Este estudio aborda con bastante profundidad un tópico bíblico que algunas enseñanzas paganas han alterado; cuya alteración forma parte del conjunto de creencias de la Religión Cristiana.

Capítulo I
Los ángeles

Interesante como lo es, los ángeles han sido seres de mucha importancia en el Cristianismo a través de los siglos. Tal es el interés respecto a ellos que pintores, escultores y escritores, los idealizan como seres alados, de alta estatura, de contextura vigorosa, serenos, vestidos con túnicas blancas, de cabello largo, ondulado y blanco.

A un ángel se le presenta caminando detrás de unos niños para protegerlos. Al arcángel Miguel se le presenta vestido con uniforme de soldado del antiguo imperio romano, a punto de descargar un mortal golpe de espada sobre el diablo.

Y no sólo eso sino que algunos teólogos Cristianos han sistematizado sus enseñanzas acerca de la Religión, y han incluido como material de estudio una sección identificada como «angeleología», la cual, como su mismo nombre indica, es el estudio acerca de los ángeles.

Todo eso claramente indica que el humano siente simpatía, confianza y apego hacia esos seres, porque los mira como invisible compañía y protectores, y parece que ese concepto proviene de las palabras del Salmo 34:7 «El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen y los defiende».

Por supuesto que esa promesa es cierta, pero no está disponible para todos los humanos, sino para los que temen al Altísimo. Y siendo que en este contexto el temor a Dios se refiere a obedecer su voluntad, entonces el ángel del Altísimo está para defender del mal exclusivamente a quienes obedecen las leyes de Dios.

Las palabras del Salmo 34:7 son la base sobre la cual el escritor de Hebreos (1:14) dice: «¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?».

Claramente está dicho a quienes es que los ángeles protegen:

Cualquiera que sea la interpretación correcta del texto sagrado, popularmente se ha considerado que lo relevante del asunto está en la confianza humana puesta en esos seres. No hay dudas, todos sentimos confianza en un poder superior sobrenatural presto a defendernos contra las fuerzas del mal que quieran atacarnos; y los ángeles son los primeros que están en la mente de millones de Cristianos.

La naturaleza de los ángeles

“¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?” Hebreos 1:14.

Relativamente pocas son las referencias al propósito por el cual Dios creó los ángeles, pero aunque pocas, son suficientes, y debieran ser tomadas en cuenta como límite para evitar que el pensamiento les asigne funciones que en la realidad ellos no poseen.

Una de esas referencias es Hebreos 1:14 donde se les identifica como espíritus servidores (administradores) enviados por Dios al servicio de los herederos del reino.

Si se ha de entender cuál es en verdad el propósito de la creación angélica, entonces este texto debe recibir considerable atención. Sólo de esa manera puede evitarse que la mente humana valide leyendas paganas milenarias que personas sin ninguna inspiración divina les asignaron e hicieron aparecer activando de muchas maneras.

Los ángeles no fueron creados para otro propósito sino para obedecer a su Creador, como la Santa Escritura claramente dice. La ausencia de referencias bíblicas a otro propósito, claramente dice que ellos fueron creados para servir a su Dios, nada mas. Si hubiera otro propósito, la Biblia lo declararía. Por lo tanto, no hay bases bíblicas para decir que ellos cumplen otras funciones aparte de obedecer, adorar y alabar a su Creador.

El ángel ha sido enviado por Dios para cuidar a los redimidos y para defenderlos del mal, porque Dios lo ha mandado a que cumpla ese propósito; notoriamente, ellos no han tomado esa decisión.

Esta identificación de servidores del Altísimo es mencionada en las Escrituras Hebreas cerca de cincuenta y cinco veces, de tal manera que con seguridad puede decirse que aparte de estar al servicio de Dios no existe otra función.

De esta manera puede mirarse al ángel (o a los ángeles) como protectores del pueblo de Dios.

Obedeciendo la orden

El siguiente registro muestra al ángel destruyendo Jerusalem porque para eso fue enviado; y sólo se detuvo ante la orden de detenerse. 1 Crónicas 21:15-27 dice:

21:15 Envió Jehová el ángel a Jerusalén para destruirla; pero cuando ya estaba destruyéndola, miró Jehová y se arrepintió de aquel mal, y dijo al ángel que destruía: “¡Basta ya! ¡Detén tu mano!” El ángel de Jehová estaba junto a la era de Ornán, el jebuseo.

21:16 Y alzando David sus ojos, vio al ángel de Jehová que estaba entre el cielo y la tierra, con una espada desnuda en su mano, extendida contra Jerusalén. Entonces David y los ancianos se postraron sobre sus rostros, vestidos de ropas ásperas.

21:17 Y dijo David a Dios: —¿No soy yo el que hizo contar al pueblo? Yo mismo soy el que pequé, y ciertamente he hecho mal; pero estas ovejas, ¿qué han hecho? Jehová Dios mío, caiga ahora tu mano sobre mí, y sobre la casa de mi padre, pero no envíes la peste sobre tu pueblo.

21:18 El ángel de Jehová ordenó a Gad decirle a David que subiera y construyera un altar a Jehová en la era de Ornán, el jebuseo.

21:19 Y David subió, conforme a la orden que Gad le había dado en nombre de Jehová.

21:20 Al volverse Ornán, que estaba trillando el trigo, vio al ángel, y los cuatro hijos que estaban con él se escondieron.

21:21 Cuando David llegó adonde estaba Ornán, este miró y vio a David; entonces salió de la era y se postró en tierra ante David.

21:22 Luego dijo David a Ornán: —Dame este lugar de la era, para que edifique un altar a Jehová; dámelo por su cabal precio, para que cese la mortandad en el pueblo.

21:23 Respondió Ornán a David: —Tómala para ti, y haga mi señor, el rey, lo que bien le parezca. Yo daré los bueyes para el holocausto, trillos para leña y trigo para la ofrenda. Yo lo doy todo.

21.24 Replicó el rey David a Ornán: —No, todo quiero comprarlo por su justo precio; porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste.

21:25 Y dio David a Ornán por aquel lugar la suma de seiscientos siclos de oro.

21:26 David edificó allí un altar a Jehová, en el que ofreció holocaustos y ofrendas de paz e invocó a Jehová, quien le respondió por fuego desde los cielos en el altar del holocausto.

21:27 Entonces Jehová habló al ángel, y este volvió su espada a la vaina”. (1 Crónicas 21:15-27.)

En el versículo 18 el ángel da una orden, pero no es iniciativa de él sino de su Creador que habló por su medio, así informa el versículo 19.

Este segundo ejemplo comprueba que los ángeles están al servicio de Dios, haciendo exactamente lo que él desea que hagan.

Los ángeles no son independientes

Ningún ángel, en ningún momento de su existencia, ha sido independiente, no ha sido dueño de sí mismo. Nunca ángel alguno ha tomado decisiones. No toman iniciativas de ellos mismos sino que obedecen a su Creador. Como los dos textos ya citados, así todos los demás los muestran siempre invariables en el propósito para el cual fueron creados.

Todos claramente dicen que los ángeles no deciden, porque no fueron creados para decidir sino para cumplir la voluntad de su Creador, lo cual es una verdad poco conocida, y no entendida. Por ser desconocida, los ángeles han venido a ser identificados con funciones o acciones que la Biblia no registra.

¿Qué del diablo? La Religión Cristiana, y no la Santa Escritura, le ha otorgado al diablo una identificación que nunca poseyó. El diablo nunca fue ángel celestial, sino un ser creado en el sexto día junto al resto de animales en la Creación.

La única y probable posibilidad es que no haya sido creado del polvo de la tierra. Pero que fue creado serpiente diferente al resto de animales está claramente expuesto en Génesis 3:1. Para una mejor comprensión de esto, por favor vea los estudios «Satanás» y «Apocalipsis 12».

Por haber malinterpretado escritos inspirados por Dios, la Religión Cristiana ha imaginado a un ángel bueno que «se hizo malo», «se rebeló contra Dios» y hasta sorprendió a otros ángeles para que lo imitaran en una supuesta rebelión en el cielo.

Lo que nunca se pudo demostrar en el pasado, ni podrá ser demostrado en el futuro es, cómo en la gloria celestial pudo o puede existir el pecado y cómo fue que se apoderó de un supuesto ángel para cambiarle su naturaleza. Nada puede modificar lo que Dios ha hecho; nada puede modificar la naturaleza de los ángeles. Además, si el pecado existe en el cielo, entonces habría que pensar qué clase de lugar es el trono de Dios; un lugar inseguro, en el cual cualquier ángel, supuestamente por poseer voluntad propia, puede hacer lo que se le antoje; donde el pecado que vive allí puede otra vez sorprender a cualquiera de ellos para revelarlos contra Dios; en donde Dios no tiene control de su creación.

No, la malinterpretación de algunos textos de las Escrituras, que colocó al diablo en el cielo como un ángel bueno, con atributos que nunca tuvo, debiera ser desechada por los Cristianos, de lo contrario, ese ser maligno continuará ostentando atributos que Dios nunca le otorgó.

Por no ser de procedencia celestial, ni tampoco un ángel, es que el diablo fue creado con capacidad para actuar cuando el humano le da oportunidad. El diablo incita al odio, al crimen, a la guerra, a la desgracia, todo, porque esa es la naturaleza con la cual fue creado.

Pero cuando el asunto trata acerca de los ángeles celestiales, entonces la Sagrada Palabra los identifica como seres a quienes Dios envía a la Tierra a obedecer, y en ninguna parte de los escritos inspirados se les presenta tomando decisiones de ninguna índole.

El humano, creado superior a los ángeles

¿Suena inaudito que el humano alguna vez haya sido superior a los ángeles? Posiblemente sí, pero es verdad porque la Palabra de Dios lo dice, y si ella lo dice entonces lo contrario está excluido, y lo excluido de ninguna manera puede servir de base para contradecir la verdad: El hombre fue creado superior a los ángeles. Véase por qué se dice esto: La culminación de la Creación vino con la creación del hombre de quien está dicho:

«Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza».

Y de los ángeles está dicho en Hebreos 1:14:

¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?

Una pequeña comparación proporciona los resultados siguientes: 1. El hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios. De los ángeles no está dicho eso. 2. El hombre fue creado para gobernar la creación. Los ángeles fueron creados para servir. 3. Siendo a imagen y semejanza de Dios, el hombre piensa y determina. Los ángeles no piensan ni determinan sino actúan por orden de Dios. 4. El hombre es creativo y produce resultados, mientras que los ángeles no están dotados de esa virtud. 5. El hombre se reproduce y aumenta el número de su especie. Los ángeles fueron creados en cantidad específica, su número no aumenta ni disminuye ni se reproducen. 6. El hombre ha sido capacitado para aumentar su conocimiento. Los ángeles no poseen esa capacidad. 7. Está dicho por la Palabra que el hombre fue dotado de voluntad propia, pero de los ángeles no se dice nada de eso. 8. Está declarado que el hombre posee la facultad para tomar opciones, pero los ángeles no poseen esa virtud. 9. El humano está dotado de sentidos, los ángeles no. En fin, la lista de comparaciones podría aumentar, con todo, estas son suficientes para servir de base al hecho innegable de que el Creador hizo superior al hombre sobre los ángeles. Hebreos 1:14 proporciona información clara acerca de la naturaleza de ellos.

Se podría argumentar que, si bien la Escritura no menciona que los ángeles posean las mismas cualidades y virtudes que el hombre, eso de ninguna manera significa que no las posean. Con todo, esos argumentos serían especulaciones pertenecientes al campo del relativismo que la Santa Escritura no valida.

