísimo era completo, primero, establecer el nuevo pacto por medio de la muerte de su Hijo, y segundo, validar ese pacto introduciéndolo por medio de poderosas señales. De esa manera, aquel grupo, dice Hechos 2, lo inauguró hablando de las maravillas de Dios, anunciando las virtudes del nuevo sistema de salvación en el cual el único requisito para aceptarlo era creer en aquél que hizo posible el cumplimiento de la profecía de Joel. Porque de no haber muerto el Señor no habría sido posible el derramamiento del Espíritu Santo, y sin Espíritu Santo no se habría iniciado la predicación del evangelio.

Así, Hechos 2 no es un simple registro al cual se le puedan agregar conjeturas acerca del descenso del Espíritu Santo, sino que fue la introducción del nuevo pacto en el pueblo de Israel.

Parte IV
Desarrollo y consolidación

A partir de la inauguración del nuevo pacto en pentecostés, el desarrollo de la iglesia en los años siguientes debía ser fuerte y estable hasta quedar consolidada. Había comenzado con poderosas señales y debía mantenerse en ese mismo nivel hasta alcanzar una posición dentro de la sociedad, primero en Israel y después en otras naciones.

El Espíritu Santo continuaba moviéndose fuertemente entre los convertidos a medida en que el tiempo pasaba, pero no sólo se movía entre ellos sino que los continuaba moviendo para una testificación constante a favor de quienes optaban por el cambio.

Realmente ningún opositor podía contener la fuerza del evangelio, y quienes lo aceptaban inmediatamente testificaban del cambio y de la esperanza de la salvación; era un cambio total de vida. 144.000, convertidos, como se dice arriba, no es una cantidad pequeña, y todos ellos perseveraban fervorosamente porque entendieron le diferencia entre adorar a Dios de acuerdo a las condiciones del Libro de la Ley y adorarlo por fe. Hechos 26:7 lo dice:

“Promesa cuyo cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche. Por esta esperanza, rey Agripa, soy acusado por los judíos.”

Ahora los habitantes de las doce tribus, que habían aceptado la salvación por fe, tenían la esperanza firme de alcanzar aquello que en otro tiempo les pudo haber sido negado debido a las infracciones cometidas a la Ley.

De esa manera, la predicación respecto al nuevo pacto se había consolidado en toda la tierra de Israel; el siguiente paso era declararle al pueblo que rechazó el nuevo pacto la reacción desfavorable de Dios y las consecuencias a que iban a quedar expuestos.

Parte V
El paso siguiente

El paso siguiente era cumplir otra profecía, la de Isaías 65:1. Desde siglos antes de venir Cristo, Dios había manifestado su desagrado hacia el pueblo desobediente que pensaba ser el único sobre la tierra con derecho de exclusividad. Pensaban que ser descendientes de Abraham según la carne les ponía en condiciones de invulnerabilidad, en cuyo caso Dios quedaba sin opciones para rechazarlos. Su poca capacidad de entender las Escrituras les impedía conocer el significado de las palabras dichas a Abraham “serán benditas en ti todas las familias de la tierra”; incluso parece que esa promesa no era entre ellos motivo de preocupación, y no parece que hayan sentido temor de perder su calidad exclusiva. Ignoraban que los tiempos en los cuales los gentiles iban a ser tomados con la misma categoría les iba a causar fatales consecuencias.

Así, el momento vino sin que ellos lo notaran, habían perdido el derecho de exclusividad. El favor de Dios nunca más volvería a serles exclusivo sino compartido con las naciones del mundo. Por labios de Isaías (65:1) Dios había dicho:

“Yo me dejé buscar por los que no preguntaban por mí y fui hallado por los que no me buscaban. Dije a gente que no invocaba mi nombre: ¡Aquí estoy, aquí estoy!”

Claro que por no haber entendido que Jesucristo era el ángel del pacto mencionado por Malaquías, continuaban creyendo poseer una calidad que Dios les había quitado. Si ellos no pudieron obedecer durante unos 1500 años, entonces la responsabilidad de las consecuencias no era de Dios sino de ellos. De esa manera, los cambios estaban diseñados por el Altísimo y, la calidad de ser hijos de Dios por Abraham había llegado a los gentiles.

Una de las primeras manifestaciones de que las cosas habían cambiado fue el derramamiento del Espíritu Santo sobre los gentiles, la siguiente sería hacerles entender que la inmundicia que pesaba sobre los gentiles había desaparecido y podían ser incorporados al nuevo pacto.

En el antiguo pacto los gentiles eran tenidos como animales inmundos (Hechos 10:15), desechados y sin esperanza, pero ahora todo eso eran cosas pasadas, porque en el nuevo pacto la oportunidad de adorar a Dios les vino a ser una puerta abierta. En Hechos 10:45-46 dice:

“45 Y los fieles de la circuncisión que habían venido con Pedro se quedaron atónitos de que también sobre los gentiles se derramara el don del Espíritu Santo, 46 porque los oían que hablaban en lenguas y que glorificaban a Dios.”

Sin lugar a dudas, aquello asombró a los judíos que, aunque ya habían empezado a vivir en Cristo, no estaban preparados para entender los cambios incluídos en el nuevo sistema. No habían entendido que ahora los gentiles podían alabar a Dios sin necesidad de convertirse en prosélitos del judaísmo, sin necesidad de someterse a la circuncisión, ni de celebrar festividades.

La razón por la cual aquellos gentiles reunidos en casa de Cornelio recibieron el don de hablar en otras lenguas fue como señal para los judíos que acompañaban a Pedro, ya que Lucas (escritor de Hechos) toma cuidado de comunicar el asombro de ellos al escucharles glorificar a Dios en diferentes lenguas. A los judíos había que abrirles el entendimiento acerca del cambio de condición de los gentiles, y la mejor manera fue poniendo frente a ellos aquello que nunca imaginaron que podía suceder, es decir, el recibimiento de los gentiles de parte de Dios.

Y así, no sólo los judíos convertidos al evangelio tuvieron la oportunidad de recibir el Espíritu Santo, sino también los gentiles. Los escritores del evangelio toman cuidado en registrar cómo Dios permitió a los gentiles gozar de los dones que él dispuso para edificar su iglesia.

Parte VI
Irregularidades en Corinto (1 Corintios 12)

“1 No quiero, hermanos, que ignoréis acerca de los dones espirituales.

2 Sabéis que cuando erais gentiles se os extraviaba llevándoos, como se os llevaba, a los ídolos mudos.

3 Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios dice de Jesús: «¡Sea anatema!», como tampoco nadie puede exclamar: «¡Jesús es el Señor!», sino por el Espíritu Santo.

4 Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo.

5 Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo.

6 Y hay diversidad de actividades, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.

7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para el bien de todos.

8 A uno es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de conocimiento según el mismo Espíritu;

9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro, dones de sanidades por el mismo Espíritu.

10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas, y a otro, interpretación de lenguas.

11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

12 Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo,

13 porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, tanto judíos como griegos, tanto esclavos como libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

14 Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos.

