Breve comentario sobre la obra divina narrada en Génesis 1 y 2.

Preliminares

“Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: «¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre para que lo visites?».

Lo has hecho poco menor que los ángeles y lo coronaste de gloria y de honra.

Lo hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves del cielo y los peces del mar; ¡todo cuanto pasa por los senderos del mar!

¡Jehová, Señor nuestro, cuán grande es tu nombre en toda la tierra!”. Salmos 8:3-9.

No existe en toda la Santa Escritura otra exclamación como esta, desbordante de admiración, satisfacción y gratitud; nacida de la conciencia de ser el protagonista principal que, de pie ante tan esplendoroso escenario, abre el corazón para dejar salir el sentimiento que brota incontenible.

En realidad, las palabras de Salmos 8:3-9 son y serán únicas; nunca jamás existirán similares, ni mucho menos otras con pretensiones de equipararse; de allí que, tocante a la glorificación de Dios como creador, esta es la obra maestra.

Movido por el rebozante movimiento del alma de David es que ha nacido este pequeño estudio, en él expongo lo que veo, aquello que puedo ver desde el ángulo desde donde estoy.

En realidad, la narración de Génesis 1 no debiera ser difícil o imposible de entender, lamentablemente, la existencia de factores contrarios determinan la situación tornando sumamente dificultoso entender cuanto se lee. Entre esos factores contrarios están: La lengua, el modo de explicar lo que Dios revela, el tiempo y la cultura.

Indudablemente, el escritor de Génesis disponía de una lengua ágil, concreta y específica. Su habilidad para escribir llenó a cabalidad el propósito para lo cual fue inspirado divinamente.

Estos aspectos le permitieron escribir cuanto le fue revelado.

Lo que escribió no fue acerca de relatos vernáculos, ni acerca de narraciones transmitidas de padres a hijos, sino que escribió aquello que específicamente le fue revelado. Porque nadie puede hablar acerca de algo que sucedió, ni mucho menos transmitirlo a otros antes que la vida humana apareciera sobre la tierra si no le hubiera sido revelado. Necesariamente escribió porque alguien que ya existía antes que lo todo se lo reveló.

Indudablemente el escritor no dejó caer ninguna palabra de las que oyó. Lo relatado fue completo y así también fue lo escrito.

El modo en que explicó lo que se le dijo y el momento en que existió, se fueron alejando a medida en que el tiempo avanzaba, hasta que por fin la distancia vino a convertirse en obstáculo que nos impide ver claramente aquello que a él le fue claro.

Otro factor, difícil de evitar, está relacionado al orden cronológico; qué fue primero y qué después, le fue secundario, hasta cierto punto no le contó, lo que en verdad le interesó fue escribir sobre los eventos para que se supieran. Eso generalmente ubica a los lectores en verdaderas encrucijadas en las cuales no sabe cómo cotejar ideas.

Es tarea del exégeta esforzarse lo más posible por entrever el orden y explicarlo. Esto no puede lograrse a menos que a su favor estén varias herramientas, de las cuales la más significante está mencionada por Pablo:

“¿Quién conoció la mente del Señor? ¿Quién lo instruirá? Pues bien, nosotros tenemos la mente de Cristo”. 1 Corintios 2:16.

Cuando esta herramienta está ausente la mente personal divaga, y la razón se ve en la necesidad de recurrir a ideas que nada tienen que ver con lo que la Escritura relata. A ningún lugar concreto y real se llega en semejante situación, más bien la confusión impera.

La mente del Señor, como Pablo lo enfatiza, ilumina, clarifica y pone a disposición del humano aquello que está allí, que la mente natural no es capaz de percibir.

Una palabra más

El presente estudio menciona ligeramente el elemento que el Gran Creador tomó para formar todos los cuerpos, visibles e invisibles, y refresca la mente del lector al mencionar la existencia de aquellos elementos desconocidos sobre los cuales no existe habilidad para hablar debido a lo imposible que nos es.

Recomiendo leer “Eternidad y Tiempo” y “Los Límites del Espíritu Humano”, porque ellos tratan acerca de aspectos que están relacionados con la Creación. Su estudio facilitará en alguna medida aproximarse a aquello de lo cual habló aquí. Asimismo, las páginas siguientes presentan un breve comentario acerca de los siete días de la creación versículo tras versículo. En algunos casos dejo el orden cronológico de los eventos para repetir aspectos que ya he mencionado.

Asimismo, aunque la mayoría de las escenas son comentadas, el lector va a advertir algunas redundancias, con todo, según mi juicio, la explicación que doy es completa.

Andrés Menjívar

Antes del principio

“...Cuando él aún no había hecho la tierra, ni los campos, ni el principio del polvo del mundo. Cuando formaba los cielos, allí estaba yo; cuando trazaba el círculo sobre la faz del abismo, cuando afirmaba los cielos arriba, cuando afirmaba las fuentes del abismo, cuando fijaba los límites al mar para que las aguas no transgredieran su mandato, cuando establecía los fundamentos de la tierra, con él estaba yo ordenándolo todo...”. Proverbios 8:26-30.

El poder y el orden conque Dios hace las cosas están claramente manifestados en la creación de lo material y lo espiritual, lo visible y lo invisible, lo eterno y lo transitorio, lo tangible y lo intangible, lo sensible y lo insensible, lo existente y lo inexistente, la nada y lo que es, y demás.

El Creador no improvisa, más bien todo cuanto hace está cuidadosamente planificado, y si bien él no necesita calcular, medir y pesar como los humanos, seguramente su modo de realizar es la mejor fuente para entender su mente.

Proverbios 8:26-30 contiene, en parte, esa información, proporcionando la clave para entender cómo lo que nuestros sentidos perciben es el resultado final de una obra meticulosa realizada en la eternidad. El resultado final fue planeado en todos sus pormenores, sin descuidar nada. Desde lo finito hasta lo infinito, de los cuales debido a su magnitud, sobrepasan los límites de nuestra capacidad mental, indica claramente que los humanos nunca seremos capaces de conocerlos en toda su extensión.

Por cierto, lo que el humano es, y sus capacidades fueron planificadas en la eternidad, antes que viniera “hagamos al hombre a nuestra imagen...”.

Lo todo vino a existir en la eternidad de acuerdo al diseño correspondiente, en un estado (el eterno) del cual no poseemos conocimiento de cómo funciona.

Al Creador no le tomó la menor partícula de tiempo “hacer los planos” para la Creación sencillamente porque la eternidad es ausencia de tiempo. En la eternidad no hay antes ni después aunque sí hay orden y sucesión (¿Es esto contradictorio? No, sólo difícil de explicar). De esta manera a los humanos nos es imposible entender cómo funciona eso.

No cause extrañeza cuando arriba menciono “lo existente y lo inexistente, la nada y lo que es, y demás”. Porque si bien debido a los límites de nuestro espíritu eso puede parecer absurdo, en la realidad divina no lo es. La inexistencia inexiste sólo para nosotros no para Dios, bien que por eso está escrito: “llama las cosas que no son como si fueran.” . Romanos 4:17, lo cual claramente señala su pleno conocimiento sobre un campo al cual no tenemos acceso. Nunca lo inexistente nos vendrá al pensamiento, sencillamente porque nos inexiste, porque no nos está dispuesto para llegar a ello o para ser descubierto. Porque las cosas son descubiertas debido a que existen cuando el tiempo para descubrirlas llega, pero para las inexistentes nunca llegará el momento.