¿Luego es la Sagrada Escritura suficiente fuente de información acerca de los ángeles? ¡Por supuesto que lo es! La Sagrada Escritura identifica la naturaleza de los ángeles y el propósito de Dios al haberlos creado.

Sí, por la Escritura se conoce a Dios y su Altísima gloria y voluntad; sus páginas hablan de su amor hacia la humanidad y de su deseo de salvar a cuantos quieran. Asimismo, por la Escritura se conoce al Hijo de Dios aun desde antes de venir a la Tierra, y detalla sus sufrimientos por obediencia a su Padre, y cómo después de haber muerto resucitó y volvió a los cielos. ¿Por qué entonces no puede ser fuente de información acerca de los ángeles? Las referencias a ellos, aunque pocas relativamente, son más que suficientes para conocer que fueron creados para adorar a Dios y para obedecer su voluntad. ¿Por qué entonces imaginar lo que de ellos no se dice, y dar por cierto que esa imaginación se basa en la Palabra de Dios?

¿Es el hombre poco menor que los ángeles?

“Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra”. Salmos 8:5.

¿Es realmente el hombre menor a los ángeles? Seguramente y sin vacilar todos podemos decir que sí, después de todo, su presencia es tan fuerte que es imposible resistirla. Pero debe saberse que esa terrible fuerza no es propia de ellos, porque ningún ángel posee poder para vestirse con atributos poderosos. Más bien ellos son portadores del poder de Dios. Los ángeles son eternos porque Dios los creó eternos. Son puros porque Dios los creó puros, capacitándolos así para ver su rostro.

Por el pecado cometido, el hombre cayó de su estado glorioso, y aunque no perdió la imagen de su Creador, sí perdió mucho de su semejanza; porque ha de entenderse que si bien el hombre perdió la gloria divina, su espíritu continúa poseyendo (posiblemente todas) las características conque el Altísimo lo creó, mismas que acaban de ser mencionadas en el subtítulo anterior. Esas características no las poseen los ángeles. Esto lleva a concluir correctamente que no todas las características virtuosas del hombre se perdieron a causa del pecado, de otra manera el humano no tendría capacidad de pensar, de descubrir, de emprender, etc.

Por haber desobedecido se alejó de Dios definitivamente, y renunció a la alta posición en que había sido creado; también perdió su calidad de eterno y quedó sujeto a padecimientos, a sufrimientos y a muerte, pero todas sus capacidades espirituales, excepto la de ser eterno e impecable, permanecen.

Es debido a su desventajosa condición que eligió, que el Altísimo ha enviado sus ángeles para protegerlo contra el diablo.

Pero aun despojado de su alta posición, el hombre continúa gozando de la misericordia de Dios y manteniendo atributos que los ángeles no poseen, a eso se refiere David cuando declara:

“¿Qué es el hombre (después de haber desestimado su alta posición) para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites? Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra”. Salmos 8:4-5. (Las palabras en paréntesis son agregadas).

Al decir: “coronástelo de gloria y de honra”, el salmista se refiere a la condición en que el hombre fue creado, lo cual inequívocamente es una referencia a la superioridad humana sobre la angélica ya que solo el hombre fue coronado de gloria y honra cuando fue creado; ningún ángel recibió tan alta investidura en acto similar, de otra manera la Santa Escritura lo diría.

¿Poco menor que los ángeles?

Al decir las versiones bíblicas “lo has hecho poco menor que los ángeles” se refieren a la condición en que el hombre quedó degradado después de haber pecado. ¿Pero cómo puede el hombre ser menor que los ángeles si continúa poseyendo características espirituales que los ángeles no poseen? Esta situación todavía no ha sido expuesta por ningún teólogo en ningún momento de la historia de la Religión Cristiana, sino hasta ahora el autor de este estudio abre una puerta por la cual entrar y salir para conocer más de cerca el campo relacionado a los ángeles.

Algunas versiones de la Biblia han dado más prioridad a transcribir de la Septuaginta que del Texto Hebreo, lo cual ha causado notoria desinformación en contra del real significado de Salmos 8:4-5. Porque es la versión griega de la Septuaginta la que dice de esa manera.

Seguramente el Texto Hebreo habla diferente y más claro, ya que la declaración de Salmos 8:5, en el Texto Hebreo: “vatejarseju meat meelojim”, viene siendo algo así como “por un poco lo has hecho menos que Dios”,

Es interesante que la versión católica de E. M. Nieto se apartó de la Septuaginta, y tomó el Texto Hebreo, y tradujo:

“Apenas inferior a un dios lo hiciste”. En mi opinión, esta traducción es correcta porque se basa en el Texto Hebreo y no en la Septuaginta; aunque mucho mejor habría sido traducir: “apenas inferior a Dios lo hiciste”, que fue lo que en verdad sucedió.

La Biblia de la Watchtower vierte el texto casi correctamente, pero falla en cuanto a que al haber parafraseado el Texto lo ha desfigurado, con todo, evita comparar al hombre con los ángeles y lo compara con Dios. Dice: “También procediste a hacerlo un poco menor que los que tienen parecido a Dios”, lo cual desfigura el Texto Hebreo al aumentarle palabras extratextuales.

La Young?s Literal Translation lo vierte así: “And causest him to lack a little of Godhead”, la cual, aunque traducirlo al Español es bastante intrincado, ésto vendría siendo algo así como “y lo hiciste carecer un poco de divinidad”.

La Biblia de Jerusalén se basa en el Texto Hebreo, y traduce “Apenas inferior a un dios le hiciste”.

La Nácar Colunga lo vierte así: “Y lo has hecho poco menor que Dios,”.

Basten estos pocos ejemplos para mirar que el texto de Salmos 8:5, vertido correctamente del Texto Hebreo, no coloca al hombre caído como inferior a los ángeles, sino inferior a Dios que es su creador. ¡Esto es el sentido correcto! Porque (otra vez) el hombre fue creado a imagen y semejanza de Dios, no a imagen y semejanza de los ángeles. Antes de su caída, la calidad de inmortal en nada difería de los ángeles, y era superior a ellos en cuanto que no fue creado para servir sino para ser señor de la creación terrena.

Pero el correr del tiempo ha puesto al descubierto cuán grande ha venido a ser la diferencia entre el hombre y los ángeles, porque entretanto los ángeles continúan invariables sirviendo a Dios como fueron creados, el hombre, por tener capacidad de decisión, ha mostrado poco empeño por revertir su desventaja, y ha optado por continuar enemistado con el Creador.

Entretanto el Texto Hebreo dice que el hombre caído vino a ser menor que Dios, la versión Griega de la Septuaginta, por razones desconocidas, dice que el hombre vino a ser menor que los ángeles. En vez de apegarse al Texto Hebreo y haber transcrito «Elojim=Dios, o Dioses», escribió «malajim=ángeles»

Claramente se ve que algunas versiones de la Biblia, entre ellas la Reina-Valera y la King James, que toman la Septuaginta en vez del Texto Hebreo, no se apegan al texto correcto sino que lo deforman.

Salmos 8:5 y Hebreos 2:7 y 9

Hebreos 2:7 dice: «Lo hiciste un poco menor que los ángeles».

Inequívocamente, Hebreos 2:7, 9 son una referencia a las palabras de David en Salmos 8:5, en sentido cualitativo; el escritor de Hebreos no se basó en el Texto Hebreo sino en la versión de la Septuaginta. Probablemente no tuvo en mente el Texto Hebreo porque la Septuaginta estaba escrita en la lengua Griega predominante en aquel entonces incluso entre los judíos residentes fuera de Israel.

Debe entenderse que Hebreos 2:7 no es una comparación, porque los ángeles no poseen espíritu como el hombre, más bien se refiere a la posición supeditada a muerte en que quedó después de pecar. En este sentido el hombre es inferior a los ángeles porque ellos no pueden morir.

Que esto es así lo demuestra Hebreos 2:9 al decir:

«Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios experimentara la muerte por todos».

Debe tenerse en mente que el Hijo de Dios es el realizador de la Creación, la cual según Pablo, fue hecha «por él y para él». El Hijo de Dios es el Todopoderoso, pero cuando vino a vaciarse (humillarse) a sí mismo tomando carne, entonces quedó sujeto a muerte, por eso, por un poco de tiempo, él fue inferior a los ángeles que creó, porque los ángeles no mueren, pero él sí murió.

De esta manera queda demostrado que el hombre ha venido a ser inferior a los ángeles sólo en cuanto a que muere debido al pecado cometido; pero esa condición es por poco tiempo; el momento vendrá en que el hombre (el pueblo de Dios) volverá a poseer la condición original que Dios le dio al principio.

Entretanto, el humano ha optado por rebajarse más y más hasta convertir a los ángeles en objetos de adoración y de culto. Que esto es así está demostrado por las palabras de Pablo:

“Que nadie os prive de vuestro premio haciendo alarde de humildad y de dar culto a los ángeles (metiéndose en lo que no ha visto), hinchado de vanidad por su propia mente carnal”. Colosenses 2:18.

Este texto refuerza las palabras que se vienen diciendo, y claramente muestran al humano degradándose a sí mismo hasta rendir culto y adorar a los mensajeros de Dios. Se reporta que la iglesia en Colosas estaba en peligro porque un culto pagano estaba queriendo influir en sus conciencias.

La mención del culto a los ángeles manifiesta la presencia de enseñanzas ligadas a cultos paganos, principalmente de origen gnóstico ya que esa enseñanza ha explotado la presencia de esos seres y ha obtenido enormes ganancias.

Desde su aparecimiento unos cinco siglos antes de Cristo, el gnosticismo ha sugerido que nadie puede alcanzar el conocimiento acerca del ambiente celestial si no recibe sus enseñanzas, de allí que el deseo de millones de prosélitos se ha visto recompensado al habérsele proporcionado aquello que ha buscado; y es el promotor de enseñanzas que se han mantenido vivas, y hasta el día de hoy continúan vibrantes en la mente de millones de personas.

Fue el gnosticismo precristiano quien primero mezcló el contenido de la palabra de Dios con elementos en que la imaginación es la base principal para unir lo celestial con lo terreno.

La mente humana y la Santa Escritura

Seguramente la mente humana juega un papel crítico en el entendimiento correcto o incorrecto de la Palabra de Dios. Pero el registro sagrado en muchas ocasiones no satisface la curiosidad que quiere saber más de lo que está escrito, es entonces cuando el recurso inmediato del cual se echa mano es la imaginación, de esa manera, la mente crea imágenes y acciones extrabíblicas, exponiendo al lector a situaciones que desembocan en un mar de turbulentas interpretaciones de donde le es difícil salir.

Tal es el caso de la interpretación acerca de los ángeles, de quienes se ha hablado y escrito gran cantidad de veces, todas basándose en la imaginación pero afirmando que esas imaginaciones son en verdad lo que la Palabra dice.

La angeleología gnóstica del pasado ha sido tomada en estos últimos dos siglos inundando al mundo occidental con mucha fantasía acerca de esos seres. De esa manera han surgido bastantes testimonios como: “Mi ángel platica conmigo siempre que yo lo llamo”.” Yo veo a mi ángel y puedo describirlo”. “Mi ángel me salvó del peligro”. Etc.

De esa manera, los ángeles han venido a ser seres de los cuales quien lo desee puede disponer, sin tomar en cuenta que Hebreos 1:12 claramente dice sobre quienes y en base a qué es que Dios los envía como protectores.