15 Si dijera el pie: «Como no soy mano, no soy del cuerpo», ¿por eso no sería del cuerpo?

16 Y si dijera la oreja: «Porque no soy ojo, no soy del cuerpo», ¿por eso no sería del cuerpo?

17 Si todo el cuerpo fuera ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuera oído, ¿dónde estaría el olfato?

18 Pero ahora Dios ha colocado cada uno de los miembros en el cuerpo como él quiso,

19 pues si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

20 Pero ahora son muchos los miembros, aunque el cuerpo es uno solo.

21 Ni el ojo puede decir a la mano: «No te necesito», ni tampoco la cabeza a los pies: «No tengo necesidad de vosotros».

22 Al contrario, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son los más necesarios;

23 y a aquellos miembros del cuerpo que nos parecen menos dignos, los vestimos más dignamente; y los que en nosotros son menos decorosos, se tratan con más decoro,

24 porque los que en nosotros son más decorosos no tienen necesidad. Pero Dios ordenó el cuerpo dando más abundante honor al que menos tenía,

25 para que no haya divisiones en el cuerpo, sino que todos los miembros se preocupen los unos por los otros.

26 De manera que si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él, y si un miembro recibe honra, todos los miembros con él se gozan.

27 Vosotros, pues, sois el cuerpo de Cristo y miembros cada uno en particular.

28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros,[p] luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.[q]

29 ¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros?

30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿Hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?

31 Procurad, sin embargo, los dones mejores. Ahora yo os muestro un camino mucho más excelente.”

Un pequeño análisis de este capítulo lleva a mirar irregularidades entre los convertidos de Corinto. Entre esas irregularidades estaba la manipulación que personas enemigas de Dios estaban llevando a cabo tomando a quienes poseían dones para sacar provecho, obsérvense los versículos 1-3:

“1) Y en cuanto a los dones espirituales, no quiero hermanos, que ignoréis. (2) Sabéis que vosotros erais gentiles, llevados, como se os llevaba, a los ídolos mudos. (3) Por tanto, os hago saber que nadie que hable por el Espíritu de Dios, llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo.”

La mención de aquellos que maldecían a Jesús podría sugerir que se trataba de judíos gnósticos, porque esa secta no creía que el HIjo de Dios hubiera tomado carne para ser humano, porque argumentaban que la carne es pecadora, es mala, y por lo tanto, siendo sin pecado, era imposible que el Hijo de Dios hubiera tomado semejante opción. Por su actividad contra Jesucristo, los gnósticos son mencionados varias veces por Pablo, Juan y Pedro. Esos individuos que anatemizaban a Cristo estaban adoctrinanado, para su provecho, a quienes poseían los dones del Espíritu con el propósito de formar un grupo de poseedores de los dones del Espíritu con creencias gnósticas.

Siendo Cristo el autor de los dones dados por el Espíritu, Pablo advierte a los corintios a no dejarse engañar por quienes validaban los dones pero a la vez rechazaban al Hijo de Dios.

Entre los dones recibidos por los corintios estaban: Palabra de sabiduría,
palabra de ciencia,

fe,
dones de sanidades,
operaciones de milagros,
profecía,
discernimiento de espíritus,
diversos géneros de lenguas,
e interpretación de lenguas.

Nueve dones son mencionados, pero esa lista no es conclusiva ya que en otras cartas Pablo menciona otros. Así, la iglesia en Corinto había sido bendecida por Dios para comunicar el evangelio no sólo por palabra sino por la manifestación de poderes sobrenaturales impactantes.

Si se observa con cuidado el orden en que los dones son colocados por Pablo, se puede apreciar que el don de lenguas y el don de interpretación de lenguas no son tomados como relevantes sobre los otros dones, más bien son colocados por último, lo cual no es coincidencia, no lo es sencillamente porque aunque éstos estaban sirviendo para anunciar el evangelio, no eran la base para solidificar el pueblo de Dios en el nuevo pacto.

En su mensaje (1 Cor. 12:14-22), Pablo dice:

“(14) Porque el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos. (15) Si dijere el pie: Porque no soy mano, no soy del cuerpo; ¿por eso no será del cuerpo? (16) Y si dijere la oreja: Porque no soy ojo, no soy del cuerpo; ¿por eso no será del cuerpo? (17) Si todo el cuerpo fuese ojo, ¿dónde estaría el oído? Si todo fuese oído, ¿dónde estaría el olfato? (18) Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como Él quiso. (19) Que si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo? (20) Mas ahora ciertamente son muchos los miembros, pero un solo cuerpo. (21) Y el ojo no puede decir a la mano: No te necesito: Ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros. (22) Antes bien, los miembros del cuerpo que parecen más débiles, son mucho más necesarios”.

Esto confirma lo dicho en el sentido de que dentro del cuerpo los dones de lenguas y de interpretación de lenguas no eran más importantes que los otros. Quienes poseían dones formaban un cuerpo diseñado para cubrir todas las necesidades de la iglesia, así, aquellos con el don de hacer milagros no eran más necesarios que los que profetizaban; aquellos con el don de palabra de sabiduría no podían prescindir de quienes tenían el don de sanidad, etc.

Pablo no dice que el don de lenguas haya dado relevancia a sus poseedores, más bien lo coloca igual que los otros, y todos tenían el deber de trabajar para edificar la iglesia manifestando al mundo las maravillas de Dios.

La falta de madurez de los corintios fue la causa de que el mal uso de los dones viniera a convertirse en un problema hasta el grado de que el asunto ocupara bastante espacio en la primera carta a los Corintios.

En el cuerpo de Cristo, que es la iglesia, ningún miembro es más importante o necesario que otro. Los ojos, si no pertenecen a un cuerpo de nada sirven, las manos, sin pertenecer a un cuerpo de nada sirven, etc., así, para que cada miembro desempeñe las funciones para las que fue creado debe pertenecer al cuerpo. Esto es aplicado al cuerpo espiritual de Cristo en donde cada persona con algún don es útil sólo si pertenece a la iglesia; desprendido de ella se vuelve inservible; de esta comparación se entiende que Pablo recomienda a los corintios no dejarse engañar por personas que blasfemaban de Cristo llamándolo anatema al tiempo que querían engañarlos para sacarlos del cuerpo de Cristo.

Parte VII
Uso incorrecto del don de lenguas (1 Corintios 14)

Por el modo en que Pablo habla, parece que obtener los dones del Espíritu no era difícil para los bautizados, él dice:

“Procurad, sin embargo, los dones mejores. Ahora yo os muestro un camino mucho más excelente.” (1 Corintios 12:31).

Procurar significa empeñarse por tomar algo que está al alcance, esa facilidad se debía a que el efecto de las señales mencionadas por Joel todavía no se había disipado, mientras ese cumplimiento estuviera presente, las manifestaciones del Espíritu iban a continuar disponibles para los redimidos que las desearan.

Pero seguramente los corintios no estaban visualizando correctamente el uso de algunos dones, dando lugar a cuestionar si en verdad estaban alcanzando el propósito para el cual Dios se los había dado. Esa fue la razón por la cual Pablo escribió recomendando a la iglesia usar sentido común a fin de que los dones sirvieran de manera efectiva. Obsérvense las palabras de Pablo en 1 Corintios 14:

“(14:1) Seguid la caridad; y desead los dones espirituales, mas sobre todo que profeticéis.”

La iglesia de Dios es un cuerpo en el cual la virtud de Dios, que es el amor, es la base que la sostiene; el amor es compasión y consideración hacia otros, porque el amor no está diseñado para el servicio personal sino para servir a otros. Poseer la virtud del amor, pero no saber cómo hacer uso de él es igual a no poseerlo; por consiguiente, “seguir el amor” es caminar bajo su guianza.

De manera que cuando la persona era guiada por el amor, y anhelaba los dones, los beneficios edificaban la iglesia y cumplían el propósito para el cual fueron dados.