Otra vez digo que lo que para nosotros es inexistente, para el Creador no lo es, por eso es el Creador.

Los dos creadores

Aunque popularmente se menciona al Padre como el autor de la Creación, y al Hijo como el realizador, eso es verdad, completamente acertado y apoyado por la Palabra aunque no existe un texto que lo diga de esa manera. Para llegar a esa conclusión es necesaria la experiencia nacida de la familiarización con la Santa Escritura, y aun cuando el propósito de este estudio apunta directamente a la Creación, es bueno apartar una líneas para comentar al respecto. Así, véanse dos textos:

“Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo existiera”. Juan 17:5.

Las palabras del Señor apuntan directamente a cuando la creación no había comenzado, cuando ambos gozaban comunión uno al lado del otro, cuando el Padre, de su propio ser, existe a su Hijo. (En ausencia de tiempo, el pasado y futuro no existen, por eso tampoco me existen palabras para explicar esta sucesión).

Por no encontrarse palabras para explicar el sentido de que el Padre existe a su Hijo, la Santa Escritura recurre al término “engendrar”, el cual inmediatamente proyecta en la mente humana un proceso como el que se lleva a cabo entre ellos, es decir, entre los humanos, con todo, cuando ese término es mencionado respecto al Padre y a su Hijo, el sentido, aunque es real, el proceso es diferente, y aunque nunca conoceremos cómo ocurrió, lo que realmente sucedió (repito) fue que de su propio ser el Padre existe a su Hijo. A partir de allí todo cuanto hacen es compartido, cada quien desde su posición, el Padre como cabeza del Hijo.

Cuando ambos, ni siquiera la nada existe, tampoco el principio (si esto es difícil de entender la mejor táctica es no forzar el cerebro), juntos crearon lo que es, comenzando con la nada.

La palabra mundo mencionada por el Señor en Juan 17:5, (kosmós en Griego), puede entenderse de dos modos, uno se refiere al mundo, el otro se refiere al espacio infinito y a cuanto en él hay. Y sus palabras en Juan 17:5 no sólo se refieren a la tierra sino a ambos. De allí viene lo que sigue:

“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”. Colosenses 1:16.

El apóstol Pablo no ignoraba cómo surgió lo creado, por eso, acerca del Señor informa que “en él...por medio de él y para él...” fue creado lo todo. Lo cual significa que Alguien creó por medio de él. ¿Se entiende quién creó los ángeles?

¿Se entiende que la palabra “en él” ubica a alguien que le antecede?

Esto que digo bajo este subtítulo declara la estrecha relación existente entre el Padre y el Hijo, manifestando así la razón por la cual Génesis 1, y otros pasajes Escriturales, siempre mencionan a Dios en plural (elohim). Así, Génesis 1:1, en nuestra lengua, viene siendo algo como: “en principio creó Dioses cielos y tierra...”. Porque ambos estaban presentes, uno al lado del otro, gozando cada aspecto de la obra de sus manos.

A partir de las siguientes páginas se mirará la incomparable maestría del Diseñador y del Hacedor realizando lo existente en todos sus aspectos.

Nada, el elemento básico

No se extrañe el lector cuando hablo acerca de la nada, después de todo es un tópico difícil de tratar porque el entendimiento carece de información al respecto. La nada debe ser entendida desde dos ángulos diferentes: es decir, desde donde los humanos la entienden, y cómo es que Dios la toma.

Lo que los humanos entienden como nada en realidad es simple ausencia de algo que no percibe por medio de sus sentidos físicos y psicológicos. En otras palabras, para los humanos la nada no existe, no puede demostrarla, no puede mostrar dónde está, y no la conoce. La nada le es aquello que no posee valor cuantitativo ni cualitativo, algo que no posee importancia ni esencia. El humano la entiende por el modo en que la conceptualiza.

Respecto a Dios la nada es, porque es el elemento que tomó para crear aquello que es, o como Pablo dice: “llama las cosas que no son como si fueran”. (Romanos 4:17). Por supuesto que esta declaración no se refiere a preexistencia de aquello que a su debido tiempo existirá, sino que se refiere a aquello que no preexiste, aquello que no es pero que viene a ser.

Simplísticamente bello es el modo en que L. Bouyer simplifica su definición:

“Nada no es más que la ausencia de ser. Por tanto, cuando se dice que Dios ha creado todo de la nada, se quiere decir simplemente que ha creado sin ninguna materia preexistente, ni nada que preexiste a la creación...” (L. Bouyer. Diccionario de Teología. Editorial Herder, 1983. Art. Nada).

Orígenes, brillante en algunos de sus escritos, en su obra De Principii (De los Principios) presenta con breves pinceladas unas palabras acerca de la nada, pero debido a lo imposible que es abordar ampliamente el tópico, no puede ser extensivo ni mucho menos conclusivo, con todo, quizás es el único entre los Padres de la Iglesia Católica que toca ese campo.

Nada es la materia prima que el poder divino tomó para crear lo todo. Me atrevo a pensar que sus primeras palabras al comenzar la Creación fueron: ¡Sea...”, y aquello fue. ¡¿Interesante, no?!

Por supuesto que si la nada existe se debe a que Dios la creó, antes de ella todavía no conozco más.

De eternidad a eternidad

Interesante y maravilloso es mirar que la Creación fue diseñada y traída a existir en la eternidad y que allá volverá. ¿Sabía usted esto? ¿Cómo puedo explicarlo? Primero diciendo que la eternidad no es un lugar. Ninguna lengua humana posee palabras para definirla, y aunque exposiciones al respecto puedan hacerse, estas deben ser tomadas con las reservas del caso. Dios no nos dotó de una lengua capaz de describirla. De hecho, aunque no sé como referirme a ella, lo único a lo que puedo acudir es a mencionarla como un estado, de esa manera puedo continuar hablando. De esto trata el estudio “El Reino Eternal”.

Otra vez digo que a Dios no le tomó tiempo diseñar la Creación porque el tiempo allí no existe, allí no hay pasado ni futuro. No le tomó cuándo iba a empezar el diseño ni cuándo concluirlo. Tampoco a su Hijo le tomó cuándo, después de terminado el diseño, comenzar su trabajo y concluirlo. Por supuesto que tengo en mente que “en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra...y reposó el séptimo” (Éxodo 20:11), pero no me refiero a lo que hoy poseemos, sino a su labor en la eternidad.

La demarcación del tiempo atañe a la Creación ya realizada porque en ella es que existe espacio y tiempo, y es únicamente en la tierra que puede ser medido como lo medimos. Los planetas de nuestro sistema solar y las estrellas no tienen días como los nuestros, con todo, su edad puede ser calculada tomando como base los días terrenos.

El humano sabe cómo demarcar los días debido a la existencia de las dos grandes lumbreras, pero no los puede demarcar si no se posee cómo. Por eso el tiempo no puede ser contado antes de la Creación.

Más adelante en este estudio digo que Dios sabe cómo demarcar los días cuando está creando sin tener necesidad del sol y la luna, pero debe recordarse que los demarca a partir del momento en que da inicio la narración de Génesis 1:1.

Él no los creó para que existieran en la eternidad sino en la Creación, por eso digo más arriba que al Hijo no le tomó cuándo comenzar su trabajo y concluirlo.