La poca relevancia en que las Escrituras han sido colocadas es el factor sobre el cual la angeleología de todos los tiempos ha sido establecida. Porque si la Escritura fuera suficiente base, entonces la angeleología no existiría.

¿Dice la Escritura que los ángeles son hijos de Dios?

La interpretación indiscriminada que del relato bíblico se hace es la causa del surgimiento de tanta fantasía «angélica». Porque, el recurso inmediato del cual se echa mano es la imaginación, de esa manera, sin que el lector perciba, el registro bíblico se detiene pero la mente continúa creando imágenes y acciones.

Todas esas imágenes discordan de la realidad, al grado que aunque la Escritura no proporcione amplios detalles, el problema queda resuelto cuando la imaginación resuelve dificultades.

El relato de Job, que ha sido ampliado en otra sección de este estudio, es un ejemplo de esto:

“Un día acudieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, y entre ellos vino también Satanás”. Job 1:6.

La opinión teológica generalizada es que estos hijos de Dios, mencionados por el relato, son los ángeles de Dios aunque el Texto Hebreo no dice eso.

El otro texto de Job que es ligado imaginariamente a Job 1:6, es:

“Cuando alababan juntas todas las estrellas del alba y se regocijaban todos los hijos de Dios?” Job 38:7

Ninguno de estos dos versos mencionan ángeles porque esta traducción, proviniendo del Texto Hebreo, que registra «benéi Elojim», es correcta. Por cierto, ambos versos no tienen relación entre sí, pero la mente, necesitada de hilvanar fantasías, los liga para hacer una composición extraña que desfigura todo hasta componer una escena angélica.

La versión electrónica de la Septuaginta vertida al Español por Jünemann, traduce el texto diciendo:

“Cuando fueron hechos los astros loáronme con gran voz todos mis ángeles”.

Aunque la traducción sea aceptable, no por eso es fiel al Texto Hebreo que no menciona ángeles de Dios sino hijos de Dios.

Así como no hay referencias en todo el libro de Job a que el calificativo de hijos de Dios sea referencia a ángeles, así tampoco existen referencias en ningún otro libro de la Biblia. Por lo cual, debiera concluirse que es el pensamiento humano el que desde hace más de dos mil años ha hecho esa identificación.

Siendo de consenso popular que los hijos de Dios mencionados en Job son ángeles, la exégesis Cristiana no ha tenido dificultades para interpretar Génesis 6:4, dando por seguro que los hijos de Dios allí mencionados son ángeles. Notoria carencia de honesta hermenéutica, por cierto.

Ante tan decisiva posición resulta enteramente difícil desviar la atención hacia cualquier otra posibilidad, y lo es porque resulta innecesario establecer otra.

En verdad, el registro bíblico es corto, y tomarlo como base segura para establecer lo que no está declarado es caer en vacíos de interpretación.

Interpretaciones sobre Job 1:6

“Esto significa, ya sea: 1. Una reunión de los santos en la tierra. Profesores de religión, en la era patriarcal hubo hijos de Dios (Génesis 6:2); ellos entonces tenían asambleas religiosas y establecían tiempos para eso. El Rey venía para ver sus invitados; el ojo de Dios estaba presente en todo. Pero había una serpiente en el paraíso, un Satán entre los hijos de Dios, para distraerlos y causarles disturbios, está a la derecha para resistirlos. ¡El Señor te reprenda Satán! O. 2. Una reunión de ángeles en el cielo. Ellos son los hijos de Dios, Job 38:7. Ellos venían para dar cuenta de sus negocios en la tierra y para recibir instrucciones. Satán era uno de ellos originalmente; pero ¿cómo has caído, O Lucifer! Él no más está en la congregación, pero está aquí representado, como viniendo entre ellos, ya sea convocado para aparecer como criminal o como convidado para el presente, o como intruso”.

Este es uno de los comentarios acerca de Job 6:4, notoriamente atorado de fantasía, tomado del Comentario de Adán Clarke versión en Inglés. En realidad, aunque él lo introdujo en su comentario, no es de él, más bien aclara que pertenece a otro comentarista.

No se requiere de mucho para ver que estas dos proposiciones son enteramente irreales; sólo la imaginación fue tomada como base para suponer reuniones ya sea aquí en la tierra o en el cielo. Quien compuso semejante idea mezcló, en el número 1, ideas incoherentes como esa de supuestas asambleas que los hijos de Dios establecían, a las cuales acudía el Rey, allí también se presentaba el diablo. En el número 2 supone reuniones de ángeles que eran convocados para que dieran cuenta de aquello que venían a hacer a la tierra, así como para recibir nuevas instrucciones. Ya para ese entonces Satanás no formaba parte del grupo pero estaba presente como intruso, como acusador llevándoles la contraria.

En síntesis, obsérvese cómo el texto bíblico genuino (Génesis 6:2), que es corto, es tomado para explicarlo tomando como base sólo la imaginación personal. En realidad, la verdad, para que lo sea, debe provenir enteramente de las Escrituras y no de la imaginación personal.

El comentario de la Reina Valera (versión electrónica) de 1995 dice:

“1.6 Hijos de Dios: De este modo se designa a los miembros de la corte divina, habitualmente llamados ángeles. Cf. 1 R 22.19; Job 38.7; Sal 29.1; 82.1; 89.7.

Satanás: lit. el satán (cf. Job 1.7-12; 2.1-7). Esta figura no tiene aún todas las características asignadas a Satanás en el NT (véase Concordancia temática(. Aquí no se trata de un ser demoníaco, rebelde contra Dios, sino de un ser que integra la corte del Señor y dialoga familiarmente con él, pero trata de perjudicar a los seres humanos”.

Siguiendo la tradición de un diablo bueno, pero malintencionado, en la corte celestial, el comentario dice que en Job 1:6 el diablo, para ese entonces, todavía no era un ser demoníaco, sino un ser celestial que integra la corte celestial pero que trata de perjudicar a otros.

Habría que preguntar ¿A partir de cuándo es que el diablo se hizo verdaderamente diablo? Un seguimiento de este comentario lleva a concluir que durante el tiempo cuando engañó a la primera pareja, todavía no era un ser diabólico. Incluso en los días de Job todavía no lo era. ¿Cuándo pues es que el diablo se hizo enteramente diablo? ¿Es acaso que el comentario sugiere que eso sucedió sólo cuando vino en Nuevo Testamento? En verdad, este comentario es vago, carente de fuerza, y de mala exégesis, que hilvana una serie de versículos que nada tienen que ver entre sí, y los presenta como queriendo insinuar que es una explicación correcta.

Sirva esta transcripción para confirmar que no existiendo bases razonables para explicar Job 1:6, la necesidad de decir algo lleva a la imaginación a establecer escenas que nunca ocurrieron.

Un tercer comentario:

“Ahora hubo un díael Doctor Good registra esto, “Y el día vino”. Tindal dice, “Andando el tiempo”. El parafracista Caldeo ha resumido especificar el tiempo, y lo registra, “Ahora sucedió en el día del juicio (o del escrutinio), al principio del año, que las huestes de ángeles vinieron a presentarse delante de Yahwéh, y Satán vino”. De acuerdo a esto, el juicio ocurría una vez al año, y una solemne investigación se hacía de la conducta incluso de los ángeles. En el Hebreo no hay intimidación de la frecuencia conque esto ocurría. La única idea es, que “los hijos de Dios”, en un tiempo señalado o establecido, venían a presentarse ante Dios para dar cuentas de lo que habían hecho, y para recibir otras órdenes relacionadas a lo que tenían que hacer”. Barnes.

Esto pertenece al Comentario de Barnes, versión Inglesa. Igual a los otros transcritos, es la imaginación la que ha compuesto escenas que nadie puede demostrar que hayan ocurrido.

Su idea dice que había un tiempo cuando los ángeles se reunían una vez al año para rendir cuentas de todo cuando se las había asignado hacer, y para recibir instrucciones de otras que debían realizar.

Cuando a falta de evidencias Escriturales se divaga, los resultados en nada ayudan, porque la fantasía viene a tomar el lugar de lo verdadero. Esto es lo que ha sucedido con Job 1:6; 38:7 en donde ha ocurrido doble atropellamiento; primero, porque indiscriminadamente son unidas dos escenas que nada tienen que ver entre sí; segundo porque se dice que los hijos de Dios mencionados allí son los ángeles de Dios en el cielo. Incurriéndose así a dar por cierto aquello que no tiene apoyo Escritural.

Capítulo II
La Septuaginta y la literatura apócrifa

La formación del canon Hebreo todavía no estaba en la mente de las autoridades Israelitas. El pueblo no tenía necesidad de acudir a una selección de escritos realizada mediante la autoridad de los Escribas y Sacerdotes. Posiblemente no habían razones para emprender semejante faena.

La Toráh, o sean los cinco primeros libros, escritos por Moisés, permanecía en su alta posición, irrebatible, sin cambios; meticulosamente copiada a manera de evitar alterarla en alguna de sus partes. Celosamente custodiada no sólo por las autoridades sino por todo el pueblo. Segundos en importancia estaban los Neviim y los Ketuviim que en conjunto forman la lista de libros como ha llegado hasta nuestros días.

Ninguno de estos escritos sugiere la existencia de dificultad del pueblo Israelita para identificar su genuinidad, lo cual es demostración clara de la legitimidad de cada escrito, de cada autor.

El consenso era general respecto a la inspiración de cada escrito tanto en el pueblo preexílico como en el postexílico, y lo continuó siendo en tiempos de Cristo y de la iglesia del siglo I, y, hasta el día de hoy, la genuinidad de todo el conjunto de libros, hoy conocidos como Canon Hebreo, es definitiva. Ni siquiera los obispos de los siglos II en adelante dudaron de su genuinidad.

Nunca hubieran surgido dificultades ni para los Israelitas ni para los gentiles que leen las Escrituras Hebreas de no haber sido por el colapso espiritual Israelita años después de la reconstrucción de la ciudad y del Templo a manos de grandes hombres como Esdras, Nehemías, Zorobabel, Josué y otros.

Semejante colapso trajo varias consecuencias, entre las cuales pueden contarse: Inestabilidad sacerdotal, inestabilidad civil, falta de obediencia a la Ley, establecimiento de relaciones amistosas con pueblos paganos, insidias, bandos, crímenes políticos, y más.

Lamentablemente no hubo escritor inspirado que contara para la posteridad los desaciertos consecutivos de los líderes del pueblo. Apenas los libros anónimos conocidos como «Macabeos» sirven de fuente informativa. Aunque Flavio Josefo (Guerras de los Judíos), escribió respecto a los siglos obscuros de la vida Israelita, sus escritos parecieran ser copia del anónimo «Macabeos». Que los Macabeos pudieron haberle servido de base para sus escritos se justifica al conocer que él escribió acerca de eventos que sucedieron entre dos y tres siglos antes de él. Aparte de estas dos fuentes, la historia de la decadencia espiritual Israelita permanece en las sombras de su historia que nadie escribió.

Fue durante esa época de escasa visión hacia la obediencia demandada por Dios, que se escribió la primera (y única) versión, en lengua Griega, de las Escrituras Hebreas, conocida popularmente como la Septuaginta, o Versión de los Setenta, abreviada como LXX, cuya fecha de elaboración, según parece, ocurrió durante el reinado de Tolomeo Filadelfo (285-247 A. C.).