Pero sobre todo que profeticéis”. La profecía era un don necesario pues era la fuente para conocer por anticipado el porvenir, por eso es que Pablo se los recomienda por sobre cualquier otro don.

La profecía era la revelación de Dios a la iglesia, advirtiéndole de malos hombres, de malos tiempos y de peligros. Los profetas no anunciaban el devenir en los siglos futuros sino profecías locales relacionadas con la iglesia. Agabo (Hechos 21:11) era profeta, Pablo también lo era (Hechos 20:29), lo mismo las hijas de Felipe (Hechos 21:9) aunque de ellas no está registrada su actividad. Así, los profetas eran necesarios porque sus mensajes preparaban a los redimidos sobre las cosas que les vendrían. Por esto la profecía era necesaria, en cambio las lenguas no eran para edificación.

“(14:2) El que habla en lenguas no habla a los hombres, si no a Dios , pues nadie lo entiende , aunque por el Espíritu habla misterios.”

¿Para qué podría servir el don de lenguas si sus poseedores hablaban ante gente que no entendía? ¿De qué servía hablar en lengua árabe en una congregación donde todos hablaban griego, o, para qué servía hablar en lengua copta en una congregación donde todos hablaban latín? ¿Qué beneficios podía alcanzar un mensaje predicado en lengua hebrea en una congregación de creyentes de lengua elamita, si, como dice Pablo, “nadie le entiende”? En semejante caso, el único que entendía era Dios mientras que los oyentes, para quienes iba dirigido el mensaje, quedaban sin ningún provecho.

“(14:4 ) El que habla en lengua extraña , así mismo se edifica; pero el que profetiza, edifica a la iglesia..”

En esta comparación Pablo define la profecía como más importante que el don de lenguas. El único que se edificaba al hablar en lenguas era la persona que hablaba porque sabía lo que decía, mientras los demás quedaban sin saber lo que había dicho. En cambio quienes tenían el don de profecía edificaban la iglesia porque hablaban el mensaje de Dios en la lengua de la comunidad.

“(14:5) Yo desearía que todos vosotros hablarais en lenguas, pero más aún que profetizarais, porque mayor es el que profetiza que el que habla en lenguas, a no ser que las interprete para que la iglesia reciba edificación”.

La insinuación de Pablo a que los corintios anhelaran hablar en lenguas se debía a la necesidad de predicar el evangelio a toda criatura. Entre más predicadores que hablaran lenguas hubieran los resultados serían mejores pues los visitantes a Corinto volverían a sus lugares llevando el mensaje.

“(14:6) Ahora pues, hermanos, si yo voy a vosotros hablando en lenguas, ¿qué os aprovechará, si no os hablo con revelación, con conocimiento, con profecía o con doctrina?”.

Una de las prioridades de Pablo era anunciar la salvación por Jesucristo y los requisitos sobre los cuales esa salvación era posible, por eso dice que su visita sería sin fruto si no llevare consigo revelación, ciencia, profecía o doctrina. Asimismo les confirma que visitarlos y hablarles en lenguas extranjeras sería sin ningún provecho. En tal caso lo más conveniente para aprovechar el tiempo era hablar de las revelaciones, o edificar la fe con palabras de sabiduría, o anunciándoles las cosas por venir, o enseñándoles doctrina en la misma lengua que todos conocían.

”(14:9) Así también vosotros, si por la lengua que habláis no dais palabra bien comprensible, ¿cómo se entenderá lo que decís?, porque sería como si hablarais al aire.” En otras palabras, “lo mismo sucede entre ustedes” si en vez de hablar para edificación de los demás deciden hablar sin que nadie les entienda.

Parece que la simplicidad de los corintios (mencionada por el apóstol en la segunda carta 11:3) era extrema al grado de no mirar lo infructuoso que era predicar en la congregación en lengua desconocida. “Hablar al aire”, como dice Pablo, significa hablar sin que el interlocutor entienda nada.

“(14:13) Por lo tanto, el que habla en lengua extraña, pida en oración poder interpretarla”.

Estando a muchos siglos de distancia de aquel maravilloso tiempo es imposible entender cómo Dios impartió el don de lenguas. Por lo que Pablo dice se entiende que hablar e interpretar eran dones diferentes, e incluso podría sugerir que el creyente podía anhelar el don de lenguas o el don de interpretar. También, la frase “pida que la interprete” puede entenderse también como “pida tener el don de interpretarla”.

“(14:18) Doy gracias a Dios que hablo en lenguas más que todos vosotros;”

“(14:19) pero en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento, para enseñar también a otros, que diez mil palabras en lengua desconocida.”

Por el entorno geográfico en el cual Pablo llevó a cabo su ministerio, podría inferirse que hablaba Hebreo, Griego, Árabe, Licaonio, Copto, Latín, Arameo, y por haber predicado en la región del Ilírico entonces debió haber hablado Báltico y Eslavo además de otros; pero él hablaba cada lengua donde correspondía. Él no hacía alardes de hablar diversas lenguas. Por eso, aunque hablaba más lenguas que cualquiera en la congregación, él usaba ese don sensatamente.

(14:23) Si, pues, toda la iglesia se reúne en un lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?

Es fácil entender el resultado catastrófico de hablar en diferentes lenguas todos al mismo tiempo, y también es fácil entender el concepto de los visitantes que los miraban hablar unos con otros sin entenderse. En semejante situación el don de lenguas era desperdiciado, y lo peor de todo era la opinión burlesca de quienes llegaban a observar pues en lugar de recibir edificación menospreciaban el evangelio.

“(14:24) Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado;”

En cambio, los visitantes eran edificados al observar a los profetas anunciando diversas cosas que iban a acontecer. Los profetas cumplían su cometido a cabalidad porque impactaban favorablemente tanto a los creyentes como a los visitantes anunciando de parte de Dios lo que iba a suceder.

“(14:25) lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.”

¡Qué sorpresa más impactante sería para los visitantes conocer por boca de los profetas la respuesta a sus inquietudes o deseos que a nadie habían comunicado! Decir a algún visitante: “Dios dice esto acerca de ti” era sobrenatural, y el impacto le haría entender que Dios conocía los secretos de su corazón.

(14:27) “Si alguien habla en lengua extraña, que sean dos o a lo más tres, y por turno; y que uno interprete.

(14:28) Y si no hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios..”

Hablar en lenguas no era un fenómeno involuntario que tomara por sorpresa a sus poseedores haciéndoles perder el sentido y les hiciera emitir sonidos carentes de significado, o que los agitara violentamente, y les hiciera saltar en la reunión al final de cuya sesión las personas quedaran agotadas y sudorosas y no supieran qué había sucedido; más bien, el don de lenguas, al igual que todos los otros dones, era manifestado por voluntad personal, era un don que la persona dominaba voluntariamente, cuando lo deseaba, en pleno dominio de sus facultades mentales, y las personas decidían cuándo hablar y cuándo no, esa es la causa por la cual Pablo los insta a que hablaran por turnos mientras otro interpretaba. Dios no maltrataba a sus siervos, agotándolos física y psicológicamente o agitándolos violentamente.

Que todo lo hacían por voluntad personal está testificado por el modo conque Pablo les recomienda que en cada reunión no hablaran más de tres personas, y que cada uno lo hiciera por turno, y mientras uno hablaba otro debía interpretar, y si no había alguien con el don de interpretar entonces nadie debía hablar en lengua desconocida.