Tal como menciono en el estudio “Eternidad y Tiempo”, la eternidad es movimiento sin que tiempo y espacio existan, por lo cual, tratar de explicar todo esto no es tarea fácil, y posiblemente al lector le sea ardua tarea asimilar lo que digo.

Viene cuando la Creación será absorbida por la eternidad, entonces las expansiones que fueron creadas no existirán, y las tinieblas de que fueron dotadas serán quitadas, porque el mismo poder que las hizo existir las quitará para que no existan en ninguna parte. El sol, la luna y las estrellas dejarán de existir. El tiempo no será. Sólo la tierra quedará en un lugar al cual llamamos el Reino Eternal. Allí conoceremos personalmente al Diseñador y al Creador, porque entre la eternidad y la tierra no habrá ninguna separación, la Tierra será absorbida por la eternidad, volverá justamente a donde comenzó.

Misterio profundo e imposible de explicar es este que la tierra, habiendo sido creada en la eternidad haya de volver a su punto de origen, al punto donde todavía no habían separaciones o expansiones.

El primer día
(Génesis 1:1-5)

“En el principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba desordenada y vacía, las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Dijo Dios: «Sea la luz». Y fue la luz. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz «Día», y a las tinieblas llamó «Noche». Y fue la tarde y la mañana del primer día.”.

En el principio...”. Esta es la primera frase con la cual da inicio uno de los relatos más informativos acerca de cómo lo todo vino a existir.

La frase en sí no identifica tiempo alguno porque en ese punto el tiempo no existe; más bien se refiere al punto de partida donde comenzó la obra divina.

Este “bereshit” (Hebreo) o “arkjé” (Griego), sirve para informar que antes de eso sólo existe lo que identifico como un estado, en él, el Creador decidió realizar su trabajo. Ese estado es la eternidad; allí es donde la mente divina realizó su trabajo. La eternidad fue creada para ser la morada divina y allí precisamente es donde proyectó hacer la creación.

La eternidad es ausencia de tiempo, por eso digo que la frase “en principio” no identifica tiempo sino punto de partida.

“ ...creó Dios los cielos y la tierra”. Más bien: “Dioses crearon cielos y tierra”. Elohim (Dioses) en el Texto Hebreo es plural de Elohá (Dios). Es incierta la razón por la cual las versiones de la Biblia vierten Elohim como Dios. Posiblemente el propósito sea referirse al Padre, aunque estrictamente hablando no es razonable pues el Nuevo Testamento involucra al Hijo, el cual también es Dios como su Padre.

Esta información es compacta, empieza mencionando los cielos, los cuales en este punto aún no poseían nombre, fueron llamados así en el día segundo. Asimismo, menciona la tierra, la cual en ese mismo punto todavía no había aparecido sino solo el agua. En ese momento se le llama tierra al globo totalmente lleno de agua no a la tierra como la tenemos hoy ya que esta fue creada en el tercer día.

Expansión y “Tierra” totalmente unidos, sin existir separación entre ambos; ese es el primer paso, lo siguiente fue creado dentro del segundo día.

“...La tierra estaba desordenada y vacía.”. Debe tenerse presente lo dicho anteriormente, es decir, que en el relato de la creación lo importante es la información no el orden en que las cosas sucedieron, de hecho, en ese momento sólo agua había. De hecho, el reporte de que la tierra estaba desordenada y vacía corresponde al tercer día cuando estaba en su estado original. Hasta el tercer día fue que la tierra quedó ordenada y llena.

Dada la información acerca de los dos elementos principales, ahora se describe la condición original de los cielos y de la Tierra.

“Desordenada” no significa sin forma sino sin orden, después de todo, la tierra nunca ha cambiado la figura conque fue diseñada. Desordenada no significa un estado caótico de volcanes en plena erupción, con poderosos terremotos a cada instante que la estremecían, y en un estado de alta temperatura debido a lo cual el Creador haya tenido que esperar cualquier tiempo imaginable hasta que se enfriase.

Tampoco los cielos estaban enrojecidos debido a horrorosos cataclismos.

“Desordenada” sólo significa que los elementos que iban a ser usados estaban allí, sin orden. El orden en que las cosas serían colocadas aún no había dado inicio. Esto por supuesto tiene pleno sentido ya que la siguiente palabra lo explica. “Vacía” es la aclaración para señalar el estado original de la tierra. Lo vacío era lo indicado para dar inicio al proceso de ir colocando en su lugar correspondiente lo que iba a ser formado. Obviamente, los cielos estaban exactamente en la misma situación, es decir, desordenados y vacíos, y aunque no se les menciona así, obviamente ese fue su estado original y se refiere a que todavía no existían las estrellas, con todo, en el sentido estricto de la palabra, los cielos no estaban vacíos, habían tinieblas u obscuridad, las cuales fueron el primer elemento que llenó la expansión o cielos, asimismo allí estaba el globo de la tierra.

...las tinieblas estaban sobre la faz del abismo y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas”.

Para que las tinieblas hayan estado sobre la faz del abismo era necesario que primero hubieran sido creadas, de otra manera no podrían haber estado en ese lugar.

Nada existe sin haber sido creado. Si las tinieblas estaban sobre la superficie de las aguas, entonces las aguas también fueron creadas, de otra manera no habrían existido.

Respecto a las tinieblas sobre la superficie, puede significar una o dos cosas: o bien las tinieblas fueron creadas primero y acto seguido los cielos y la tierra, o los cielos, la tierra, el mar y las tinieblas fueron creadas a la vez. Recuérdese que todo existe porque fue creado; por eso es que las tinieblas son mencionadas, porque fueron creadas.

Así, toda la extensión asignada a la Creación, dentro de la cual está la tierra, estaba en completa obscuridad.

El “abismo” identifica dos cosas: las profundidades del mar y las profundidades de los cielos. Esto es importante entenderlo porque ambos van a ser mencionados en el segundo día.

...y el espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas...” Los Creadores no tuvieron que descender del cielo a la tierra para realizar su trabajo de la manera en que el Rey de reyes descenderá en su segunda venida a la tierra, pero aunque no sé en que punto de este estudio deba colocar esta nota, he de manifestar que, aunque la Creación está dentro de la eternidad, no lo puedo explicar porque todavía me es un misterio.

Este espíritu de Dios no es el Espíritu Santo sino el espíritu creativo divino que se movía abarcando completamente toda la superficie de las aguas. Para entender esto hay que buscar en las Sagradas Escrituras los muchos significados que tiene esa palabra. Una muestra la proporciona Isaías 11:2 “...y reposará sobre él el espíritu de Jehová: espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.”. Aquí se mencionan siete espíritus, lo cual es clara evidencia de los muchos modos en que esa palabra puede ser entendida. Por consiguiente, este “espíritu de Dios que se movía sobre la superficie de las aguas” no es otro sino el poder creador de Dios.

El texto no dice que ese espíritu flotaba y se movía según las olas lo movían. Lo que el texto significa es que el poder de Dios se estaba moviendo activamente, creando.

Dijo Dios: «Sea la luz». Y fue la luz”. No se dan especificaciones acerca de los elementos que el poder divino usó para crearla, ni la cantidad, ni el brillo, ni su velocidad, ni su peso, ni su intensidad, etc., nada de eso es mencionado, lo importante es mencionar su creación. Tampoco se dice en qué punto de la expansión fue creada aunque necesariamente hubo uno, desde allí la luz vino a ser asignada a los diferentes cuerpos según el diseño para el cual fue formada.