Es el Escritor Griego, Aristeas, el encargado de proporcionar la información de los pasos iniciales con los cuales se dio inicio a tan grande trabajo.

Es incierta la razón por la cual la obra lleva el nombre Septuaginta, o Versión de los Setenta, y lo es al mirar a Aristeas narrando cómo Demetrio de Falarum convenció al Rey Tolomeo II Filadelfo a producir una obra en Griego, de los manuscritos judíos, o Toráh, conservados celosamente por el pueblo.

Aristeas dice que el Sumo Sacerdote Eleazar comisionó a seis judíos de cada tribu, conocedores de ambas lenguas (Hebrea y Griega), para producir la obra. Si el relato es exacto, entonces no fueron setenta traductores sino setenta y dos. También dice que el trabajo fue realizado en setenta y dos días. De esto, los setenta y dos hombres realizando una obra en setenta y dos días, podría ser una leyenda. Y el número de setenta en vez de setenta y dos carece de explicación.

La sugerencia de Demetrio al rey, al parecer, trataba acerca de la Toráh «y de algunos otros escritos», pero no se sabe cuáles pudieron haber sido.

Si sólo la Toráh y algunos otros libros compusieron la Septuaginta original, entonces no todos los libros de los profetas ni de los escritos fueron incluidos. De esto resulta interesante y curioso ver que la Septuaginta actual esté formada por una lista de libros bastante considerable pertenecientes a la Pseudoepigrafía (o falsos escritos).

No se sabe producto de quienes es la formación de la Septuaginta que hasta nosotros ha llegado con buena cantidad de libros agregados, aunque su contenido misterioso, esotérico y violentamente contrario a las Escrituras Inspiradas, sugiere ser producto del gnosticismo.

Si los judíos eran meticulosos en la reproducción de sus escritos, entonces ellos debieron haber hecho un excelente trabajo para producir la LXX a manera que su contenido vertido a la lengua Griega fuera fiel al original Hebreo. Esto pone en tela de dudas la legitimidad de la colección de libros de la actual Septuaginta, y se ve que no es la misma que la original pues contiene una larga colección de libros que nunca formó parte de las Escrituras Hebras. Por algo las diferentes comunidades de judíos residentes en varias partes del mundo antiguo siempre la desecharon.

Como quiera que haya sido, los judíos nunca aceptaron la Septuaginta como obra de inspiración divina, ni tampoco le dieron alguna importancia sobre sus escritos hebreos.

Los eruditos Cristianos miran a Jesucristo y a sus apóstoles citando textos de esa versión, con todo, difícilmente pueden tomarse esas escasas referencias como base para pensar que preferían la LXX por sobre sus escritos Hebreos, después de todo, una copia vertida a lengua extraña nunca habría sido tomada con más importancia que el escrito original que por muchas centurias había sido su única fuente de información acerca del Altísimo; además, estando en su tierra natal, y enseñando al pueblo, la lengua que el Señor habló fue la Aramea, no la Griega.

¿A qué viene todo este recuento acerca de la Septuaginta? La razón es la siguiente: Si los judíos han sido siempre meticulosos en extremo para reproducir fielmente sus escritos, los versionistas de la Septuaginta necesariamente debieron haber observado el mismo rigor en la obra que se les encomendó. Si eran conocedores profundos de ambas lenguas de su peso cae entender que su versión en verdad fue una traducción y no un trabajo con alteraciones.

Es en base a esa estricta meticulosidad, que se pone en tela de dudas atribuirles haber alterado la Septuaginta con frases que no forman parte del texto hebreo.

El siguiente es un texto cuyo contenido resulta imposible atribuírselo a los eruditos autores de la LXX:

“Un día acudieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, y entre ellos vino también Satanás”. Job 1:6 Versión Reina-Valera.

En el Texto Hebreo, la frase “hijos de Dios” es “benéi Elojim”. Lo cual significa que este texto, de la Versión Reina-Valera, está correctamente traducido del Texto Hebreo, ya que benéi es plural de ben (hijo).

En cambio el autor del Job de la Septuaginta, extrañamente, se aparta del Texto Hebreo y en vez de traducir correctamente hijos de Dios, decidió colocar “ángeles de Dios” lo cual es una flagrante alteración hecha al contenido original.

Semejante alteración no fue hecha como producto de un error inadvertido, más bien quien lo hizo tenía el propósito de validar creencias extrañas de origen pagano sin importar atropellar la seriedad de la Palabra de Dios.

Parece que incluso los eruditos en materia Bíblica, hoy en día, han preferido disimular las diferencias entre esa versión y el original Hebreo, dando a ambas la misma alta calidad autoritativa en vez de denunciar las alteraciones.

De semejante silencio la gran ganancia, desde el tiempo de los obispos conocidos como padres de la Iglesia, hasta hoy, ha sido para la religión gnóstica, pues al tiempo que la rechazaban, combatían y señalaban de enseñanza diabólica y peligrosa para la fe de la Iglesia, la favorecían apoyando sus ideas «angélicas». Actualmente el gnosticismo domina fuertemente al Cristianismo imponiéndole creencias que los apóstoles del Señor fuertemente combatieron.

De esta manera puede concluirse como improbable que la Septuaginta original, que apenas incluyó la Toráh «y algunos otros libros», realizada por judíos piadosos, sea la misma Septuaginta atorada de escritos no inspirados que ha llegado hasta nuestros días.

Contenido de la Septuaginta

Fijar con exactitud la fecha para el aparecimiento de la Septuaginta, como se tiene hoy en día, es un camino enteramente difícil sobre el cual ningún erudito serio en materia bíblica se atreve caminar. Es más, resulta curioso que libros apócrifos formen parte de ella, cuyo agregado, sin lugar a dudas, no fue trabajo de los judíos traductores originales. Lo que puede verse es que su aparecimiento (de la Septuaginta) tuvo lugar por el mismo tiempo del florecimiento de escritos cuyo contenido no fue validado por las autoridades judías ni aceptados como útiles para el pueblo.

Nunca se sabrá quienes y cuándo, decidieron formar un solo conjunto de rollos o libros. Tampoco se sabe que la versión original realizada por los judíos haya sido identificada con nombre alguno. El nombre Septuaginta es de origen latino de lo cual se infiere que es de procedencia Cristiana.

Incluso, nunca se sabrá qué concepto tenían de ella el Señor Jesucristo y los apóstoles, porque si bien se supone que ocasionalmente fue citada por ellos, eso no testifica que la hayan tenido como de origen divino, ni mucho menos que la hayan equiparado con el conjunto de rollos eventualmente conocidos como canon hebreo.

La literatura apócrifa

Por literatura apócrifa se entiende aquel tipo de escritos que sin ser de inspiración divina fue tenida por los israelitas como lecturas populares, para cuya elaboración sus autores robaron elementos reales de la Palabra de Dios y a partir de esa acción construyeron leyendas enteramente ajenas a la Palabra de Dios.

En su lectura salta a la vista inmediatamente las ideas como producto humano, cuyo contenido desencaja, y hasta se opone y contradice la verdad de los escritos hebreos inspirados divinamente. Por su contenido fantasioso, la literatura apócrifa carece de fuerza moral para prevalecer como piezas literarias sobre las cuales basar la fe. Por algo es que cuando vino la formación del Canon Hebreo ese tipo de literatura no recibió apoyo para ser incluida.

A lo que es necesario poner atención es que aun cuando ese tipo de literatura recibía alguna aceptación, nunca fue ponderada ni equiparada a los escritos de los profetas de Dios.

Su género literario es predominantemente apocalíptico, y apareció precisamente en momentos cuando la condición espiritual de pueblo israelita estaba atravesando por situaciones críticas.

Más de trescientos años es el tiempo en que nada se sabe acerca del desenvolvimiento espiritual del pueblo. Escasamente, el profeta Daniel declaró que para ese tiempo vendrían disputas y guerras entre los reyes egipcios y sirios, a cuyas profecías añade pequeñas pinceladas acerca de la calamidad que los judíos iban a sufrir a manos de Antíoco Epífanes que saqueó el Templo de Jerusalén y profanó el altar.

La pobre condición del pueblo fue terreno propicio para el florecimiento de escritos cuyo contenido fue elaborado sustrayendo elementos de la Santa Escritura.

Entre los llamados apócrifos del Antiguo Testamento están:

  • 1-2 Esdras
  • Tobías
  • Judith
  • adiciones a Esther
  • Sabiduría de Salomón
  • Sirac (Ecclesiastico)
  • Baruc
  • Carta de Jeremías
  • Oración de Azarías y la Canción de los Tres Jóvenes
  • Susana
  • Bel y el Dragón
  • 1-2 Macabeos
  • 3 Macabeos (También falsos escritos del AT)
  • 4 Macabeos (También falsos escritos del AT)
  • Salmo 151

Entre los llamados falsos escritos están:

  • 1 Enoc
  • 2 Enoc
  • 3 Enoc
  • Oráculos Sibilinos
  • Tratado de Shem
  • Apócrifo de Ezequiel
  • Apocalipsis de Sofonías
  • 4 Esdras (= 2 Esdras 3-14)
  • Apocalipsis Griego de Esdras
  • Visión de Esdras
  • Preguntas de Esdras
  • Revelación de Esdras
  • Apocalipsis de Sadrac
  • 2 Baruc
  • 3 Baruc
  • Apocalipsis de Abraham
  • Apocalipsis de Adán
  • Apocalipsis de Elías
  • Apocalipsis de Daniel
  • Testamento de los Doce Patriarcas:
  • Testamento de Rubén
  • Testamento de Simeón
  • Testamento de Leví
  • Testamento de Judá
  • Testamento de Isacar
  • Testamento de Zabulón
  • Testamento de Dan
  • Testamento de Neftalí
  • Testamento de Gad
  • Testamento de Aser
  • Testamento de José
  • Testamento de Benjamín
  • Testamento de Job
  • Testamentos de los Tres Patriarcas:
  • Testamento de Abraham
  • Testamento de Isaac
  • Testamento de Jacob
  • Testamento (Ascención) de Moisés
  • Testamento de Salomón
  • Testamento de Adán
  • Carta de Aristeas
  • Jubileos
  • Martirio y Ascención de Isaías (3:13-4:22 = Testamento de Ezequías)
  • José y Aseneth
  • Vida de Adán y Eva
  • Pseudo-Filón
  • Vida de los Profetas
  • Escalera de Jacob
  • 4 Baruc
  • Jannes y Jambres
  • Historia de los Recabitas
  • Eldad y Modad
  • Historia de José
  • Ahiqar
  • Pseudo Focilides
  • 3 Macabeos
  • 4 Macabeos
  • Declaraciones de Siriaco Menandro
  • Más Salmos de David:
  • Salmo 151
  • Salmo 152
  • Salmo 153
  • Salmo 154
  • Salmo 155
  • Oración de Manasés
  • Salmos de Salomón
  • Oraciones de la Sinagoga Helenística
  • Oración de José
  • Oración de Jacob
  • Odas de Salomón
  • Filón el Poeta Épico
  • Teodoto
  • Orfica
  • Ezequiel el Trágico
  • Fragmentos de Poetas Pseudo Griegos·
  • Pseudo Hesiodo
  • Pseudo Pitágoras
  • Pseudo Esquilo
  • Pseudo Sófocles
  • Pseudo Eurípides
  • Pseudo Filemón
  • Pseudo Difilo
  • Pseudo Menandro
  • Aristóbulo
  • Demetrio el Cronógrafo
  • Aristeas el Exégeta
  • Eupolemo
  • Pseudo Eupolemo
  • Cleodemo Malco
  • Artapano
  • Pseudo Hecateo
  • 5 Macabeos

Como puede verse, la lista de literatura que nada tiene que ver con la Sagrada Escritura, es considerablemente grande en número, y quienes la produjeron se valieron de nombres conocidos para influir en la psicología de sus lectores. Los resultados obtenidos de esta literatura fueron buenos, y está demostrado por la preservación de que fueron objeto por parte de sus simpatizantes.