Ese dicho popular de que “nadie puede ordenarle al Espíritu Santo lo que debe hacer y cuándo lo debe hacer” como se dice hoy en día, es sólo un vago argumento para justificar la presencia de un espíritu extraño en algunas congregaciones que se apodera de la persona para hacerle “hablar” un supuesto don de lenguas, ese arguento era desconocido para quienes poseían los dones genuinos. Porque todos los redimidos en el siglo I, e.C., determinaban cuándo usarlos. La claridad con la cual Pablo habla no da lugar a dudas respecto al uso de los dones y a la decisión de usarlos cuando la persona lo deseaba.

“29 Asimismo, los profetas hablen dos o tres, y los demás juzguen lo que ellos dicen. 30 Y si algo le es revelado a otro que está sentado, calle el primero.

31 Podéis profetizar todos, uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados.

32 Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas,”.

Por lo que se mira en estos versos, parece que quienes tenían el don de profecía estaban inclinados a intentar tomar la preeminencia en los servicios, ante eso, Pablo les recomienda que hablaran por turno, uno después de otro similar a lo que debían hacer quienes poseían el don de lenguas. Lo único que podía cambiar ese orden era un mensaje de Dios que debía ser dado a la congregación en carácter de urgencia, en tal caso, quien estuviere hablando debía ceder el lugar. Esa orden sugiere la posibilidad de obtener revelaciones urgentes en cualquier momento incluso durante los servicios.

Por último, la recomendación es clara, quienes poseían el don de profetizar debían regirse por la misma norma de los grandes profetas del pasado, es decir, no hablar mientras no fuera Dios quien los moviera a hablar, ¿cómo era esto? 2 Pedro 1:20-21 da una idea al decir:

“20 Pero ante todo entended que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos[b] hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo”.

De esa manera “sujetarse a los profetas” significaba evitar hablar cosas nacidas de la iniciativa personal, pues el mensaje debía proceder directamente de Dios. Al dar prioridad a algún mensaje urgente, las congregaciones eran edificadas, y se desarrollaban seguras, sin el peligro de alguna acción imprevista en su contra llevada a cabo por las autoridades, o por falsos profetas, o por falsos enseñadores, o por cualquier corriente diabólica cuyo propósito fuera causar daño a la doctrina de Jesucristo.

Parte VIII
Por qué era necesario el don de lenguas (1 Corintios 14:21-22)

“21 En la Ley está escrito: «En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.

22 Así que las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.”

Dios nunca hace nada sin haber propósito, de allí que el don de lenguas no vino simplemente como un espectáculo novedoso para atraer la atención de gente curiosa, sino porque él tenía un propósito claro y específico; ese propósito hay que buscarlo en la Santa Escritura. Véase lo siguiente:

Cuatro profecías estaban relacionadas con un mismo evento: Jeremías 31:31-34; Isaías 28:11-12; Joel 2:28-29; Isaías 65:1. Estas cuatro profecías se refieren a la sustitución del antiguo pacto y al modo cómo Dios iba a introducir el nuevo en Israel, asimismo, menciona la reacción negativa del pueblo y la determinación de Dios de facilitar la salvación a todos los gentiles.

De estas cuatro profecías la más conocida por el Cristianismo es la de Joel 2, la cual tenía el propósito de inaugurar poderosamente la entrada del nuevo pacto, y el pueblo, conociendo ese cambio por medio de los predicadores, debía entender claramente su vigencia, para eso el Altísimo los impactó fuertemente por medio del derramamiento del Espíritu Santo sobre aquellos ciento veinte discípulos que fueron movidos a testificar poderosamente acerca del cambio del antiguo pacto al nuevo.

La conciencia de los judíos fue sacudida fuertemente no por medio de escribas o fariseos o por profetas sino por un tipo de personas de las cuales nunca se imaginaron que podrían ser tomados por Dios para hablarles no sólo en Hebreo o Arameo sino en las lenguas de las naciones donde los judíos habían emigrado. Más de treinta lenguas son mencionadas en Hechos 2.

Al decir Pablo que “en la Ley está escrito”, no se refiere a la Torá (Torah en Inglés) sino al profeta Isaías 28:11-12:

“11 porque en lengua de tartamudos, en lenguaje extraño, hablará a este pueblo

12 A ellos dijo: «Este es el reposo; dad reposo al cansado. Este es el alivio», mas no quisieron escuchar.”

Las palabras de Dios, por labios del profeta Isaías, son de reproche por la dureza de entendimiento del pueblo; en repetidas ocasiones les había enviado su palabra por labios de sus mensajeros sin que la palabra hubiera impactado.

El mensaje, en otras lenguas, no sólo los movió a curiosidad, sino miles, que se hallaban en Jerusalén durante el derramamiento del Espíritu en el día de Pentecostés fueron movidos a ver la diferencia entre ambos pactos.

De la misma manera en que aquellos judíos que vivían en el extranjero fueron impactados por el mensaje en las lenguas en que habían nacido, ningún morador en la tierra de Israel quedó sin ser informado, todos recibieron el mensaje.

Verdaderamente, el plan de Dios de hablar al pueblo de Israel en otras lenguas tuvo éxito y 144.000 fueron los primeros frutos israelitas cosechados (Hechos 26:7; Revelaciones 7:5-12).

Pablo conocía perfectamente la causa por la cual las lenguas fueron un don dado a la iglesia, y por conocerlo lo declaró a los corintios. Sí, las lenguas fueron una señal para Israel, el pueblo conocía esa profecía.

El don de lenguas no fue dado originalmente para que los gentiles recibieran el mensaje sino para que los israelitas lo recibieran. Después que ellos lo hubieron recibido y aceptado lo transmitieron a los paganos. En otras palabras, aquellos catalogados como primicias del evangelio, cuyo número involucró a los ciento veinte, fueron los encargados de predicar a las naciones, Pablo entre ellos. ¿En cuántas lenguas pudo haberse predicado el evangelio? No se sabe, lo que sí se sabe es que fueron más de treinta.

Parte IX
Tergiversando la Palabra

Las palabras de Pablo son claras, el don de lenguas fue el cumplimiento de la profecía de Isaías 28:11-12 para que todo Israel escuchara el mensaje en las lenguas en que habían nacido viviendo fuera de su tierra.

Pablo era un siervo de Dios, y el Cristianismo a través de las edades ha dado por cierto que todo cuanto él escribió es legítima palabra de Dios.

Si las palabras de Pablo referente a Isaías son ciertas, entonces, ¿en base a qué es que hoy en día se dice que el don lenguas continúa vigente en tiempos modernos? ¿Acaso hoy en día continúa el plan de Dios de predicar a Israel la entrada del nuevo pacto? Sencillamente no, la Santa Escritura no apoya esa idea.

Aún más, desde el siglo I, e. C., en que los 144.000 de las doce tribus de Israel fueron señalados como primicias del evangelio, hasta el día de hoy, Israel ha sido endurecido por Dios de modo que no escuchen el evangelio, Pablo dice:

“No quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: el endurecimiento de una parte de Israel durará hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles..” Romanos 11:25.

Verter las palabras de Pablo a la lengua Española presenta algunos inconvenientes, de allí que otras versiones vierten la frase “el endurecimiento de una parte de Israel” como “un endurecimiento parcial de Israel”. Aunque las dos declaraciones podrían ser aceptables, la Reina-Valera del 95, por su lado, sugiere que una parte de israelitas fue endurecido y que la otra parte aceptó el evangelio, o sean los 144.000. Pero al verterlo en el sentido de que el endurecimiento de Israel es parcial, resulta más adecuado pues sugiere que ese endurecimiento no durará para siempre sino “hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles”. Verterlo de esta manera parece ir de acuerdo al contexto pues el verso 26 declara:

“Luego todo Israel será salvo, como está escrito: «Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad..”.