...sea la luz...”. En realidad, nadie sino sólo el Creador conoce el fenómeno que produjo al haber mezclado la luz con las tinieblas. Es imposible conocer porque semejante fenómeno nunca se ha dado desde que el hombre existe.

El profeta lo sugiere al decir: “Acontecerá que en ese día no habrá luz, ni frío, ni hielo. Será un día único, solo conocido por Jehová, en el que no habrá ni día ni noche, pero sucederá que al caer la tarde habrá luz.”. Zacarías 14:6-7. Sólo el Creador conoce qué se produce al mezclar noche y día, o sea, obscuridad y luz.

...Vio Dios que la luz era buena...”. La declaración no se debió a que el Creador ignorara qué era la luz y cuáles sus efectos, más bien estas son palabras del escritor con las cuales describe la complacencia divina.

A continuación vino la separación de la luz y las tinieblas. Maravillosa obra por cierto, y conocida sólo por el Creador. La mezcla original nunca volverá a ser, excepto si Dios así lo decide. Para el humano, cuando la obscuridad viene la luz se va, y cuando la luz viene la obscuridad se va; la obscuridad es ausencia de luz, y luz es ausencia de obscuridad.

...Llamó a la luz «Día», y a las tinieblas llamó «Noche»...”. El paso a seguir fue identificar ambos fenómenos con sus respectivos nombres: “día” y “noche”.

Obsérvese que esta información es acerca de algo que sucedió sobre la Tierra. Tanto la noche como el día atañen a ella. La luz, alternando con la obscuridad, tenía el propósito de servir para demarcar los días completos.

Y fue la tarde y la mañana del primer día”. Debe tomarse atención a lo siguiente: La Creación fue diseñada en la eternidad, y comenzó a ser desarrollada allí mismo como un minúsculo punto en un estado sin límites. Porque ciertamente para la mente humana la expansión es infinita, mas para el Creador no lo es.

Otro factor interesante, que no debe ser confundido, es la demarcación de los días, porque para que los humanos sepan cómo demarcarlos nos fue diseñado el sol y la luna, pero el Creador no necesitó de ellos para saber cuándo empezó el primer día y cuándo terminó. Dios no necesitó de ambos astros para saber cómo dividirlos.

Un tercer factor que no debe pasar desapercibido lo constituye la creación del primer día. Sí, si Dios no hubiera creado el primer día con toda seguridad no existiría, pero existe. El primer día no surgió “por lógica”, el Creador lo creó. De hecho si Dios no lo hubiera creado, la semana únicamente tendría seis días en vez de siete. De consiguiente, los días antes y después que las dos grandes lumbreras existieran, poseyeron el mismo lapso de veinticuatro horas tal como el Divino Hijo de Dios lo menciona.

Información adicional a Génesis 1 es proporcionada en Job 38 en adelante. Quien se interese por conocer aquello que Génesis omite puede leer a Job.

Así transcurrió el primer día, en un estado que los humanos llamamos eternidad.

El segundo día
(Génesis 1:6-8)

“Luego dijo Dios: «Haya un firmamento en medio de las aguas, para que separe las aguas de las aguas». E hizo Dios un firmamento que separó las aguas que estaban debajo del firmamento, de las aguas que estaban sobre el firmamento. Y fue así. Al firmamento llamó Dios «Cielos». Y fue la tarde y la mañana del segundo día”.

Aunque es maravilloso pensar cómo las cosas fueron creadas, más lo es pensar que cada elemento que las compone fue creado en su momento y lugar correspondientes, cada unidad creada reúne exactamente los elementos necesarios, de manera que nada es incompleto ni sobrado, nada es más pequeño ni más grande, nada pesa más o menos. Así por ejemplo, el agua posee una composición química exacta. No puede ser diferente sencillamente porque dejaría de ser agua, y semejante composición no podría ser absorbida por los cuerpos por ser incompatible con la naturaleza vegetal, con la animal y con la nuestra. Sencillo y a la vez curioso.

Pero aunque cada elemento de los miles de millones que forman la creación fácilmente deja estupefactos a los científicos, hay algo más maravilloso, —el poder de Dios.

Asombroso y excluido del entendimiento humano para saber cómo actúa, Dios demuestra su poder por medio de las cosas creadas. Bien que por eso está escrito: “Porque él dijo, y fue hecho; él mandó, y existió”. Salmos 33.9. No importa que desconozcamos cómo creó lo que existe, después de todo, eso nos está vedado, y aunque el Altísimo quisiera explicarnos algo al respecto de nada nos serviría por no entender su explicación.

Es lo inexplicable del poder de Dios, lo que maravilla al humano, que en vez de aceptarlo como el Creador de todo, divaga imaginando cosas vanas, tales como un universo que posee billones y billones de años de edad, inadvirtiendo que, aun imaginando cualquier cantidad de años siempre llegará a un punto de partida, el principio.

¿Qué elementos tomó el Creador para crear la obscuridad? No lo sabemos ni los conocemos; lo que sabemos es que la obscuridad existe. ¿Qué elementos tomó para crear el espacio? Tampoco lo sabemos; sólo sabemos que existe. ¿Qué elementos tomó para crear el tiempo? Tampoco lo sabemos; sólo sabemos que el tiempo existe.

Maravillosa como lo es, la Creación no requiere de explicación intelectual ni científica; lo que requiere es de una mente capacitada para aceptar que todo existe porque Dios lo creó.

Luego dijo Dios: «Haya un firmamento en medio de las aguas, para que separe las aguas de las aguas».”. Firmamento es lo mismo que separación y que expansión. Entendiendo esto se evita caer en confusión pues firmamento no se refiere sólo al espacio infinito. Claro que de ninguna manera puede haber confusión si el texto es leído atentamente para saber dónde es que ese “firmamento” o expansión fue creado.

Así, las aguas quedaron divididas. La voz del Creador formó algo así como un enorme y poderoso muro de contención, con medidas precisas.

“E hizo Dios un firmamento que separó las aguas que estaban debajo del firmamento, de las aguas que estaban sobre el firmamento. Y fue así. ”.

Este firmamento es diferente del que separó las aguas, y aunque se requiere de agudeza mental para distinguirla, debo aclarar que esta expansión es la que hoy conocemos como atmósfera.

El texto dice que al haber sido creada la expansión atmosférica, una porción de agua quedó sobre y la otra debajo. Esto fue reajustado cuando vino el tercer día en el cual las aguas fueron reunidas en un solo lugar.

Entiendo que el escritor está diciendo que esta expansión hizo una separación que antes no existía, a partir de la cual la expansión celestial quedó separada del globo terráqueo por la atmósfera.

En total, tres firmamentos o expansiones son mencionados: El primero son los cielos o expansión creados en el primer día, donde más adelante fueron creadas las estrellas. El segundo es el firmamento o expansión que separó las aguas. El tercero es este, se refiere al lugar donde iban a volar las aves y donde los humanos y otros seres terrenos se iban a mover. Esta expansión (atmósfera) era necesaria, de otra manera no habría existido lugar para las aves ni dónde moverse los seres terrenos que iban a ser creados.

Al firmamento llamó Dios «Cielos». Y fue la tarde y la mañana del segundo día.”. Aunque el aire, la cantidad y densidad; cómo se forman sus corrientes y cómo aumenta o disminuye su velocidad. Cuántas nubes fueron creadas. Cómo teniendo peso se sostienen. Cómo la densidad del aire permite a los seres moverse, etc., fueron creados en todos sus detalles, nada de eso es mencionado.