A esta literatura, como se dicer en otra sección de este estudio, pertenece el Primer Libro de Enoc. Claro que ese Enoc nada tiene que ver el Enoc mencionado en la Palabra de Dios, pero su nombre fue tomado para validar una serie de escenas que nunca ocurrieron.

Si toda esa literatura hubiera aparecido por el tiempo de los profetas de Dios, seguramente no habría prevalecido, pero apareció justamente en momentos de gran escasez de fuerza espiritual capaz de sostener al pueblo con la mirada puesta en los escritos de la Toráh y de los Profetas y de los Escritos.

En resumen, ni la alteración que manos desconocidas hicieron a Job 1:6, al haber cambiado la frase “hijos de Dios”, por “ángeles de Dios”; ni el apócrifo libro de Enoc que deliberadamente malinterpreta Génesis 6:2, son de procedencia divina, y no debieran ser validados como genuinos, sencillamente porque el resultado de tomarlos de ese modo conduce a interpretar erróneamente la Palabra de Dios, y a tomar como inspirada un tipo de literatura que Dios nunca inspiró.

Capítulo III
Los Nefilim (o Gigantes)

“Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Estos fueron los hombres valientes que desde la antigüedad alcanzaron renombre”. Génesis 6:4.

Interesante como lo es, esta narración ha despertado el interés (o la curiosidad) de millones de personas a lo largo del tiempo; todo porque la mención de gigantes es tan inusual que hace al pensamiento de lector promedio poner a trabajar el pensamiento tratando de encontrar una explicación más detallada de ellos. En respuesta, la explicación de algunos comentaristas que abordan el asunto, originan a estos gigantes de la unión de unos ángeles que supuestamente vinieron a la tierra a unirse con mujeres con quienes procrearon hijos de tamaño desproporcionado.

Por supuesto que esa opinión no se basa en información proveniente de la Santa Escritura sino en simples ideas de personas que en el pasado intentaron emparentar por medio de sus escritos lo celestial con lo terreno en la misma forma en que las diferentes mitologías han emparentado sus dioses con seres humanos.

Breve examen de Génesis 6:4

1. El texto se limita a mencionar a los gigantes sin siquiera sugerir su procedencia, y no parece que el relato haya tenido el propósito de atribuirles aspectos sobrenaturales. La falta de propósito específico salta a la vista pues ninguno de los siguientes escritores hace referencia a ellos.

2. El relato claramente dice que esos seres ya existían desde antes que los hijos de Dios se unieran con las hijas de los hombres, y que continuaron existiendo después de esa unión. Entonces, la aclaración intenta informar que esos seres no nacieron producto de la unión de los hijos de Dios con las hijas de los hombres.

3. El Texto Hebreo recibido, como lo leemos hoy, no es claro para identificar quienes son los varones de renombre: Si los gigantes, o los hijos nacidos de los hijos de Dios con las hijas de los hombres.

Cómo los comentarios distorsionan el texto

La escasa información de los gigantes, proporcionada por Génesis 6:4 ha dado lugar a producir muchos comentarios que al unísono concuerdan que los nefilim fueron hijos de unos ángeles rebeldes que vinieron a la tierra a unirse con las hijas de los hombres para procrearlos. Flagrante distorsión por cierto, ya que con eso se omite el relato del texto inspirado ya leído, en el cual se dice que los gigantes y existían aún antes de que los hijos de Dios se unieran a las hijas de los hombres.

Esto significa que a alguien en el pasado se le ocurrió distorsionar la interpretación del texto, y a partir de allí, esa distorsión sirvió de base para otros comentaristas.

Lo que dice Filón de Alejandría

La opinión general concuerda en que Filón era un judío gnóstico, Alejandrino. De sus escritos se toma la siguiente porción.

ACERCA DE LOS GIGANTES

II.(6) «Y cuando los ángeles de Dios vieron las hijas de los hombres que eran hermosas, tomaron para sí esposas escogiendo de entre ellas.

Estos seres, de quienes otros filósofos llaman demonios, Moisés usualmente llama ángeles, y ellos son almas que flotan en el aire. (7) Y que nadie suponga que lo que es dicho aquí es fábula, porque es necesariamente cierto que el universo debe estar lleno de cosas vivientes en todas sus partes...

IV. (16) Si, por lo tanto, tú consideras las almas, y demonios, y ángeles son cosas que en verdad difieren en nombre, pero no idénticas en realidad, tú en verdad serás capaz de desechar esa muy pesada carga, supersticiosa. Pero como el hombre en general habla de demonios buenos y malos, y de igual manera de almas buenas y malas, así ellos también hablan de los ángeles, buscando algo digno de buen nombre, y llamándolos embajadores de los hombres ante Dios, y de Dios al hombre, y sagrados y santos a cuenta de ser sin culpa y poseer un excelente oficio; y otros, otra vez, de los cuales tú no errarás si los miras como sin santidad e indignos. (17) Y la expresión usada por el escritor de Salmos en el verso siguiente, testifica de la verdad de mi afirmación, porque él dice: «Y envió sobre ellos el ardor de su ira; enojo, indignación y angustia, ¡un ejército de ángeles malos entre ellos» (Salmos 78:49).

Esos son los malos que, asumiendo el nombre de ángeles, y no siendo conocidos por las hijas de razón justa, o sea, con la ciencia y las virtudes, pero que se allegaron a la descendencia de hombres mortales, o sea a los placeres que no puede conferir genuina belleza, la cual sólo es percibida por el intelecto, sino por una bastarda suerte de elegancia de forma, por motivo de lo cual el sentido exterior es tentado; (18). Y ninguno de ellos tomó todas las hijas en matrimonio, sino sólo unos de ellos seleccionaron de esa innumerable compañía para ser sus esposas; algunos escogieron de vista, y otros de oídas, otros, otra vez, fueron influenciados por el sentido del gusto, o por el estómago, y algunos otros por el placer debajo del estómago. Muchos también han bajado de aquellos de arriba, de quienes se fija una gran distancia, poniendo en acción varios deseos de unos a otros. Porque, de necesidad, de elecciones de entre los muchos placeres, siendo diferentes placeres son establecidos en diferentes lugares.

XIII. (58) «Y había gigantes en la tierra en aquellos días». Quizás alguien pueda aquí pensar que el legislador está hablando enigmáticamente y aludiendo a las fábulas manejadas por los poetas acerca de gigantes, aunque él es hombre alejado lo más posible de cualquier invención de fábulas, y uno que piensa encajar en el camino del sendero de la verdad misma...

(60) Por lo tanto, él no habla de fábula alguna respecto a gigantes; pero desea poner este hecho ante tus ojos, de que unos hombres nacen de la tierra y otros nacen del cielo, y otros nacen de Dios: Los que nacen de la tierra son cazadores de los placeres del cuerpo, dedicados a sí mismos al gozo y a la realización de ellos. Aquellos, otra vez, que son nacidos del cielo son hombres entrenados en ciencia y dedicados a aprender, porque nuestra porción celestial es nuestra mente, y la mente de cada una de esas personas que son nacidas del cielo estudian las ramas encíclicas de la educación y cualquier otro arte de cualquier descripción, agudizando, y ejercitando, y practicando, y registrando exactamente en todos aquellos asuntos que son objeto de intelecto. (61) Por último, aquellos que son nacidos de Dios son sacerdotes y profetas, que no han pensado de sí mismos caminar de acuerdo a las constituciones de este mundo, y de convertirse en cosmopolitas, sino que habiéndose levantado a sí mismos por sobre los objetos de los sentidos exteriores, se han marchado y han fijado su mirada en aquel mundo que es perceptible sólo por el intelecto, y se han establecido allí, siendo inscritos en el estado de las ideas incorruptibles e incorpóreas.

XV. (65) Pero los hijos de la tierra removiendo sus mentes de la contemplación, y viniendo a ser desertores como volando hacia la orgánica e inamovible naturaleza de la carne, «porque ambos vinieron a ser una carne», como el legislador dice, adulteraron su excelente acuñamiento, y abandonaron su mejor rango que se les había dado como propio, y desertaron hacia un rango peor, que era contrario a su naturaleza original. Nimrod, siendo el primero en establecer el ejemplo de deserción; (66). Porque el legislador dice, «que este hombre empezó a ser gigante sobre la tierra, y el nombre Nimrod, siendo interpretado significa, deserción. Porque no sólo no fue suficiente para la enteramente miserable alma permanecer en ningún lado, sino que habiendo ido sobre sus enemigos, tomó las armas en contra de sus amigos, y los resistió, y les hizo guerra abierta, en referencia de cuyo acto es que Moisés llama Babilonia al reino de Nimrod, y la interpretación de la palabra Babilonia es «cambio», una cosa casi emparentada con deserción, también, siendo emparentado el nombre y la acción del otro; porque el primer paso de cada desertor es un cambio y alteración de mente (67) y sería consistente con la verdad decir que, de acuerdo al santísimo Moisés, el mal hombre fue desterrado de su hogar y de la ciudad, sin una habitación estable, y fugitivo, es naturalmente un desertor también. Pero el buen hombre es el más firme de los aliados, habiendo dicho de esto mucho al presente, y permanecido suficientemente sobre el objeto de los gigantes, procederemos ahora a lo que sigue en nuestro objeto.

ACERCA DE LO INCAMBIABLE DE DIOS-PARTE I

I. (1) Y después de esto, dice Moisés «y aconteció que los ángeles de Dios fueron a las hijas de los hombres y ellas les dieron hijos...

V. (20) Sin embargo, ya hemos dicho suficiente sobre este asunto; ahora conectémoslo con lo que sigue: «el Señor Dios», por lo tanto, dice Moisés, « viendo que la maldad del hombre se multiplicaba sobre la tierra, y que cada uno pensaba detalladamente la maldad en su corazón todos los días; Dios consideró en su mente que había hecho al hombre sobre la faz de la tierra, y pensó acerca de él, y dijo Dios, Destruiré de la faz de la tierra al hombre que he hecho. (21) Quizás algunas personas muy malas sospecharán que el legislador está aquí hablando enigmáticamente cuando dice que el creador se arrepintió de haber creado al hombre cuando vio la maldad de ellos, a cuenta de lo cual determinó destruir toda la raza...(22) Porque ¿que puede ser el más grande acto de maldad que pensar que el Dios incambiable pueda cambiar?...» (Filón, Acerca de los Gigantes. Acerca de lo incambiable de Dios-Parte I.

Comentario acerca de Filón

En realidad, los escritos de Filón en nada difieren de los escritos de los obispos fundadores de la Religión Cristiana. Prolífica escritura pero muy pobre objetividad. Su capacidad para abordar exhaustivamente un tópico específico es enteramente limitada, al grado de recurrir como ejemplo o como fuerza de su argumento, a escenas de otras personas que nada tienen que ver con el punto específico que trata.

Una de las reglas de la lógica, que seguramente él conocía, demanda que el exponente haga uso de todo el argumento posible que esté estrictamente relacionado con tópico abordado, pero él no lo hace, en lugar de lo cual recurre a ejemplos sin ningún parentesco. Quien haya leído su Tratado sobre la Creación seguramente lo habrá notado.