Mi opinión es que verterlo de este segundo modo es más cercano al contexto y es así como lo estoy tomando.

Así, con la introducción de los 144.000 como primicias del evangelio, el resto del pueblo ha sido endurecido contra el evangelio, pero ese endurecimiento es temporal hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles, después de eso el evangelio volverá a ellos para darles oportunidad de salvación como fue hace unos dos mil años. Hoy por hoy el evangelio continúa entre los gentiles mientras que Israel está endurecido.

Ahora, si Israel está endurecido, y el evangelio es para todas las naciones, entonces las palabras de Pablo en 1 Corintios 14:22: “Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; mas la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.” marcó los límites de tiempo hasta cuándo las lenguas iban a ser un don. Los únicos que siempre pedían señales eran los judíos, y a ellos es que Pablo se refiere.

Ese límite alcanzó hasta cuando los 144.000 fueron completados; y de ese don no se tienen noticias de haber continuado después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 de nuestra era. No hay registros históricos que muestren que las lenguas hayan continuado después de esa fecha.

Los intentos modernos de querer legitimar lo que hoy se dice es don de lenguas son abierta contradicción al propósito que Dios tuvo, y el balbuceo que se dice es el don de lenguas en realidad nada tiene que ver con el legítimo don de lenguas mencionado en las Escrituras.

El don de lenguas, de Hechos, fueron lenguas reales, habladas por los judíos de otras naciones y plenamente entendibles, con alfabeto y gramática. En cambio la imitación de hoy (nacida a principios del año 1901) no es fruto del Espíritu Santo sino del espíritu de confusión que mantiene engañadas a millones de personas, y las mantiene engañadas porque esos sonidos modernos que emiten no son las lenguas habladas en Pentecostés.

Lamentablemente, ya sea porque las almas necesitadas de la salvación desconocen la verdad, o porque no poseen tiempo suficiente para leer la Palabra de Dios y conocer la razón por qué Dios envió el genuino don de lenguas, prefieren caminar creyendo estar mirando aquellas maravillas sucedidas hace casi dos mil años.

Para tratar de validar lo que supuestamente es el don de lenguas algunas veces se hacen declaraciones que a simple vista se mira que son excusas, argumentos fraguados e inciertos, de los cuales las personas que los dicen más reflejan inseguridad que firmeza; generalmente sus argumentos empiezan con algo como esto: “se dice que ha habido lugares en los cuales un hermano habló en lenguas que otros entendían”, otros dicen: “he leído un papel que dice que en un lugar un hermano habló en lenguas y otro interpretó, pero el papel no menciona el lugar”, otros dicen: “el pastor dijo que ya se han dado casos de hermanos que han hablado otros idiomas sin que primero hubieran aprendido”, otros dicen: “un hermano cuenta que en cierto lugar alguien estaba hablando en lenguas, pero alguien que conocía esa lengua dijo que lo que el poseído estaba diciendo eran blasfemias...”. Etc.

Todas esas declaraciones en realidad no establecen nada a favor de lo que popularmente suponen es el don de lenguas, al contrario, lo atacan porque claramente dicen que esos sonidos producidos en algunas congregaciones no son el don de lenguas genuino.

Si hubiera, aunque fuera una persona en el mundo, que hablara en lenguas formales, semejante suceso sería relevante a nivel mundial y su poseedor, o sus poseedores serían conocidos y trabajarían a nivel mundial yendo por todo el mundo predicando como aquellos que genuinamente lo poseyeron en el ayer, y las organizaciones a las cuales pertenecieran no cesarían de proclamar al mundo que ellos poseen el genuino don de lenguas, pero nada de eso ha sucedido.

Si el verdadero don de lenguas, que terminó en el siglo I, fuera revivido por el Altísimo en estos tiempos, entonces sus profetas lo habrían profetizado, mas no es así, porque las lenguas fueron una señal para los incrédulos israelitas como dice Pablo, Ningún profeta de Dios dice que las lenguas hayan sido dadas para predicar a los gentiles, más bien, como se ha dicho arriba, los convertidos isrelitas (Pablo entre ellos) llevaron el evangelio al mundo después de haberlo recibido.

Ningún profeta menciona que dos mil años más tarde el don de lenguas fuera a resurgir. Ningún profeta de Dios pudo contradecir las palabras de Isaías 28, ni las de Pablo en 1 Cor. 14:22. Y si nadie las contradijo, de debe a que Dios no es Dios de contradicción, entonces lo que hoy se tiene como don de lenguas es una falsedad que la Biblia no apoya.

Las profecías se cumplen sólo una vez. Por ejemplo, Isaías dijo que Babilonia sería destruida, y se cumplió. Agabo dijo que Pablo iba a ser apresado, y se cumplió. Cristo dijo que Jerusalén sería destruida, y se cumplió, etc. ¿De dónde ha salido que la profecía de Joel vaya dando saltos en la historia para irse cumpliendo en cualquier grupo gentil sectario? Más de esto es mencionado en la siguiente sección.

Parte X
Después del siglo II

Los dones del Espíritu fueron dados por señal exclusiva al pueblo de Israel, eso es lo que Isaías 28 dice, y fueron por causa de la introducción del nuevo pacto en Israel; no fueron por señal a los gentiles, prueba de esto es que en ninguna parte de la Santa Escritura se menciona que esos dones hayan sido cumplimiento profético para llevar el evangelio a los gentiles.

Tampoco hay profecías que anuncien brotes esporádicos en los cuales la profecía de Joel deba cumplirse repetidas veces en lugares aislados como sucedió con las pretensiones de Montano (más abajo se habla acerca de esa persona).

Una vez la iglesia hubo cumplido el propósito de Joel es irrazonable pensar que deba continuar extendiendo su cumplimiento; y mucho más irrazonable es pensar que esa profecía haya ido dando saltos en la historia para venirse cumpliendo entre grupos de gentiles en una u otra nación. Ninguna profecía se cumple repetidas veces sino una vez en el tiempo en el cual debe cumplirse.

Por consiguiente, ninguno de los profetas modernos (Carlos Russell, Elena White, etc.) son dignos de crédito. Incluso algunas profecías de estas personas en realidad no son de ellos sino sólo vagas repeticiones de las profecías de los genuinos profetas inspirados por Dios en el antiguo pacto.

Las profecías “profetizadas” por ellos, por iniciativa personal, en contra de las palabras de 2 Pedro 1:20-21: “Entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; porque la profecía no vino en tiempo pasado por la voluntad del hombre; sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo guiados por el Espíritu Santo.”, han sido rotundos fracasos que sus seguidores han tenido que arreglar disimuladamente para dar a entender que ellos no se equivocaron. Los espíritus de los modernos profetas no se sujetan a los profetas de Dios, por eso todo cuanto han dicho no se ha cumplido y sus simpatizantes han tenido que remendar sus escritos para disimular la falsedad.

El Montanismo

Montano fue un pagano del Asia Menor, convertido a la Iglesia (Católica) allá por el 170 d. C., antes de su conversión era sacerdote del culto a Cibeles. Su sed de poder lo llevó a decir que “caía en éxtasis”, y que en semejante estado profetizaba, lo cual fue fuertemente rechazado por los obispos de la Iglesia (Católica) de aquel tiempo, Eusebio de Cesarea dice de Montano:

“7 Se dice que en la Misia de Frigia existe una aldea llamada Ardabán. Allí es, dicen, donde un recién convertido a la fe llamado Montano, por primera vez, en tiempos de Grato, procónsul de Asia, dando entrada en sí mismo al enemigo con la pasión desmedida de su alma ambiciosa de preeminencia, quedó a merced del espíritu y de repente entró en arrebato convulsivo como poseso y en falso éxtasis, y comenzó a hablar y a proferir palabras extrañas, profetizando desde aquel momento en contra de la costumbre recibida por la tradición y por sucesión de la Iglesia primitiva.