De esta manera transcurrieron las cosas dentro de un período creado similar al primero, al cual Dios llamó segundo día.

El tercer día
(Génesis 1: 9-13)

“Dijo también Dios: «Reúnanse las aguas que están debajo de los cielos en un solo lugar, para que se descubra lo seco». Y fue así. A la parte seca llamó Dios «Tierra», y al conjunto de las aguas lo llamó «Mares». Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: «Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol que dé fruto según su especie, cuya semilla esté en él, sobre la tierra». Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana del tercer día”.

Es sencillamente maravilloso el modo en que la creación fue tomando forma ante la voz divina. Dios mandaba y cada cosa iba colocándose exactamente en el lugar que le había sido asignado.

...Reúnanse las aguas que están debajo de los cielos en un solo lugar...”. De esta manera, las aguas que habían quedado sobre la atmósfera y debajo de ella fueron reunidas en un solo lugar, y dejaron de llamarse genéricamente “aguas”, a partir de ese momento recibieron el nombre de “mares”.

...para que se descubra lo seco...”. El momento vino cuando la separación de las aguas, que fue hecha durante el segundo día, sería ocupada por el elemento del cual todo el globo recibe su nombre: Tierra. “Se descubra lo seco” es igual a decir que lo seco suba a la superficie de las aguas, que es en verdad lo que sucedió.

...Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol que dé fruto según su especie, cuya semilla esté en él, sobre la tierra...”. Aunque la tierra estaba sumergida, esta saltó seca a la superficie, lista para producir todo cuanto la iba a llenar. De esta manera apareció la vida vegetal. Toda la vegetación en estado de madurez, activa, poseyendo fruto.

Por razones obvias, la vida vegetal fue creada primero, después aparecerían los seres que se mueven. Lo obvio consiste en que los animales fueron creados, al igual que todo lo que ya ha sido creado, en pleno movimiento. La creación animal estaba diseñada para que los seres aparecieran en plena función, unos comiendo, otros rumiando, otros descansando, etc. Por esto es que la hierba creada apareció también en pleno desarrollo.

“...Y fue la tarde y la mañana del tercer día...”. En otras palabras, así transcurrieron las cosas en un período de veinticuatro horas al cual se le llamó tercer día.

El cuarto día
(Génesis 1: 14-19)

“Dijo luego Dios: «Haya lumbreras en el firmamento de los cielos para separar el día de la noche, que sirvan de señales para las estaciones, los días y los años, y sean por lumbreras en el firmamento celeste para alumbrar sobre la tierra». Y fue así. E hizo Dios las dos grandes lumbreras: la lumbrera mayor para que señoreara en el día, y la lumbrera menor para que señoreara en la noche; e hizo también las estrellas. Las puso Dios en el firmamento de los cielos para alumbrar sobre la tierra, señorear en el día y en la noche y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno. Y fue la tarde y la mañana del cuarto día. ”.

El proceso de traer a lo material todo lo que fue diseñado en la eternidad está funcionando activamente. Lo que fue diseñado ahora está viniendo a la existencia visible, y poco a poco aquello que no estaba en su orden correspondiente, fue ordenado, y la imagen definitiva de la tierra, y de los cuerpos que van a llenar la bóveda celeste, está en pleno desarrollo.

Notoriamente, entre lo ordenado y lo que falta por ordenar no hay conflicto porque ambos grupos están en su categoría correspondiente sin que lo uno interfiera o influya sobre lo otro. Lo ordenado de ninguna manera volvería a su estado original porque su estabilidad se debe a las leyes que lo rigen.

El espacio o firmamento, que fue creado vacío ahora va a ser ocupado. Los dos primeros cuerpos en aparecer fueron las dos grandes lumbreras, es decir, el sol y la luna. Su creación tuvo varios propósitos tal como el relato declara, entre ellos, alumbrar sobre la tierra, servir como instrumentos para demarcar los días y para alimentar la vegetación.

La luz que fue creada en el día primero ahora va a ser utilizada en aquello para que fue diseñada.

El relato de Génesis es corto como ya se dijo, eso significa que otras cosas que fueron creadas no son mencionadas, entre ellas están los torbellinos, el sonido, el eco, el peso del aire, el calor con sus diferentes temperaturas, la composición de la tierra, las nubes, las piedras, los metales, la nieve, la ilimitada forma de los cristales de nieve, las diferentes temperaturas bajo cero, en movimiento de los animales, los colores y muchos otros.

Notoriamente, el libro de Job es una fuente informativa de gran valor ya que menciona aspectos interesantes de la creación que Génesis 1 no menciona. Pueden leerse las citas siguientes: Job 28:1-6, 25-26. 38:8-12, 22-35.

Dijo luego Dios: «Haya lumbreras en el firmamento de los cielos para separar el día de la noche, que sirvan de señales para las estaciones, los días y los años...”. Como ha sido dicho, los cielos y la tierra fueron creados vacíos; lo único existente era la obscuridad; en medio de esa obscuridad fueron creadas todas las estrellas sin luz.

Este texto menciona primero las dos grandes lumbreras, después menciona las estrellas, menciona las dos debido a las funciones que iban a cumplir en el desarrollo general de la tierra y cuanto en ella hay.

Ahora obsérvese lo siguiente: Para que las estrellas alumbraran necesariamente debían ser dotadas de luz, con tanta razón es que la luz fue creada primero. Otra función incluyó la cantidad de luz asignada y la fuerza del calor. Sí, todo eso fue cuidadosamente diseñado, después de todo, el texto claramente dice que los cuerpos celestes iban a servir para alumbrar, para separar el día de la noche, también indicarían cuándo las estaciones, los días y los años comenzarían.

...señorear en el día y en la noche y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno”. Aunque generalmente se dice que la luna recibe la luz del sol y por eso se ve brillar, el relato dice que Dios a ambas lumbreras dotó de luz. Nada se sabe de la luna como fuente de luz, posiblemente en lo futuro la ciencia pueda descubrir que el relato de Génesis es verdadero, es decir, que la luna posee luz propia.

Así transcurrió el lapso al cual Dios llamó cuarto día.

El quinto día
(Génesis 1: 20-23)

“Dijo Dios: «Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en el firmamento de los cielos». Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su especie, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno. Y los bendijo Dios, diciendo: «Fructificad y multiplicaos, llenad las aguas en los mares y multiplíquense las aves en la tierra». Y fue la tarde y la mañana del quinto día. ”.

...Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en el firmamento de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su especie, y toda ave alada según su especie...”. El momento para crear la primera parte de la vida animal vino. Después de todo, el ambiente ya estaba preparado. Ya existían la luz y la obscuridad, la expansión donde los seres animados iban a moverse, el calor, el agua, la hierba para alimento, etc. Obsérvese que Dios usó las aguas como elemento base para crear los primeros seres. Esto significa que la composición de los mares posee los elementos requeridos para formar seres. Hasta este momento poco o nada se sabe cómo ese proceso puede ser realizado.

Si se toma el relato como está transcrito, entonces tres clases de animales son mencionados: los monstruos marinos, “todo ser que se mueve” y las aves, entonces significa que aquí se mencionan especies de las cuales nada se sabe. Como sucedió con la hierba, la cual fue creada en pleno normal funcionamiento, así sucedió con los animales.