Él dice: Y cuando los ángeles de Dios vieron las hijas de los hombres que eran hermosas, tomaron para sí esposas escogiendo de entre ellas.

Si en verdad la tradición judía ha sido siempre sumamente meticulosa en la producción de nuevos manuscritos sagrados que sustituyen a los gastados, entonces las copias nuevas siempre corresponden con las copias antiguas, de donde surge la pregunta, ¿en qué manuscritos se basó Filón para afirmar que los ángeles vieron que las hijas de los hombres eran hermosas? Porque como ya se ha dicho antes, el Texto Hebreo dice que los hijos de Dios (no los ángeles de Dios) tomaron las hijas de los hombres.

El segundo desacierto de Filón es: Estos seres, de quienes otros filósofos llaman demonios, Moisés usualmente llama ángeles, y ellos son almas que flotan en el aire. (7) Y que nadie suponga que lo que es dicho aquí es fábula, porque es necesariamente cierto que el universo debe estar lleno de cosas vivientes en todas sus partes...

¿Qué valor tiene comparar al siervo Moisés con filósofos paganos? ¿Acaso puede ser verdad que los filósofos, emparentados con religiones paganas conocían los ángeles de Dios y los señalaban de demonios? ¿Dónde están las referencias con las cuales demostrar que alguna vez Moisés haya llamado hijos de Dios a los ángeles? ¿Dónde esta la prueba que demuestra que los ángeles son almas que flotan en el aire?

Seguramente Filón era filósofo conocedor de la filosofía griega, pero acerca de las verdades divinas su conocimiento era extremadamente pobre al grado de apartarse de la verdad para hablar de cosas propias de su imaginación.

Filón continúa dando libertad a su imaginación y establece a los humanos en tres divisiones: Los hijos de la tierra, los hijos del cielo y los hijos de Dios ( ¿-? ) ¿De dónde sacó semejante cosa sino de su propia mente? Porque sin tomar en cuenta la Escritura, por su propia iniciativa coloca a los sacerdotes como hijos de Dios diciendo:

Por último, aquellos que son nacidos de Dios son sacerdotes y profetas, que no han pensado de sí mismos caminar de acuerdo a las constituciones de este mundo, y de convertirse en cosmopolitas, sino que habiéndose levantado a sí mismos por sobre los objetos de los sentidos exteriores, se han marchado y han fijado su mirada en aquel mundo que es perceptible sólo por el intelecto, y se han establecido allí, siendo inscritos en el estado de las ideas incorruptibles e incorpóreas.

Es totalmente claro que su punto de vista no se basa en las Escrituras sino en enseñanzas gnósticas, cuyo trasfondo, expuesto en estas sus palabras, inmediatamente lo delatan como propagador de enseñanzas extrañas.

Lástima que Filón haya invertido tanto tiempo para escribir cosas irreales, incluso el XV. (65), copiado en la página anterior es una mezcla inentendible en la cual aparecen quienes él clasifica como hijos de la tierra, Nimrod, y Caín.

Sin ser inspirado conocedor de las Escrituras Hebreas, no vacila en explicar Salmos 78:45 a su manera, aduciendo que hay ángeles malos. Eso hace para apoyar su idea acerca de ángeles que según él se unieron con las hijas de los hombres para procrear gigantes. Salmos 78:49 dice:

“Envió sobre ellos el ardor de su ira; enojo, indignación y angustia, ¡un ejército de ángeles destructores”.

Es de notar que la traducción del texto también significa “ángeles malos”. ¿Pero qué?, ¿significa esto que hay ángeles buenos y ángeles malos? ¡Por supuesto que no! Lo que sucede es que en su intento por probar la existencia de ese tipo de seres, Filón no puso reparos en la lectura de los versículos anteriores, y no tomó en cuenta a quienes es que el Salmo en mención identifica como tales. Obsérvense Salmos 78:45-48

Envió entre ellos enjambres [de moscas] que los comían, y ranas que los destruyeron. Dio también al pulgón sus frutos, y sus trabajos a la langosta. Sus viñas destruyó con granizo, y sus higuerales con piedra; y entregó al pedrisco sus bestias, y al fuego sus ganados.

¡Éstos son los ángeles malos!, o ángeles destructores, como dice la Reina-Valera, Versión de 1995, enviados por Dios a Egipto. De esa manera, la Palabra de Dios señala correctamente quienes fueron esos ángeles malos o ángeles destructores; mismos que Filón identifica como seres habitantes de las regiones celestiales.

En fin, en su extenso escrito se afana sólo por explicar cosas ficticias. No, aunque seguramente Filón de Alejandría había leído las Escrituras Hebreas, en realidad no las conocía. Porque una cosa es leerlas mecánicamente, dando lugar a que la mente perciba imágenes producidas por la imaginación, y otra es leerlas y entenderlas correctamente.

Pero con todo y que Filón careció de iluminación divina para hablar de la Sagrada Palabra, sus escritos, que son enteramente gnósticos porque él era gnóstico, han sido tomados por otros como refuerzo de creencias acerca de los ángeles. Y cuando sus escritos son citados, con disimulo se intenta colocarlos en alto, como autoridad en materia bíblica, después de todo, posiblemente se piense explotar su origen judío en el sentido de que, si era judío entonces conocía las Escrituras Hebreas y las interpretaba correctamente, lo cual ha venido siendo un grave error.

El Primer Libro de Enoc

La fantasía que relata el apócrifo primer Libro de Enoc va todavía más a fondo que el palabrerío de Filón. El autor de Enoc dice que los hijos de Dios eran unos ángeles que, a escondidas de Dios, planearon venir a la Tierra a relacionarse con mujeres y, que de esa unión, nacieron hijos gigantes que aprovechando su sobresaliente estatura y descomunal fuerza oprimieron a los humanos hasta esclavisarlos.

El relato es grotesco, ya que tales gigantes no sólo esclavizaron a los humanos sino que a falta de alimentos para saciar su apetito voraz, se devoraban entre sí, es decir, eran caníbales. Por fin, según el relato, fueron descubiertos, encadenados, y puestos en lugares obscuros hasta el día del juicio final donde van a ser castigados.

Las ideas de Filón y el autor de Enoc corren paralelas cuando hacen aparecer a los ángeles como seres que no sólo son susceptibles al desequilibrio emocional sino que son enteramente débiles ante el pecado. Otro punto de convergencia está en la autodependencia de los ángeles. Para ambos escritores, los ángeles son seres libres, que van y vienen donde se les antoje; y hacen cualquier cosa que sus «sentidos externos» (como supone Filón) los inclinen. Son seres de los cuales, según sugiere Filón, Dios no tiene control.

Respecto al libro de Enoc no debe confundirse al patriarca Enoc, que vivió antes del diluvio. Porque si bien ese libro apócrifo lleva su nombre, de ninguna manera fue él quien dijo, profetizó o escribió cosa alguna. El patriarca Enoc es antediluviano, en cambio el libro de Enoc, siendo desconocida la fecha de composición, se ubica entre los siglos III al I antes de Cristo, e incluso se le ubica por el 150 d. C. El autor de los libros Primero, Segundo y Tercero de Enoc es desconocido. Pero se valió de la breve mención que las Escrituras hacen de aquel patriarca para poner en su boca cosas que él nunca dijo.

Pero aunque la mente humana haya mezclado unos supuestos ángeles con unas mujeres paganas, la explicación es irrazonable, porque entretanto Génesis 6:4 dice que habían gigantes en la tierra antes que se unieran los hijos de Dios con las hijas de los hombres, y que estos gigantes continuaron existiendo después de esa unión, el autor del libro de Enoc dice que esos gigantes nacieron de la unión de ángeles con mujeres. Por lo tanto, es irrazonable decir que tales gigantes nacieron de esa unión.

Pero aunque semejante idea es irreconciliable con la razón, ésta es explotada repetidas veces en diferentes comentarios relacionados con Génesis 6:4.

Lo que dice el primer libro de Enoc capítulos 6 y 7

“...1.-En aquellos días, cuando los hijos del hombre se habían multiplicado, sucedió que les nacieron hijas hermosas. 2.Y los ángeles, los hijos del cielo, las miraron y las desearon, y se dijeron unos a otros, ‘vamos, escojamos esposas para nosotros de entre las hijas del hombre y engendremos hijos’. 3.-Semyaz, siendo el líder, les dijo: ‘temo que quizás ustedes no consentirán en que esto sea verdaderamente hecho, y solo yo seré responsable por este gran pecado’. 4.-Pero todos ellos le respondieron, ‘hagamos todos un juramento, y unámonos cada uno de nosotros con maldición para no abandonar esta sugerencia sino hacerla de veras’. 5.-Entonces todos ellos juraron juntos y se unieron unos a otros por la maldición. 6.-Y fueron todos juntos unos doscientos; y descendieron en Ardos, que es la cima de Hermón. Y ellos llamaron al monte Arnón, porque ellos juraron y se unieron unos a otros por maldición. 7.-Y sus nombres son como sigue: Semyaz, el líder de Arakeb, Rame’el, Tame’el, Ram’el, Dan’el, Ezeqel, Baraqyal, As’el, Armaros, Batar’el, 8.Anan’el, Zaqe’el, Sasomasp, e’el, Tur’el, Yamayol, y Arazyal. Estos son los jefes de decenas y todos los demás con ellos. 1.-Y ellos tomaron esposas para ellos mismos, y cada uno (respectivamente) escogió una mujer para sí mismo, y ellos comenzaron a ir a ellas, y les enseñaron medicinas mágicas, encantamientos, el cortamiento de raíces, y les enseñaron (acerca de) plantas. 2.-Y las mujeres quedaron embarazadas y dieron a luz grandes gigantes cuya estatura era de trescientos cubits. 3.Estos gigantes consumieron el producto de toda la gente, hasta que la gente detestó alimentarlos. 4.-Y ellos comenzaron a ir contra las aves, las bestias salvajes, reptiles y peces, y se devoraron unos a otros, y bebieron sangre. 5.Y entonces la tierra trajo una acusación en contra de sus opresores...” I Enoc capítulos 6 y 7.

Como puede verse, el autor de este libro describe con grande imaginación una historia que sólo ocurrió en su mente. Porque si bien el relato inspirado de Génesis 6 informa que los hijos de Dios se mezclaron con las hijas de los hombres. Este escritor, tomando ese relato inspirado hilvana una serie de eventos que en la realidad nunca ocurrieron. Y así, los nefilim mencionados en génesis 6, vinieron a ser ligados con seres celestiales.

Para ese escritor, aquellos ángeles de Dios fueron una masa de pervertidos que actuaron a escondidas de su Creador; además, eran curanderos, brujos y tenían poder para maldecir.

El libro de Enoc es bástamente explotado por varias personas en cuyas mentes predomina fuertemente la enseñanza gnóstica, los Testigos de Jehová son unos de ellos.

Un comentario dice:

«Una creencia común, que nosotros compartimos, es que los «hijos de Dios» que se casaron con «las hijas de los hombres» fueron ángeles caídos.

¿Por qué Dios envió el juicio del diluvio en los días de Noé? Los extraños eventos registrados en génesis 6 fueron entendidos por las fuentes rabínicas antiguas, así como por los traductores de la Septuaginta como refiriéndose a ángeles caídos que uniéndose a mujeres procrearon una inusual descendencia híbrida conocida como los nefilim.