8 De los que en aquella ocasión escucharon estas bastardas expresiones, los unos, enojados con él por energúmeno, endemoniado, empapado en el espíritu del error y perturbador de las muchedumbres, lo pretendían y trataban de impedirle hablar, acordándose de la explicación y advertencia del Señor sobre estar en guardia y alerta con la aparición de los falsos profetas; los otros, en cambio, como excitados por un espíritu santo y un carisma profético, y no menos hinchados de orgullo y olvidadizos de la explicación del Señor, fascinados y extraviados por el espíritu insano, seductor y descarriador del pueblo, lo provocaban para que no permaneciera ya más en silencio.

9 Con cierta maña, o mejor, con tales métodos fraudulentos , el diablo maquinó la perdición de los desobedientes y, honrado contra todo merecimiento por ellos, excitó e inflamó además sus mentes adormiladas, ya lejos de la fe verdadera, y así suscitó otras dos mujeres cualesquiera y las llenó de su espíritu bastardo, de manera que también ellas se pusieron a hablar delirando, a destiempo y de modo extraño como el mencionado antes. El espíritu proclamaba bienaventurados a los que se alegraban y vanagloriaban en él y los enchía de sus promesas; a veces, sin embargo, por motivos supuestos y verosímiles, los condenaba públicamente con el fin de merecer también él capaz de argüir, mas, con todo, pocos eran los frisios enseñados. El orgulloso espíritu enseñaba además a blasfemar contra la Iglesia católica entera que se extiende bajo el cielo, porque el espíritu pseudoprofético no había tenido ni honor ni entrada en ella.

10 Efectivamente, los fieles de Asia se habían reunido para esto muchas veces y en muchos lugares de Asia, y, después de examinar las recientes doctrinas, las declararon profanas y las rechazaron como herejía; de esta manera aquéllos fueron expulsados de la Iglesia y separados de la comunión.

11 Esto es lo que se refiere en los comienzos; luego continúa a través de todo el libro la refutación del error montanista, y en el segundo libro dice del final de las personas antedichas lo que sigue:

12 Pues bien, puesto que nos llaman mataprofetas porque no admitimos a sus profetas charlatanes (dicen, efectivamente, que éstos son los que el Señor había prometido enviar a su pueblo), que ante Dios nos respondan: De los que comenzaron a hablar a partir de Montano y de las mujeres, ¿hay alguno, amigos, al que los judíos hayan perseguido o al que los criminales hayan asesinado? Ninguno. ¿Ni siquiera alguno de ellos fue apresado y crucificado por causa del nombre? Tampoco, desde luego. ¿Ni siquiera alguna de las mujeres ha sido azotada en las sinagogas de los judíos y lapidada?

13 Ni en parte alguna, en absoluto. En cambio, se dice que Montano y Maximila finaron con otro género de muerte. Efectivamente, es fama que éstos, por influjo del espíritu perturbador de la mente, que al uno y a la otra movía, se ahorcaron, aunque no a la vez, y que al tiempo de la muerte de uno y otra corrió abundante rumoreo que habían acabado y muerto de la misma manera que Judas el traidor.

14 Como también es rumor insistente que aquel inefable Teodoto, el primer, digamos, intendente de su pretendida profecía, hallándose un día como levantado y alzado hacia los cielos, entró en éxtasis y se confió por entero al espíritu del engaño, y entonces, lanzado con fuerza, acabó desastrosamente, al menos dicen que así fue.

15 Sin embargo, querido, no habiéndolo visto nosotros, pensamos que nada sabemos de ello; porque quizás haya ocurrido así, pero también quizás no han muerto así ni Montano ni Teodoto ni la susodicha mujer.

16 Vuelve a decir en el mismo libro que los sagrados obispos de aquel tiempo intentaron refutar el espíritu que había en Maximila, pero que otros se lo impidieron, colaboradores, evidentemente, de aquel espíritu.

17 Escribe como sigue:

Y por el espíritu que obra por Maximila no diga en el mismo libro de Asterio Urbano: ‘Me persiguen como a lobo lejos de las ovejas; yo no soy lobo, soy palabra y espíritu y poder’, antes bien que demuestre claramente el poder que hay en el espíritu, que lo pruebe y que por medio del espíritu obligue a confesar a los que en aquella ocasión se hallaban presentes para examinar y para dialogar con el espíritu que hablaba, varones probados y obispos: Zotico, de la aldea de Cumana, y Juliano, de Apamea, cuyas bocas amordazaron los partidarios de Temisón, impidiendo así que refutaran al espíritu engañador y descarriador de pueblos.

18 De nuevo en el mismo libro, a la vez que se dicen algunas otras cosas refutando las falsas profecías de Maximila, indica el tiempo en que escribió esto y menciona los vaticinios de aquella, en los cuales predecía que habría guerras y revoluciones; la falsedad de todo ello descubre él cuando escribe:

19 ¿Cómo no se ha evidenciado ya también esta mentira? Porque son ya más de trece años los transcurridos hasta hoy desde que murió aquella mujer y en el mundo no ha habido guerra, ni parcial ni general, sino que incluso para los cristianos la paz ha sido más permanente, por misericordia divinas...” (Historia Eclesiástica V 16. 7-19. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid.).

Aunque el relato de Eusebio continúa, la narración aquí transcrita da una idea acerca de Montano y de una de las mujeres que lo acompañaban.

Por curiosa semejanza, Montano tiene parecido con aquel Simón, el mago (Hechos 8:18), que pensó obtener por dinero el poder del Espíritu Santo. Porque aunque este exsacerdote pagano no ofreció dinero a ninguna persona, sí pensó que cualquier individuo, sin importar lo sucio de su espíritu y las intenciones de su alma, podía invocar al Espíritu de Dios como si fuera esclavo listo a acudir ante el llamado de su amo, como muchos en la actualidad imaginan, pues entretanto se dedican a hacer espectáculos públicos “milagrosos” invocan, con algarabía altisonante, al Espíritu Santo como un señor llama a su esclavo ante quien acude sin tardanza, olvidando que el Espíritu de Dios merece respeto ilimitado.

La referencia de Eusebio respecto a la “Iglesia” está claramente relacionada a la Iglesia Católica y no a las iglesias de Dios de las cuales él mismo menciona en otras partes de su Historia Eclesiástica; esto lleva a entender que aquel pagano, convertido al Cristianismo, se rebeló contra la fe de los obispos católicos, y con la pretensión de haber obtenido el don de profecía recriminaba a la Iglesia, lo cual fue totalmente rechazado.

En resumen, habiendo muerto el último de los santos apóstoles a finales del siglo I, e. C., setenta años más tarde un pagano pretencioso se levantó proclamando poseer el don de profecía.

Nadie le transmitió ese falso espíritu, sino que el mismo espíritu que poseía cuando era sacerdote de Cibeles, lo continuó manipulando haciéndole creer que era el genuino Espíritu de Dios.

Con la muerte de Montano y de la mujer a quien le transmitió ese espíritu, terminó aquella fanfarria.