A la orden divina, los animales aparecieron en pleno funcionamiento, unos en las aguas y otros en el aire. Aquí no existen depredadores ni carnívoros, todos se alimentan de hierbas.

“...Y los bendijo Dios, diciendo: «Fructificad y multiplicaos, llenad las aguas en los mares y multiplíquense las aves en la tierra»...”. Así transcurrió el quinto día.

El sexto día
(Génesis 1: 24-31)

“Luego dijo Dios: «Produzca la tierra seres vivientes según su especie: bestias, serpientes y animales de la tierra según su especie». Y fue así. E hizo Dios los animales de la tierra según su especie, ganado según su especie y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno. “Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra». Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Los bendijo Dios y les dijo: «Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla; ejerced potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y todas las bestias que se mueven sobre la tierra». Después dijo Dios: «Mirad, os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, así como todo árbol en que hay fruto y da semilla. De todo esto podréis comer. »Pero a toda bestia de la tierra, a todas las aves de los cielos y a todo lo que tiene vida y se arrastra sobre la tierra, les doy toda planta verde para comer». Y fue así. Y vio Dios todo cuanto había hecho, y era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana del sexto día.”.

El sexto día empezó, en él continuó la creación del resto de animales. Todas las especies a una aparecieron, conocidas y desconocidas. Nunca se sabrá por qué las aves y una porción de bestias fueron creadas de las aguas mientras que la otra fue creada de la tierra, ambas en días diferentes.

Tan notorio como lo es, la creación de ninguna manera habría sido completa sin la presencia del hombre. Esto es así por varias razones, una de ellas es la cualidad conque Dios lo creó, otra es la capacidad de espíritu de la cual lo dotó, y otra es la autoridad que le dio.

La creación del hombre se debió al propósito de Dios de tener sobre la tierra un ser que lo representara; para eso él, personalmente, en compañía de su Hijo, procedió a crear al hombre dándole una forma que no dio a ninguna otra criatura.

Es curioso que el relato omite mencionar la materia prima usada por Dios, pero se sabe que fue tierra por la información de Génesis 2.

El espíritu dado al hombre es único entre todos los seres terrenos. Valga aclarar que todos los seres poseen el espíritu de vida el cual es de Dios, ese es el mismo dado al hombre, con todo, las facultades no son las mismas; en el hombre posee facultades no dadas a los animales. Porque si las facultades fueran las mismas entonces los animales también habrían sido creados a semejanza de Dios, pero claramente vemos que no fue así. En los animales es el instinto el que los mueve a determinada acción. ¿Qué es el instinto? Instinto es un patrón inherente, característico de las especies, las cuales responden a determinado estímulo. El animal no piensa pero el instinto lo hace actuar. El hombre, además del instinto piensa y se determina.

Sólo al hombre le fue dada capacidad de conocer la diferencia entre el bien y el mal y de determinarse voluntariamente a cualquiera.

De esta manera puede verse que algunas facultades del espíritu humano son únicas entre los seres terrenos, por algo es que el relato de la creación dice que además de haber sido hecho a imagen de Dios, al hombre también le fue dado ser a semejanza de Él.

Aunque parezca increíble o inalcanzable a la razón humana entender, existe una verdad sobre la cual nadie piensa, y es que las facultades dadas por Dios al espíritu del hombre son únicas, ningún otro ser las posee, ni siquiera los ángeles.

Lo que ignoran los terrenos es que los ángeles poseen la imagen divina, mas no poseen la semejanza de Dios, sólo el hombre la posee. Los ángeles fueron creados para servir y obedecer. Ellos son lo que su nombre significa, es decir, mensajeros; ellos no se determinan como los hombres sino que Dios los manda y ellos obedecen, en cambio al hombre le fue dado poseer determinación voluntaria.

Ciertamente Dios creó los ángeles para manifestar su terrible poder, majestad y divinidad, por eso, en esa parte son mencionados iguales al Hijo que es su creador. Bien que sería bueno hablar más al respecto, con todo, el espacio aquí no lo permite, lo único que puede concluirse, sin detallar más, es que el hombre es la máxima creación de Dios, hecho a su imagen y semejanza.

La tercera cualidad que se le dio fue dominar al resto de seres creados sobre la tierra. No importa que muchos de ellos posean más velocidad que el humano, más fuerza, más resistencia a los golpes y a los cambios climatológicos, sobre todo eso el hombre siempre sabe cómo dominarlos.

El temor hacia el hombre desapareció cuando el pecado entró en el mundo, viniendo a suceder que el hombre tiene que arreglárselas para dominar a las bestias, pero al principio no fue así, los animales sentían la presencia del hombre ante quien fueron subordinados.

...Luego dijo Dios: «Produzca la tierra seres vivientes según su especie: bestias, serpientes y animales de la tierra según su especie». Y fue así...”. Un día después de haber sido creados los animales acuáticos y aves, viene la creación de los otros animales.

E hizo Dios los animales de la tierra según su especie, ganado según su especie y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno”. De esta manera todos los animales fueron creados, los conocidos y los no conocidos, es decir, los que hoy en día yacen extintos y los que continúan. Referente a especies vivas aún desconocidas poco a poco van siendo descubiertas.

Entonces dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y tenga potestad sobre los peces del mar, las aves de los cielos y las bestias, sobre toda la tierra y sobre todo animal que se arrastra sobre la tierra»...”.. El texto está mencionando dos Creadores: El Padre y el Hijo, porque ellos procedieron a crear un ser diferente a todo cuando antes habían hecho. De su grandioso poder surgió un ser con una figura corporal igual a la de ellos.

Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó”. Este texto requiere de explicación que, aunque es sencilla, no está por demás proporcionarla. “varón y hembra los creó” no significa que el hombre fue creado con doble género, es decir macho y hembra a la vez. Lo que sucede es que Génesis 1:26-27 es un resumen anticipado de aquello que sucedió cuando al hombre le fue dada su ayuda idónea. Recuérdese que para el escritor no cuenta el orden cronológico, para él lo importante fue reportar la formación de los seres y de las cosas.

Y vio Dios todo cuanto había hecho, y era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana del sexto día”. Otra vez se dice que la frase no se refiere a aprobación después de haber examinado lo hecho, sino que se refiere a la complacencia, a la satisfacción de su obra. Así transcurrió el sexto día.

El séptimo día
(Génesis 2:1-3)

“Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo lo que hay en ellos. El séptimo día concluyó Dios la obra que hizo, y reposó el séptimo día de todo cuanto había hecho. Entonces bendijo Dios el séptimo día y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.”.

Por fin la creación estaba terminada en todo su contenido: Lo visible y lo invisible; lo tangible y lo intangible; lo sensible y lo insensible. Los colores, el calor y el frío; el movimiento y lo estático. Lo orgánico y lo inorgánico; todo esto entre otras cosas. Todo con su forma, tamaño y peso correspondientes.

Seguramente la percepción humana usualmente es incapaz de percibir lo primoroso de cada ser, de cada cosa y lo intrincado de su estructura. Mirar sólo lo superficial de lo creado es limitarse a lo mínimo, es evitar que el espíritu perciba las cosas en el esplendor conque fueron creadas. Que si hubiera tiempo para la contemplación, entonces se entendería por qué uno dijo: “Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste...” (Salmos 8:3).