Esto es más que un simple asunto histórico, los eventos únicos que condujeron al diluvio son prerrequisitos para el entendimiento de las implicaciones proféticas de las predicciones de nuestro Señor relacionadas a su segunda venida.

Se cree que esto sucedió antes del diluvio y después del diluvio. En Israel al tiempo de David, y antes de eso cuando los Hebreos exploraron la tierra, habían tribus de estos nefilim, Goliat, el gigante, es un ejemplo.

Los primeros padres de la Iglesia también entendieron que ese era el caso. Parece que esos ángeles caídos estuvieron activos por todo el mundo.

Estos anormales gigantes que vivieron sobre la tierra también tienen eco en las leyendas y mitos de casi todas las culturas. Los antiguos Griegos, los Egipcios, los Hindúes, los isleños de las Islas del Sur, los indios de América, y muchos otros más tienen esas leyendas.

La palabra Hebrea nefilim (plural de nefel), literalmente significa rechazar...

Obsérvense las palabras «y también después que», esto probablemente habla de dos brotes por la simiente de Satán. Una antes del tiempo de Noé y la otra después del diluvio. El libro de Enoc los llama?los que miraban?...

Sus descendientes, llamados nefilim (traducido gigantes), fueron monstruos de iniquidad, y seres superhumanos en tamaño y en su carácter malvado, tenían que ser destruidos. ¿Fue esto la única razón del diluvio?»

Tan pronto como se supo que la Simiente de la mujer vendría a través de Abraham, debió haber habido otro brote, como dice Génesis 6:4 «y también después que» o sea, después de los días de Noé, más de 500 años después del primer brote.

El propósito del enemigo fue ocupar Canaán por anticipado, antes de Abraham, y por ende, antes de la ocupación de su descendencia. Porque, cuando Abraham entró a Canaán, leemos (Génesis 12:6) El cananeo vivía entonces en la tierra...»

Este comentario es uno de los tantos que abundan en la Internet. Las conjeturas saltan a la vista al nomás comenzar a leer, lo cual significa profunda incertidumbre en cuanto se dice.

En principio del artículo refuerza las palabras dichas antes en el sentido de que a alguien se le ocurrió la idea original, después de lo cual otros la tomaron para ampliarla según su imaginación se los proporcionaba.

Comienza diciendo:

Una creencia común, que nosotros compartimos, es que los «hijos de Dios» que se casaron con «las hijas de los hombres» fueron ángeles caídos».

Este comentario apunta hacia una verdad que nadie se ha atrevido a denunciar, óigase lo que dice:

Los extraños eventos registrados en génesis 6 fueron entendidos por las fuentes rabínicas antiguas, así como por los traductores de la Septuaginta como refiriéndose a ángeles caídos que uniéndose a mujeres procrearon una inusual descendencia híbrida conocida como los nefilim.

Según esta opinión, la Palabra de Dios no cuenta, sino aquello que las «fuentes rabínicas antiguas y la Septuaginta» han declarado. Por supuesto,? ha de entenderse que esas fuentes antiguas y la Septuaginta no son autoridades con derecho de adulterar los escritos originales. Pero el sentido popular piensa que sí lo tienen, de otra manera, este comentario no lo tomaría en cuenta.

Como se ha dicho antes, la literatura apócrifa y pseudoepígrafa, junto con la Septuaginta, aparecieron en momentos en que el pueblo estaba adoleciendo de pobreza espiritual. Porque de haber estado presentes hombres como Esdras y Nehemías, semejantes escritos habrían sido una blasfemia, a cambio de lo cual ocuparon un lugar de aceptación en algún segmento del pueblo.

Debe advertirse que aun cuando la Septuaginta no adultera Génesis 6:4 pues se basa en el Texto Hebreo, sí distorsiona violentamente Job 1:6 al decir que quienes vinieron a presentarse ante Dios, fueron ángeles de Dios, entretanto que el Texto Hebreo dice que fueron hijos de Dios. En realidad, nunca Dios ha dicho a ángel alguno «mi hijo eres tú».

Como puede mirarse por este comentario bajo examen, esa creencia que sustituyó lo correcto por lo falso ha venido caminando desde hace más de dos mil años; creencia que por estar basada en la fantasía refuerza la idea de unión de lo celestial con lo humano, lo cual por cierto no es nada nuevo.

Debe recordarse que de entre los primeros registros mitológicos que se conocen está el referente a un poderoso hombre llamado Gilgamesh, al cual el cuento describe como valiente, intrépido, de grande fuerza; y es presentado como hijo de dioses. A este, la «Epopeya de Gilgamesh» lo ubica en los días de Noé.

¿Y qué puede decirse de la mitología Caldea y Griega, para citar algunas? Todas tienen entre sus fines principales unir lo sobrenatural con lo natural, es decir, a los dioses con los humanos, de cuyas uniones nacen seres con características humanas y mitológicas.

El comentario en consideración, dice: «Obsérvense las palabras «y también después que», esto probablemente habla de dos brotes por la simiente de Satán. Una antes del tiempo de Noé y la otra después del diluvio.»

Según el expositor, la frase del relato inspirado «y también después que» hace referencia a que los nefilim murieron en el diluvio pero que, siendo simiente de Satán, volvieron a brotar después del diluvio. ¿Interesante, no? Se ve que la mente de quien escribió ese comentario tubo buena ingeniosidad para afianzar su argumento, con todo, no hace falta mucha perspicacia para observar que la Escritura rechaza semejante idea ya que esos gigantes estaban antes y después que los hijos de Dios se unieron a las hijas de los hombres. No como el comentarista tergiversa el registro al decir «antes y después del diluvio».

Esa interpretación ha sido arreglada para sugerir que aún cuando los nefilim, o gigantes, murieron en el diluvio, pues sólo Noé y familia sobrevivieron; los nefilim de los tiempos de Moisés y de los tiempos de David son un nuevo brote de simiente satánica. Dos veces falla, primero, por no tener un texto bíblico de apoyo; segundo porque no puede probar que los nefilim antediluvianos y postdiluvianos hayan sido producidos por el diablo.

La mezcla de ideas es incoherente y rara. Incoherente porque se dice que esos hijos nacidos de la unión con las hijas de los hombres son producto del diablo, entretanto que otros cuentos los ubican como hijos de ángeles, y para insinuar que la idea está bien fundamentada le ha agregado versículos de la Palabra de Dios que, aun cuando mencionan a otros nefilim, en ningún momento dicen que son producto de Satán.

Es rara porque otorga al diablo un poder igual al del Altísimo quien sólo tiene poder de crear. ¿Desde cuándo es que el diablo crea o produce seres? Porque al decir que después del diluvio hubo otro brote de simiente satánica, entonces claramente se dice que Dios no es el único creador.

¡No! Satán (o Satanás) no crea nada pues no posee poder creador. El único poder que le ha sido prestado por Dios es el de influir sobre el alma y el espíritu humano para inducirlo al mal.

También, para que el argumento tenga peso, se acude a buscar respaldo en algunos padres de la Iglesia de los cuales se dice que apoyan la idea. ¿Qué?, ¿acaso ese respaldo otorga el derecho de hacer verdadera cualquier imaginación? ¡Por supuesto que no! Si la Santa Palabra no habla, entonces cualquier apoyo extrabíblico no abre las puertas hacia un correcto significado.

Otra vez digo, las ideas que a otros se les han ocurrido antes han venido a ser la base para posteriores argumentos, y ha venido a formarse una cadena bastante larga de repeticiones, todas por supuesto, desviadas de la realidad.

La Watchtower amplía el relato

“...ANGELES QUE SE HICIERON ESPÍRITUS INICUOS.

La Biblia nos deja saber eso cuando nos dice: ‘los hijos del Dios verdadero empezaron a observar a las hijas de los hombres, que ellas eran bien parecidas; y se pusieron a tomar esposas para sí, a saber, todas las que escogieron (Génesis 6:2). Sí, los ángeles se vistieron de cuerpos carnales. Entonces vinieron a la tierra para tener relaciones sexuales con mujeres hermosas. Pero tales amores eran incorrectos para ángeles. Aquello fue un acto de desobediencia...”

“...Pues estos ángeles y sus esposas tuvieron hijos. Pero estos hijos eran diferentes. Siguieron creciendo y desarrollándose hasta que llegaron a ser gigantes inicuos. La Biblia les llama ‘los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama’. Estos gigantes trataron de obligar a toda la gente a ser mala como ellos. La Biblia dice que como resultado de esto ‘abundaba la maldad del hombre en la tierra y toda inclinación de los pensamientos de su corazón era solamente mala en todo tiempo’ (Génesis 6:4-5). Por eso Jehová trajo el diluvio. En este se ahogaron los gigantes, o nefilim, y toda la gente inicua. Pero, ¿Qué les sucedió a los ángeles que habían venido a la tierra? No se ahogaron. Se deshicieron de sus cuerpos carnales y regresaron al cielo como personas de la región celestial. Pero no se les permitió volver a ser parte de la organización de ángeles santos de Dios...” (Tomado del libro “Usted puede vivir para siempre en el paraíso sobre la tierra”, páginas 93 y 95, editado por Los Testigos de Jehová.

Como puede verse, la Watchtower apoya las escenas ficticias del Libro de Enoc, y aportando su imaginación, dice. “...Pues estos ángeles y sus esposas tuvieron hijos. Pero estos hijos eran diferentes. Siguieron creciendo y desarrollándose hasta que llegaron a ser gigantes inicuos. La Biblia les llama ‘los poderosos que eran de la antigüedad, los hombres de fama’.

¿Eran hijos de Dios, o eran ángeles? La pregunta es formulada para poner al descubierto el sigilo conque esa organización gnóstica forma parte del grueso de comentaristas cuya imaginación aporta su respectiva cuota imaginaria para darle cuerpo más detallado a la narración del primer Libro de Enoc.

Como es natural en las doctrinas de los TJ?s colaborar con las doctrinas gnósticas, dice que de la unión de los ángeles y las mujeres nacieron hijos gigantes que se ahogaron en el diluvio, pero que los ángeles que los engendraron no se ahogaron sino que volvieron a su morada en el cielo pero no se les permitió volver a enrrolarse en su anterior condición. Interesante imaginación por cierto, pero sin base en la Palabra de Dios sino en literatura extrabíblica.

Sin temor de falsear el relato sagrado, la Watchtower lo toma, y lo recompone usando literatura que Dios no inspiró para dar entender que esos ángeles procrearon unos hijos que no sólo alcanzaron la estatura promedio de los humanos sino que continuaron creciendo hasta que llegaron a ser de gigantesca estatura.

Usando de su acostumbrada imaginación para distorsionar la Santa Escritura, la Watchtower sugiere que esos ángeles eran brujos y encantadores, y que enseñaron esas cosas a las mujeres con quienes se unieron.

Así, pues, mentes extrañas que no tomaron el contenido de la Palabra de Dios sino sus propias ideas, han falseado la verdad y han establecido que los nefilim, o gigantes, mencionados en Génesis 6 fueron hijos de unos ángeles que «a escondidas» de Dios bajaron a la tierra. A más de eso, les hacen el favor de volverlos al cielo cuando vino el diluvio donde sus hijos gigantes murieron.

Otros nefilim o gigantes

Números 13:33 También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes. Nosotros éramos, a nuestro parecer, como langostas, y así les parecíamos a ellos.

Deuteronomio 2:9 Entonces Jehová me dijo: “No molestes a Moab ni le hagas la guerra, pues no te daré posesión de su tierra, porque yo he dado a Ar como heredad a los hijos de Lot.