Aunque el tiempo en que escribieron aquellos obispos podría decirse que era reciente (apenas unos 70 años después de la muerte del último de los apóstoles del Señor), ellos rechazaron aquellas pretensiones tildándolas de herejía, porque conocían que para ese tiempo el poder de lo alto había desaparecido.

Por ese mismo tiempo, se dice, aparecieron los escritores identificados como Padres Apostólicos, pero ellos tampoco mencionan vigentes los dones. Esto es interesante porque deja ver que el recuerdo de aquellas gloriosas manifestaciones estaba presente en sus mentes, pero ninguno de ellos declara su vigencia, mucho menos que alguno de ellos los haya poseído.

Algunos escritores modernos afirman que aparte de los montanistas, los gnósticos también declaraban poseer ese mismo espíritu, de donde surge la pregunta: ¿Cómo pudo ser posible que dos corrientes contrarias entre sí, heréticas, apóstatas y cultistas hayan imaginado poseer el Espíritu Santo? ¿Y cómo pudo ser posible que una profecía que ya se había cumplido en Hechos 2 pudiera ser revivida por paganos pretenciosos? Los únicos que creyeron que los dones anunciados por Joel se estaban volviendo a cumplir en Montano y en las dos mujeres eran sus simparizantes.

Parte XI
Cristianismo moderno

Aunque los siglos han transcurrido, la semilla de Montano, que estuvo enterrada por varios siglos, reapareció en Estados Unidos, y adquirió tremenda fuerza con el inicio del siglo XIX (propiamente dicho a partir del 1 de Enero del año 1901).

Aquellas tres personas: Montano, Priscila y Maximila decían caer en éxtasis, y en esa supuesta situación, “profetizaban”; eso es justamente lo que sucede en la actualidad.

Preámbulo al gran despertar

El lector de la Palabra puede leer el libro de Hechos, y ver la sencillez conque Lucas, escritor de Hechos, relata la escena del profeta Agabo anunciando a Pablo lo que iba a sobrevenirle en Jerusalén. El relato de Lucas, acerca de la profecía cuando Pablo anunció lobos rapaces (Hechos 20:29), presenta a un Pablo sereno, en plenas facultades mentales y sin necesidad de caer en trance, o en éxtasis o en sacudidas corporales, sino en estado normal, en pleno uso de sus facultades mentales. El libro de Revelaciones (Apocalipsis) presenta a Juan sereno, humilde, sin haber tenido que entrar en trance para profetizar.

Uno puede leer las cartas de Pablo y notar que él profetizó varias veces, pero en cada una estuvo en su juicio cabal, nunca salió de su estado consciente ni tampoco sus ojos quedaban abiertos, fijos, mirando a la nada.

¿De dónde, pues, Montano inventó que para profetizar había que entrar en arrebatos extáticos y quedar fuera de sí? Obviamente aquel individuo no examinó detenidamente las cartas apostólicas para ver el estado de los santos apóstoles al momento de profetizar sino que sacó a luz una modalidad totalmente extraña en donde los malos espíritus se posesionaban de él para “profetizar” contra las cosas de la Iglesia que le disgustaban.

El espíritu que estaba detrás de Cibeles, que se apoderó de Montano, vino a través de los siglos resurgiendo esporádicamente en diversos lugares del mundo para continuar obteniendo simpatizantes dentro de la Iglesia Católica.

Valga aclarar que ese extraño espíritu que se posesiona de los humanos no nació dentro del protestantismo sino en la Iglesia Católica, prueba de ello es el mismo Montano; de la Iglesia pasó al protestatismo. Claro que en ninguno de esos cuerpos denominacionales consiguipo dominar las masas, pero el tiempo nunca corre en vano y Satanás es quien obtiene el mejor provecho de los intentos humanos curiosos de explorar lo desconocido.

En tiempos modernos

Fue entre las décadas de 1970-1980 que el movimiento pentecostal alcanzó su punto culminante a nivel mundial; en aquel entonces todo mundo deseaba ser pentecostal, incluso las iglesias protestantes que desde su fundación se habían identificado como conservadoras fueron obligadas a hacer cambios profundos en sus liturgias para unirse a la revolución; las que no se ajustaron a la nueva modalidad muy pronto vieron cómo sus feligreses marchaban hacia otras iglesias que practicaban avivamientos.

Aquellas décadas fueron la gloria de movimiento pentecostal moderno hasta el grado que el número de simpatizantes muy pronto sobrepasó los cien millones. No todos hablaban lenguas ni todos profetizaban ni todos hacían sanidades, sin embargo, ser pentecostal era como cargar con orgullo una medalla de oro en el pecho para ser vista de todos.

En ese tiempo en movimiento pentecotal originó el estilo de levantar las manos para cantar con los ojos cerrados, allí nació la modalidad quejumbrosa de orar. Allí nació la imitación de los cantantes evangélicos de realizar gesticulaciones en imitación a los cantantes populares de música Rock.

Claro que entre el derramamiento del Espíritu, narrado en Hechos 2, y lo que se hace en estos tiempos, no existe ninguna relación. Lo que se hace hoy es totalmente independiente de aquella realidad milagrosa. Lamentablemente, los precursores del movimiento pentecostal, y los millones de simpatizantes que los apoyan, han aprovechado la falta de conocimiento bíblico de las masas para hacerles creer que lo que está sucediendo es exactamente la misma experiencia sucedida en el día de la fiesta de Pentecostés. De esa manera las masas, por desconocimiento de la Santa Escritura, viene a ser presa fácil del engaño.

Actualmente la fuerza del movimiento ha decaído considerablemente en comparación a como fue en las décadas mencionadas, ha decaído porque el humano se ha cansado de tanto “derramamiento” y procedió a realizar cambios. No se está diciendo que el número de simpatizantes haya decrecido, lo que se dice es que aquella fuerza mostrada en aquellas décadas ha disminuido porque el interés de millones en la actualidad apunta a las religiones alternativas.

Tal parece que las ganancias de cientos de millones de dólares anuales de los pastores radiales y de televisión, su vida lujosa, y los escándalos que han protagonizado y que por descuidos de ellos mismos han salido a la luz, ha sido uno de los factores determinantes que ha movido a millones de personas a perder el interés en el movimiento pentecostal y a buscar refugio en las religiones alternativas, ese movimiento alternativo está alcanzando buenos beneficios multitudinarios a costas del Cristianismo. Esos cambios incluso van en contra del movimiento pentecostal que ha dejado de causar sensación.

Las lenguas angélicas

Pablo dijo:

“Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena o címbalo que retiñe.” 1 Corintios 13:1.

Hay personas que al ser confrontadas respecto al don de lenguas, no pudiendo explicar la diferencia entre las lenguas que hablaban los judíos mencionados en Hechos 2, con lo que supuestamente son “lenguas” que hablan algunas personas del movimiento pentecostal, recurren ingeniosamente a decir que lo que ellos hablan son lenguas angélicas (¿-?).

Por supuesto que esas mismas personas declaran que no pueden comprobar, ni tampoco demostrar, que los sonidos que producen sean “lenguas angélicas”. Si no pueden comprobar, ni mucho menos desmostrar que sus sonidos son lenguas angélicas, ¿por qué acuden a argumentos engañosos?

En cierta oportunidad Pablo dijo:

“Y conozco al tal hombre (si en el cuerpo, o fuera del cuerpo, no lo se; Dios lo sabe), que fue arrebatado al paraiso, donde oyo palabras inefables que no le es dado al hombre expresar.” 2 Corintios 12:3-4.