Aquello que fue diseñado en la eternidad, comenzó a ser desarrollado en la eternidad, a continuación lo desarrollado fue separado momentáneamente por un vacío, un espacio o extensión llamado cielo que, aun cuando para la capacidad humana es infinito, para el Creador no lo es.

Por supuesto que al decir que lo desarrollado fue separado momentáneamente, es porque en la mente divina está que lo creado volverá al mismo lugar donde originalmente empezó, es decir, la eternidad. Textos hay en la Escritura que lo evidencian, dos de ellos son: “Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: «Sorbida es la muerte en victoria»”. 1 Corintios 15:54. “Y oí una gran voz del cielo, que decía: «El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos serán su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios”. Apocalipsis 21:3.

No se detenga el lector a pensar cómo entender estos dos textos, más bien mírelos como una pequeña confirmación de que lo terreno será absorbido por la eternidad, porque así está prefijado.

...El séptimo día concluyó Dios la obra que hizo...”. ¿Trabajó Dios en sábado? No, no trabajó, sin embargo creó el séptimo día. Esto me es intrincado de explicar porque si lo creó significa que sí trabajó, sin embargo estoy diciendo que no trabajó. Esto nada más es cosa de poner cuidado al orden: Si Dios no hubiera creado el séptimo día seguramente este no existiría. Habiéndolo creado, lo reposó, lo santificó y lo bendijo. Así, Dios no trabajó en sábado porque el día no existía, más bien lo creó y lo reposó.

No habiendo más que hacer, el Gran Creador reposó. La palabra reposo posee un significado claro, el cual se refiere a entrar en inactividad después de un ciclo de actividades. Claro que el significado en sí no equivale a “dejar de trabajar debido a agotamiento físico”, por eso, respecto a Dios, significa que él planeó realizar su obra en un tiempo determinado después de lo cual procedió a reposar, o sea cesar su trabajo.

Ajustando el relato
(Génesis 2:4-25)

“Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados. Cuando Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, aún no había ninguna planta del campo sobre la tierra ni había nacido ninguna hierba del campo, porque Jehová Dios todavía no había hecho llover sobre la tierra ni había hombre para que labrara la tierra, sino que subía de la tierra un vapor que regaba toda la faz de la tierra. Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente. Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. E hizo Jehová Dios nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista y bueno para comer; también el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal. Salía de Edén un río para regar el huerto, y de allí se repartía en cuatro brazos. El primero se llama Pisón; es el que rodea toda la tierra de Havila, donde hay oro. El oro de aquella tierra es bueno; y hay allí también bedelio y ónice. El segundo río se llama Gihón; es el que rodea toda la tierra de Cus. El tercer río se llama Hidekel; es el que va al oriente de Asiria. El cuarto río es el Éufrates. Tomó, pues, Jehová Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo cuidara. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: «De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás». Después dijo Jehová Dios: «No es bueno que el hombre esté solo: le haré ayuda idónea para él». Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viera cómo las había de llamar; y el nombre que Adán dio a los seres vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia, a toda ave de los cielos y a todo ganado del campo; pero no se halló ayuda idónea para él. Entonces Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán y, mientras este dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar. De la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Será llamada “Mujer”, porque del hombre fue tomada». Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne. Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, pero no se avergonzaban”.

La semana quedó terminada con el reposo del Creador en el séptimo día.

Todo lo que fue escrito debió haber sido suficiente para informar acerca del origen de los cielos y la tierra; pero por causas desconocidas, el Creador quiso que algunas partes de la narración recibieran más amplitud con detalles no mencionados al principio. Yo pienso que, aunque es uno solo el relato y uno el escritor, pareciera que son dos relatos hechos por diferentes personas. Porque de haber sido así, entonces cabría la posibilidad de pensar que el segundo relato es un agregado “no oficial” lo cual es inadmisible ya que el espíritu de la narración es el mismo.

No existen bases sobre las cuales pensar que Dios tomó dos personas diferentes para escribir, ese dilema sólo compete a la Crítica.

En el recuento se omitió mencionar los días, sencillamente no hubo necesidad de mencionarlos porque el propósito fue ampliar la narración anterior donde Dios lo consideró necesario.

¿Cómo nos vino la información respecto a lo que Dios hizo siendo que su obra fue realizada en la eternidad, cuando humano alguno no existía?; porque si las cosas que se escribieron sucedieron en un lapso donde el humano todavía no existía, entonces alguien tuvo que haberlo revelado a quien escribió, ese alguien es el mismo Creador, de otra manera habría sido imposible escribir una información que nadie poseía. Dios pudo haberlo revelado directamente al escritor, o posiblemente a la primera pareja para que esta lo contara a sus descendientes hasta que apareció aquel a quien correspondió escribir. Infiriendo que el escritor se haya valido de narraciones transmitidas de padres a hijos, ¿para qué un segundo relato? ¿Acaso su compilación no habría sido una sola?

Aunque casi por lo general se da por cierto que quien escribió Génesis fue Moisés, la verdad sólo compete a Dios. También a él compete saber si el escritor compuso su narración partiendo de historias transmitidas de padres a hijos o si él se la reveló directamente. Es interesante y maravilloso que tengamos la palabra de Dios entre nosotros sin haber sido relevante que sus escritores fueran conocidos.

Por otra parte, se ignora por qué los Masoretas (si es que ellos dividieron las Escrituras en capítulos y versículos), dividieron el relato de la Creación en dos capítulos, terminando el capítulo 1 con el sexto día y empezando el capítulo 2 con el séptimo día. ¿Por qué no la semana completa en el capítulo 1?

La conclusión

Es adecuado, para repetir lo que ya ha sido relatado, empezar con la parte final tal como el escritor lo hizo.

Sin embargo, al mencionar los hechos no sigue el mismo orden que adoptó al relatar el contenido del capítulo 1; con lo cual nuevamente se demuestra que lo importante fue relatar los hechos sin poner mucha atención al orden en que sucedieron.

De allí en adelante, no sólo repitió la narración de los primeros seis días sino que la amplió.

Antes del tercer día (Génesis 2:4-6)

“Estos son los orígenes de los cielos y de la tierra cuando fueron creados. Cuando Jehová Dios hizo la tierra y los cielos. Aún no había ninguna planta del campo sobre la tierra ni había nacido ninguna hierba del campo, porque Jehová Dios todavía no había hecho llover sobre la tierra ni había hombre para que labrara la tierra, sino que subía de la tierra un vapor que regaba toda la faz de la tierra.”.

En otras palabras, “este es el relato de cómo Jehová Dios hizo que los cielos y la tierra vinieran a existir.

El escritor claramente infiere que el relato que acaba de hacer en Génesis 1 está fresco en la mente del lector, de allí es que no encuentra necesario repetirlo.

En este punto de su narración, la Tierra ya no estaba vacía porque los elementos que el Creador iba a ocupar ya estaban en ella. La Tierra estaba “desordenada”, es decir, los elementos aún no estaban colocados en el lugar definitivo que les iba a ser asignado.

A manera de recalcar aquello que he dicho al principio de este estudio, si el lector actual intenta inquirir acerca del por qué tantas cosas, que necesariamente requieren de tiempo para que sucedan o se desarrollen, simplemente aparecen mencionadas en días de veinticuatro horas, debe tener en mente que todo esto sucedió en la eternidad, donde el elemento tiempo no cuenta. Esto, aunque lo tengo en la mente, todavía me es intrincado explicar. Sí puedo decir que la Creación fue separada de la eternidad a partir del momento en que las leyes divinas fueron transgredidas, porque desde allí fue que lo que fue creado eterno pasó a ser transitorio.