Deuteronomio 2:10 (Antes habitaron en ella los emitas, un pueblo grande, numeroso y alto como los hijos de Anac.

Deuteronomio 2:11 Por gigantes eran ellos tenidos también, como los hijos de Anac; pero los moabitas los llaman emitas.

Deuteronomio 3:11 Og, el rey de Basán, era el único que quedaba de los gigantes. Su cama, una cama de hierro, ¿no está en Rabá de los hijos de Amón? Nueve codos mide de largo y cuatro codos de ancho, según el codo de un hombre.

Deuteronomio 3:13 El resto de Galaad y todo Basán, del reino de Og: toda la tierra de Argob, que se llamaba la tierra de los gigantes, la di a la media tribu de Manasés.

2 Samuel 21:15 Volvieron los filisteos a hacer la guerra a Israel. David descendió con sus siervos y pelearon contra los filisteos. David estaba cansado,

2 Samuel 21:16 e Isbi-benob, uno de los descendientes de los gigantes, cuya lanza pesaba trescientos siclos de bronce, y que llevaba ceñida una espada nueva, trató de matar a David;

2 Samuel 21:17 pero Abisai hijo de Sarvia llegó en su ayuda, hirió al filisteo y lo mató. Entonces los hombres de David juraron diciendo: “Nunca más de aquí en adelante saldrás con nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel”.

2 Samuel 21:18 Otra segunda guerra hubo después en Gob contra los filisteos; entonces Sibecai, el husatita, mató a Saf, quien era uno de los descendientes de los gigantes.

2 Samuel 21:19 Hubo otra vez guerra en Gob contra los filisteos, en la cual Elhanán hijo de Jaare-oregim, de Belén, mató a Goliat, el geteo, cuya lanza tenía el asta tan grande como el rodillo de un telar.

2 Samuel 21:20 Después hubo otra guerra en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía doce dedos en las manos y otros doce en los pies, veinticuatro en total; también él descendía de los gigantes.

2 Samuel 21:21 Este desafió a Israel, y lo mató Jonatán hijo de Simea, hermano de David.

2 Samuel 21:22 Estos cuatro eran descendientes de los gigantes de Gat, los cuales cayeron por mano de David y por mano de sus siervos.

1 Crónicas 20:4 Después de esto aconteció que tuvo lugar una batalla en Gezer contra los filisteos; y Sibecai, el husatita, mató a Sipai, de los descendientes de los gigantes; y fueron humillados.

1 Crónicas 20:5 Y hubo otra guerra contra los filisteos; y Elhanán hijo de Jair mató a Lahmi, hermano de Goliat, el geteo, cuya lanza tenía un asta tan grande como un rodillo de telar.

1 Crónicas 20:6 Volvió a haber guerra en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual tenía seis dedos en los pies y las manos, veinticuatro en total; y era descendiente de los gigantes.

1 Crónicas 20:7 Este hombre desafió a Israel, pero lo mató Jonatán hijo de Simea, hermano de David.

1 Crónicas 20:8 Estos eran descendientes de los gigantesde Gat, los cuales cayeron a manos de David y de sus siervos.

2 Samuel 17:4 Salió entonces del campamento de los filisteos un paladín llamado Goliat, oriundo de Gat, que medía seis codos y un palmo de altura.

Todas estas citas escriturales han sido compiladas en este capítulo con el propósito de mostrar que los gigantes mencionados en Génesis 6 no fueron únicos sino los primeros en ser mencionados por Moisés debido a su descomunal estatura. Nada hay que sugiera haber sido seres misteriosos ni mucho menos descendientes de ángeles sino personas comunes y corrientes ante quienes las demás personas a su alrededor miraban más altos. Ningún registro curioso sobre ellos existe en toda la Escritura, más bien son mencionados sin ninguna novedad.

En dos ocasiones es mencionada su estatura, misma que, si la interpretación actual de las medidas antiguas es correcta, entonces los 6 codos podrían venir siendo unos 3 metros, y el palmo vendría siendo unas 9 pulgadas, en total, esos individuos habrían sido de casi 4 metros de estatura. Descomunal estatura para un hombre, por cierto. Razón tenía Goliat de mirar a David con desdén.

Capítulo IV
Conclusión

Se argumenta que esos ángeles vinieron a tomar esposas para engendrar hijos. La pregunta es: ¿Desde cuándo es que ellos poseen voluntad independiente de Dios? ¿Desde cuándo es que los ángeles fueron dotados por Dios para procrear? ¿De dónde puede tomarse base afirmativa? Porque si el Creador no los dotó de esa capacidad, entonces ¿puede demostrarse por medio de la Sagrada Escritura que ellos poseen el poder de modificarse y cambiar de naturaleza? Porque si ellos son capaces de modificarse entonces el Creador estaría en grave aprieto por no tener control sobre ellos. Semejante cosa nunca ocurre porque él los hizo con propósitos específicos y toda la creación está llena de su gloria sin haber nada excluído.

¿Acaso el Divino Maestro no ha dicho:

«Pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni se dan en casamiento, porque ya no pueden morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios al ser hijos de la resurrección». Lucas 20:35-36.

Grandiosa aclaración por cierto contra el paganismo que imagina a los ángeles con una naturaleza diferente a la que Dios les dio. ¿Por qué las creencias que se aferran a mirar «ángeles humanos» no meditan seriamente en las palabras del Salvador, en lugar de lo cual dan por cierto que los nefilim son hijos de ángeles? ¿Por qué creen en Jesucristo pero no en sus enseñanzas? Porque él ha dicho que los ángeles ni se casan ni pueden morir. ¿Por qué no pueden morir? Sencillamente porque el único ser destinado a la muerte a causa del pecado es el humano.

Si el Cristianismo en verdad cree a Aquél del cual dicen es su salvador, entonces las enseñanzas gnósticas deben ser desechadas, ya que son totalmente enemigas de la Palabra de Dios, a la cual desfiguran a su entero antojo haciendo incluso aparecer al Altísimo como un ser malo.

En las palabras del Señor, en Lucas 20:35-36, hay dos cosas interesantes: Los ángeles ni se casan, ni mueren. Esa es la categoría que van a recibir los que sean tenidos como dignos de la primera resurrección. Notoriamente, en sus palabras, el Señor Jesucristo separa los hijos de Dios, de los ángeles, por lo cual no puede decirse que los ángeles sean hijos de Dios, más bien son sus servidores. ¿Por qué no se reflexiona sobre esto? La posición que supone que unos ángeles practicantes de artes mágicas y brujerías son los hijos de Dios mencionados en Génesis 6, establece que el trono de Dios, o sea el cielo, es un lugar sucio de pecado. Esto es así pues se dice que esos ángeles fraguaron pecar y se ligaron con juramento. Esto también sugiere que los ángeles son seres sobre los cuales Dios no posee control sino que hacen lo que ellos quieren. De esa manera Dios, que no tolera el pecado, tiene que vivir con él a su lado ¿Grotesco, no? Y no sólo grotesco sino blasfemo, porque sin el menor reparo ensucian su gloria.

Entre el grupo de esos supuestos ángeles «hijos de Dios», hay uno que es el líder, al cual el escritor de Enoc le puso por nombre Semyaz. O sea que no sólo Satán ha sido «líder de ángeles rebeldes» sino este otro sujeto llamado Semyaz. El relato inspirado dice que el hombre antediluviano era vegetariano. El relato imaginario de Enoc dice que los nefilim poseían un apetito desmesurado al grado que arrebataban el producto de consumo de la gente para saciar su voraz apetito, incluyendo animales; el colmo de la narración los presenta como caníbales o sea, se comían unos a otros. Seguramente el autor de Enoc poseía una imaginación bastante cruel.

En conclusión, un examen crítico a Génesis 6:2 no puede concluir que los hijos de Dios mencionados allí sean ángeles. Más bien estos son los descendientes de Set; porque el registro escritural (Génesis 4:26) testifica que su descendencia fue la que se identificó con Dios; esa descendencia fueron todos los patriarcas antediluvianos y sus familias (Génesis cap. 5), uno de los cuales fue Lámej, de quien está dicho

“Y vivió Lamec ciento ochenta y dos años, y engendró [un] hijo; y llamó su nombre Noé, diciendo: Este nos consolará de nuestras obras, y del trabajo de nuestras manos de la tierra, a la cual el SEÑOR maldijo. Génesis 5:28-29.

¡Éstos, excepto Noé y su familia, fueron los hijos de Dios que se unieron a las hijas de los hombres, o sea, a la descendencia de Caín. ¿Es esto mencionado en la Santa Escritura, o es simple idea? ¡Por supuesto que la Santa Escritura lo menciona! He aquí la prueba:

“Pero como en los días de Noés así será la venida del Hijo del hombre, pues como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del hombre”. Mateo 24:37-39

Las palabras de Jesucristo son una advertencia a su pueblo en los días antes de su segunda venida a la Tierra. Él profetizó que de la manera en que los hijos de Dios, o sea la descendencia de Set, se mezcló con las hijas del mundo, así muchos de su pueblo en el postrer tiempo cometerán el mismo desacierto que producirá resultados desagradables a Dios como sucedió antes del diluvio.

Sus palabras: «comiendo y bebiendo» significa que los adoradores de Dios antediluvianos se corrompieron entregándose a la lascivia, lo cual el Señor Jesucristo identifica como cosa impropia a la calidad de gente especial. «Dando en casamiento» inequívocamente señala a padres de la descendencia de Set, dando en matrimonio a sus hijos con las hijas de los hombres enemigos de Dios.

La declaración «vino el diluvio y se los llevó a todos» es clara para entender que no hubo sobrevivientes; ni los que estaban comiendo, bebiendo, casándose y dando en casamiento se salvaron. ¿De dónde, pues, la enseñanza gnóstica ha tomado base para decir que los ángeles pecadores se despojaron de sus cuerpos humanos y volvieron al cielo, y fueron apresados y encadenados?

Mateo 24:37-39 es una clara referencia a lo que estaba sucediendo en el mundo antediluviano, pero no hay ninguna señal de haber sucedido cosas como esas de supuestos matrimonios de ángeles. En fin, la intención de los humanos enemistados con Dios ha sido distorsionar la Palabra Inspirada, para lo cual ponen por escrito ideas extrañas con las cuales intentan alterar lo que Dios ha dicho. En todo el registro sagrado no existe intervención sobrenatural cuyo resultado produzca seres con doble naturaleza, es decir, celestiales y humanos a la vez. El único que ha poseído esa calidad es el Hijo de Dios, que por obra del Espíritu Santo nació de María.

No, los gigantes, o nefilim, no son seres de origen celestial como el autor de Enoc los presenta. Lamentablemente, la fantasía de ese relato es mezclada con la Palabra de Dios y de esa manera viene a ser aceptada hasta el grado de hacerla aparecer como verdadera, como que en verdad la Palabra de Dios dice que son hijos de ángeles.

Aunque esto no debiera ser así, la necesidad del humano caído, a través de los milenios, ha intentado dar vida a la comunión con el Creador que Adán rompió, para lo cual ha hilvanado historias extrabíblicas como la de Satán, del cual dice que hubo un tiempo cuando era ángel bueno pero que se llenó de maldad por lo cual fue lanzado a la tierra. Como esa historia imaginaria, así la de los nefilim que son configurados mentalmente para hacerlos aparecer como hijos de ángeles celestiales. FIN