El contexto de estos pasajes claramente dice que ese hombre es el mismo Pablo; y estas palabras podrían sugerir que está haciendo referencia a Hechos 22:17 “Volví a Jerusalén, y mientras estaba orando en el templo me sobrevino un extasis.”

Lo maravilloso de esto es que las palabras que escuchó fueron palabras inefables. Inafable es aquello para lo cual no hay palabras con las cuales describir lo que se ve o se oye.

Esta experiencia es la base que él tuvo para decir que aun cuando Dios le hubiera dado el don de hablar en lenguas angélicas, si careciera de amor, de nada le servirían.

Si Pablo claramente dice que esas lenguas pertenecen a un modo de comunicación que los humanos son incapaces de dominar, ¿cómo puede ser posible que cualquier persona hoy en día esté capacitada para hablar ese tipo de lenguas que ni siquiera el apóstol Pablo pudo hablar? ¿Son estas personas superior a Pablo, y han escuchado palabras que no le es dado al hombre expresar, pero ellos sí las pueden expresar?

Transmitiendo el espíritu

El espíritu (o las legiones de espíritus) con las que cuenta el movimiento pentecostal poseen fuerza suficiente para introducirse en las personas a quienes se les dice que lo que van a recibir es el Espíritu Santo.

La clave para transmitir ese espíritu está en que cualquier poseído ponga sus manos sobre otro que todavía no está poseído, y mediante una oración ese espíritu le es transmitido, a partir de ese momento el nuevo convertido pensará que en verdad posee el Espíritu Santo, y no le interesará que otros rechacen su creencia; el espíritu que le fue transmitido le dominará totalmente haciéndole creer que en verdad es el Espíritu de Dios.

Muchos incautos, y otros curiosos, han sido sorprendidos por los agentes transmisores que ofrecen oración, como la persona no sabe de qué se trata sino que piensa en algo bueno, cede, de esa manera el agente le impone sus manos en la cabeza o en los hombros, y mediante una oración, le introduce el espíritu (o legión de ellos), de esa manera, un nuevo miembro de la gran familia pentecostal ha nacido.

Parte XII
¿Cuestión de intolerancia?

Parece que el Cristianismo en general está demasiado lejos de ser un conglomerado de personas egoístas, que por no poseer el don de profecía, el de hablar en lenguas, el de revelaciones o el de sanidades, arremetan en contra de aquellas organizaciones que reclaman legitimidad para lo que imaginan ser dones del Espíritu.

Lo que pasa es que el sentido común del cual los humanos estamos dotados claramente pone al descubierto la verdad irrefutable de que ese espíritu al cual muchos identifican como Espíritu Santo en verdad no lo es; más bien son malicias espirituales que están activas y que se apoderan de las personas para hacer cosas nefandas, y a sus poseídos, incapaces de ver la realidad, los engañan haciéndoles creer que Dios es quien les ordena hacer cosas nefandas. Seguramente hay muchos casos bien conocidos en los cuales el espíritu diabólico les ordena a los poseídos proceder a hacer cosas inverosímiles y contrarias al bienestar social. Las noticias en los periódicos con alguna frecuencia reportan casos de personas “poseídas por el espíritu”, involucradas en asesinatos, secuestros, violaciones, etc. Notoriamente, en sus declaraciones esas personas dicen que una voz les ordenó hacer lo que hicieron. Otras personas son obligadas a casarse con alguien “por orden del espíritu”, otros, incluyendo pastores, abusan de mujeres jóvenes con el descaro de decir que el “espíritu se los ha permitido”. Etc.

No, seguramente la intolerancia hacia esas manifestaciones espirituales no se debe a egoísmo, más bien la experiencia se encarga de mostrar cuál es la verdadera realidad y quién se esconde detrás de los hechos.

Hace ya algunas décadas, quien esto escribe, vivía bastante cerca de una congregación donde sus feligreses afirmaban experimentar el derramamiento del Espíritu, algunos de ellos “profetizaban en lenguas”, lo cual es una modalidad desconocida en la Palabra de Dios, porque, o bien se profetiza o se habla en lenguas, pero mezclar ambas cosas es iniciativa de quienes imaginan poseer dones espirituales. En cierta ocasión alguien de esa congregación tuvo una revelación en la cual estaba involucrada una joven. Unos días más tarde la llamaron con el propósito de expulsarle el mal espíritu, la encerraron en la capilla, y le propinaron una severa paliza que la dejó en malas condiciones, ante los gritos que daba por el dolor las autoridades de policía tuvieron que intervenir. A semejante barbarie ellos le llamaron “revelación del espíritu”. Más tarde se supo que aquella revelación había consistido en que una persona que no pertenecía a esa congregación había contado el asunto al “profeta” que dijo haber tenido la revelación; claro que esa fue una revelación pero no por inspiración de Dios sino por labios de alguien que se interesaba en espiar la vida ajena.

Proceder de esa manera es producto de posesión demoníaca, el Espíritu de Dios jamás ordena cometer semejante barbarie.

Eso de golpear congregantes, “por orden del espíritu” no es un caso aislado ya que incluso los periódicos, de vez en cuando, reportan casos similares sucedidos en otros lugares del mundo. Años más tarde, el propietario de la organización a la cual aquella congregación pertenecía, llegó a tener dos hogares, uno con la esposa y otro con alguien que no era su esposa, lo interesante del caso es que esa persona era tomada por el “espíritu” y hablaba en lenguas. Las congregaciones de las cuales él era propietario le temían al espíritu de ese hombre y unos prefirieron callar mientras que otros se fueron a otras congregaciones.

¿Cuántos casos más habría que comentar para concluir que las escenas humillantes, grotescas, contra otras personas, atribuidas al Espíritu Santo no son obra de él sino de las malicias espirituales comandadas por abadón (el destructor)?

En verdad, sólo desconociendo la suma delicadeza del Espíritu Santo es que se puede argumentar que Dios toma a la persona para cometer barbaries.

Parte XIII
Conclusión

Alguien ha dicho que el pentecostalismo es un regalo que los Estados Unidos han hecho al mundo. Sus palabras las dice porque fue en ese país donde nació el movimiento pentecostal actual. Su gran precursor fue Charles Fox Parham.

“Charles Fox Parham (1873 1929) que una vez pastoreó una Iglesia Metodista, en Kansas, fundó una escuela bíblica en Topeka en la cual nació el movimiento pentecostal en 1901” (Burgees, McGee, Alexander. ‘Diccionario del Movimiento Pentecostal y Carismático’. Zondervan.

El gran momento para este movimiento nació a principios del siglo XIX, esta vez ha venido para quedarse por un buen espacio de tiempo.

Al principio, su impacto, aunque notorio, no alcanzó a tener mucha representatividad. Pero el tiempo del gran despertar vino, como se ha dicho antes, en las décadas de 1970-1980, había que “espiritualizar” al mundo; como tal, lo ha logrado parcialmente, así, de dos mil millones de Cristianos que existen actualmente, un 5%, aproximadamente, son pentecostales.

Su índice de crecimiento ha dejado de ser rápido como lo fue durante aquellas décadas, incluso ha perdido actualidad. Hoy ese movimiento está confrontado por otros enemigos como lo son las religiones alternativas y algunas religiones nacidas en la India y en el Oriente Medio que están atrayendo adeptos del mundo occidental. Aquel flujo de humanos que pudo haber sido atraído al seno pentecostal hoy está siendo atraído por estas otras corrientes. FIN.