Cuando Jehová Dios hizo la tierra y los cielos, aún no había ninguna planta del campo sobre la tierra ni había nacido ninguna hierba del campo, porque Jehová Dios todavía no había hecho llover sobre la tierra ni había hombre para que labrara la tierra, sino que subía de la tierra un vapor que regaba toda la faz de la tierra.”. En ese lapso aún no había razón para que la naturaleza vegetal existiera. Tampoco había razón para que el vapor, necesario para alimentar la vegetación, regara el suelo, y tampoco la había para que lloviera.

Aparentemente, el texto dice ese vapor no sólo regaba el Edén sino la tierra en su totalidad, después de todo, la vegetación no sólo fue creada para que existiera en aquel pequeño lugar.

Todavía el texto permite ir más allá al dar lugar a pensar que la lluvia tampoco era producida porque la tierra aún no estaba poblada, por lo cual regarla abundantemente por medio de la lluvia era innecesario, bastando el vapor para alimentar la vegetación.

Personalmente recompongo el relato en la manera en que me parece lógico, por lo cual digo que el vapor comenzó a subir de la tierra sólo hasta que la vegetación fue creada; después, a su debido tiempo iba a llover.

El sexto día (Génesis 2:7)

“Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en su nariz aliento de vida y fue el hombre un ser viviente”.

Génesis 1:26 informa que ambos Creadores hicieron al hombre a su imagen y semejanza, pero omite mencionar el material de que fue formado y cómo vino a ser un ser vivo y animado, aquí es mencionado.

Ambas narraciones se complementan para exponer más a fondo la creación humana.

Del polvo “rojizo” de la tierra fue tomada una porción, a ella (posiblemente) se le agregaron dos porciones de agua. A esa masa de lodo le fue dada una forma enteramente diferente a la de los otros seres vivientes. Los detalles no son mencionados por ser irrelevantes al relato. Lo principal son dos cosas: Su formación y el espíritu que le fue dado.

Ha de entenderse que este “aliento de vida”, espíritu o aire, (rúaj), no es el mismo espíritu (rúaj) que respiramos. Porque de serlo, cualquier cosa que lo posea sería un ser vivo, pero vemos que no es así. Un globo, aunque sea repleto de aire, carece de vida. Una llanta, aunque se le ponga aire suficiente nunca puede ser un ser vivo. Un animal, o un humano, media vez muerto, no vuelve a la vida soplándole aire en su nariz.

Por consiguiente, el espíritu de vida que le fue dado al hombre y a los animales es uno enteramente diferente, totalmente especial y se le llama “vida”. Ese espíritu, media vez es reclamado por el Dador, vuelve a él, nadie es capaz de retenerlo por ningún medio, bien que por eso está escrito: “Antes que el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”. Eclesiastés 12:7.

Cuando los seres mueren su carne se pulveriza, el agua vuelve a su lugar y el espíritu regresa a Dios.

El tercer día (Génesis 2:8-9)

“Jehová Dios plantó un huerto en Edén, al oriente, y puso allí al hombre que había formado. E hizo Jehová Dios nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista y bueno para comer; también el árbol de la vida en medio del huerto, y el árbol del conocimiento del bien y del mal.”..

Según esta narración el propósito de crear el huerto fue preparar un lugar para que el hombre empleara su tiempo en una faena de mantenimiento.

La narración aparentemente sugiere que el hombre fue creado antes del huerto; sin embargo, el huerto fue creado al tiempo de toda la vegetación. Nuevamente se dice que para el escritor lo importante fue escribir lo que le fue revelado; el orden en que las cosas aparecieron no contó.

Otro aspecto notorio es que fue en ese día, al tiempo en que los árboles frutales fueron creados, también los dos árboles más intrigantes fueron creados, es decir, el árbol de la vida, y el de la muerte fueron creados en ese mismo día. Llamo “árbol de la muerte” al que el registro identifica como “árbol del conocimiento del bien y del mal”.

Lo que sigue del texto, es decir, Génesis 2:10-14 es geografía cuyo propósito más que todo, fue para identificar el lugar exacto dónde es que Edén estaba.

Más acerca del sexto día (Génesis 2:15-25)

La narración concerniente al hombre, mencionada en Génesis 2:7, fue muy corta, había que agregarle más información para completarla, así, el registro vuelve a mencionarlo de la manera siguiente:

“Tomó, pues, Jehová Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo cuidara. Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: «De todo árbol del huerto podrás comer; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás».

Después dijo Jehová Dios: «No es bueno que el hombre esté solo: le haré ayuda idónea para él». Jehová Dios formó, pues, de la tierra toda bestia del campo y toda ave de los cielos, y las trajo a Adán para que viera cómo las había de llamar; y el nombre que Adán dio a los seres vivientes, ese es su nombre. Y puso Adán nombre a toda bestia, a toda ave de los cielos y a todo ganado del campo; pero no se halló ayuda idónea para él.

Entonces Jehová Dios hizo caer un sueño profundo sobre Adán y, mientras este dormía, tomó una de sus costillas y cerró la carne en su lugar.

De la costilla que Jehová Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces Adán: «¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Será llamada “Mujer”, porque del hombre fue tomada». Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán una sola carne.

Estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, pero no se avergonzaban”.

Otra vez el registro fue hecho sin orden. En esta vez la creación de la mujer es alternada con el asunto de poner nombre a todos los animales.

Posiblemente el hombre fue creado en Edén. De allí fue movido al huerto para que trabajara.

Al haberlo colocado en ese lugar, una información crítica le fue dada: “De todo árbol podrás comer, incluso del árbol de la vida; menos del árbol de la muerte, porque en el preciso momento en que de él comas, morirás”.

En cuestión de qué fue primero y qué fue después, el orden en que lo estoy colocando es el que en lo personal me parece que ocurrió; de allí es que entiendo que poner nombre a los animales vino primero, después vino la creación de la mujer.

Todo animal fue creado con su “ayuda idónea”, es decir con una pareja según su género: La girafa macho con su hembra; el hipopótamo macho con su hembra; el rinoceronte macho con su hembra. Etc.

A partir de como los llamó Adán todos los animales serían identificables.

Después vino la creación de la mujer, es decir, de la pareja del hombre según su especie, o como la Biblia lo identifica: “su ayuda idónea”.

Formada la mujer, Dios levantó de su sueño al hombre, y se la dio en carácter de complemento. Así lo entendió él por lo cual dijo “esta será llamada “mujer”. La pareja estaba completa, el hombre (Hebreo=Ish) tenía su mujer (Hebreo= Isha). Aunque el registro no lo menciona, seguramente éste se encargó de poner al día a la mujer en todo cuando se le había informado, es decir, de que él trabajaba en el jardín, de cómo los animales se llamaban y, lo más importante, acerca de las consecuencias de comer del árbol de la muerte.

¿Tantas cosas sucedieron durante el sexto día? ¿Acaso no suena eso difícil al razonamiento pensar que en un tiempo tan corto pueda realizarse tanto?

Aunque me es difícil explicarlo porque me faltan palabras, debo recordar al lector que todo esto todavía estaba ocurriendo dentro de un estado donde las veinticuatro horas dependían de la eternidad.

La separación de la Creación vino justamente en el momento de la transgresión, cuando el pecado entró en el mundo.